jueves, 28 de marzo de 2013

Lancia Astura (1935)


Divagando con el Cabo, intercambiando opiniones sobre el precio de una 504 break y de un Renault 12, llegó la duda si eran buenos los coleccionables o no. Teníamos la duda si tener una colección, por ejemplo de Altaya era bueno, o simplemente era la masificación de una miniatura. Por las dudas, para que nadie se enoje con este modelo, el Lancia Astura de 1935 no es de Altaya

Yo pienso, que hablando en términos generales es muy bueno. El hobbie, en los últimos años, por estas regiones ha crecido muchísimo, gracias a los coleccionables. Para el gran coleccionista, es la posibilidad de incorporar algún modelo, que quizás de otra manera, por falta de interés en esa pieza, no la compraría. El pequeño hobbista, va a tener la oportunidad de ampliar su pequeña colección, con modelos que no son de la mejor producción, pero que tienen una relación precio calidad excelente. También, puede ser el inicio al coleccionismo, para el que nunca tuvo una miniatura. Y para el acaparador, es una de las mejores noticias.

Del lado opuesto, llegamos a la conclusión, que el defecto más importante de esta modalidad, más allá de la calidad de la pieza, es el riesgo de crear coleccionistas en serie, todos con las mismas colecciones. Es decir, puede suceder que la mayoría de los coleccionistas, compartan la mayoría de los modelos. Si se reunieran, habría tantos Peugueot 404 Taxi como hobbistas.

Estos nuevos coleccionistas, también corren con el peligro, de no ser aceptados por algunos viejos coleccionistas. Digamos que en una sociedad, donde siempre se trata de sobresalir con la mejor zapatilla, o el último celular, si sale un auto de manera popular, el egoísmo humano va a dictar, que se le debe despreciar a favor de uno que resulta 2 veces mejor, pero que sale 10 veces más caro. Hay que entender, que el factor económico, no puede definir la calidad de una colección. Ya lo dijimos, la colección ideal no existe. Y si existe, está en cada uno de nuestros hogares.

También, el efecto alcanza a los comercios. En un principio, cuando el coleccionable está en los kioscos, tienen una gran desventaja económica ante dicha competencia. Pero una vez que termina la colección, muchos de estos negocios, tienen el auto de Altaya en su vidriera al triple del precio. Y no solo es que los venden, sino que también se pueden de hacer de un cliente, que vuelve. Y vuelve. Y seguimos volviendo…
 
En lo personal, yo no tengo ningún problema con estas ediciones. Ha permitido que mi colección haya crecido, con algunos modelos que desconocía, a un costo muy inferior al que me hubiese salido en una casa especializada. Y el impulso que tuvo mi colección, no se detuvo en cada pieza, sino que llegó a la creación de este blog, que hoy me permite, aunque sea de manera virtual, estar con ustedes. Espero leer sus opiniones.
 
Un poco de cultura: cuando Lancia se fijó en las letras que le quedaban del alfabeto griego para denominar a sus autos, pensó que ninguno de ellos era digno para sus nuevos autos. De ahí surgió la idea de emplear nombres romanos o latinos. Astura, es un río de España, hoy llamado Esla, pero es más factible que lo haya tomado de un corto río homónimo en Italia, cerca de los Montes Albanos, que desemboca en una pequeña isla también llamada Astura, famosa por la torre medieval que lleva el mismo nombre.
 
Este modelo se construyó entre 1931 y 1939, y constó de cuatro generaciones. La primera de solo 496 piezas hasta 1932. La segunda hasta 1933 produjo 750 automóviles, la tercera y más exitosa, se prolongó hasta 1937 con más de 1200 unidades, y la última interrumpida por el conflicto bélico apenas pudo hacer un poco más de 400 vehículos. Se ofreció a lo largo de su producción, con dos posibilidades de motorización. Un 2600 cc de 72 CV y un 3 litros de 82 CV, que gracias al poco peso del Astura, servían para alcanzar los 125 km/h, ambos V8.

Su potencia, le permitió obtener importantes logros deportivos para la época, como el uno dos de 1934, en la clásica Giro de Italia. Pero sus líneas, hechas por los carroceros de la época, junto a los lujosos interiores que adornaban al más grande Lancia de Preguerra, hicieron, que también fuera el favorito de los políticos de turno. Mussolini, en su Astura descapotable, carrozado por Boneschi, se paseaba por Italia saludando a su pueblo como se puede ver en el video.

Esta versión carrozada por Pininfarina se la denomina, Lancia Astura Coupe Gran Lusso y pertenece al fabricante Grani & Partners para un coleccionable italiano de la editorial DeAgostini….

Saludos, Felices Pascuas para ustedes y si es coleccionable, que sea rock.

jueves, 21 de marzo de 2013

Ford Starliner (1960)


Para la función de Diecast Central de este mes, el tema elegido era un auto personalizado. Dispuesto así, no habría mayores problemas. Solo hay que ir a la repisa que tiene uno, y buscar algún auto personalizado. Claro, el pequeño dilema es que no tengo ninguno. Tal vez sea porque no me gustan, aunque también puede ser, porque no hay muchos modelos en nuestra escala 1:43, que presenten estas personalizaciones. Entonces opté por cambiar de escala, para presentarles mi Ford Starliner de 1960.
 
¿Por qué no me gustan los autos personalizados? Porque son feos. No hay que darle tantas vueltas al problema. Son autos feos y punto. Pero el problema no es el auto en si. El problema es el mal gusto del propietario. Uno ve autos diminutos, con alerones de groseras dimensiones con forma de manija de chango de supermercado, sobre sus espaldas y no puede creer que el dueño se sienta orgulloso. Lo lucen como diciendo “Mi auto ahora va 100 km/h más rápido, gracias al nuevo alerón” Que alguien les explique que los autos fueron modelados por diseñadores.

Que lindos que quedan bajitos los autos!!!! Si, quedan hermosos en una foto, pero en el tránsito de una ciudad con pozos, quedan horribles. Uno los ve con todos esos baberos dañados, que no duran más de 5 cuadras, y no entiende porque lo siguen haciendo. Y lo peor es que los bajan en el taller del barrio, no cambiando toda la amortiguación como Dios manda. Lo hacen de la manera más bruta, cortándole una o dos vueltas a los espirales y listo. Que alguien les explique que los autos fueron hechos por ingenieros.
 
No es que no acepto ninguna modificación, pero me gustan cuando son hechas con buen gusto y sin llegar a ser extremas. Algunos ejemplos se pueden ver en el programa Overhaulin, donde a veces hacen solo modificaciones muy pequeñas. Por ejemplo en la pintura, en muchos casos usan dos colores como el de este modelo, pero nunca usan flamas gigantes de dudosos tonos sobre los costados. De la sobriedad a la grasada hay solo un paso.

Los interiores son otro tema. ¿Quien me puede decir que un tapizado de peluche es mejor que uno de cuero? Lo mismo con las alfombras de colores “chillones”. Azules y rojos brillantes a tono con el auto. Mentira, están a tono con el feo gusto del propietario de la bella máquina caída en desgracia que seguro debe usar una camisa estampada, toda abierta, con una pulsera de oro. Así como existen los Derechos Humanos, habría que impulsar los Derechos Automotrices y salvaguardar a todos los vehículos que caen en manos de gente sin gusto.
 
¿Qué decir del motor? Lo primero que hacen, si el auto es medianamente moderno, “chipearlo”. Así de bruto, sin saber lo que hacen, al pobre motor ya lo empiezan a exigir. Si el modelo es viejo, tampoco la pasa mejor. Le cambian el carburador por uno de dos o cuatro bocas, le cruzan las levas y de ahí a las picadas. Claro, no tienen la más mínima idea, que si uno potencia un motor, hay varias cosas para cambiar. El embrague ordinario le dura unos 10.000 km. La solución que encuentran es ponerle uno de competición, terriblemente duro, que solo sirve para destruir la caja.

Y podemos seguir enunciando, como por ejemplo cuando le agregan luces en los bajos, o les ponen leds en las luces delanteras. Un asco, acorde a la música. Porque después, el orgulloso propietario, se encarga de cambiarle el estereo a cambio de una millonada de pesos. Claro que una vez colocado se da cuenta que los parlantes originales no “tiran” lo suficiente, y el interior del auto, se convierte en un boliche, con 10 parlantes, 4 tweeters y un “cañon”. Obviamente que después se dio cuenta que debía gastar sus últimos ahorros en una potencia, que sale más cara que el auto. Y todo eso, para ir a 2 km/h, con el brazo apoyado en la ventanilla, escuchando reggeton, sintiéndose el más lindo del barrio.

Como verán, tengo varias razones para que no me gusten los autos personalizados. Este Starliner llegó en forma de regalo, y admito que su exterior no es tan malo como su interior. Las llantas, los vidrios polarizados o bajar el auto apenas 5 centímetros, son detalles que mi gusto puede llegar a tolerar.

Este tipo de personalización, se la denomina Lowrider, y pueden ver un poco de que se trata, en la entrada de Chevrolet Malibu de 1965. Como anécdota, les cuento que es el auto más visitado de mi blog. No hay dudas que los personalizadores son mayoría.

La réplica de las fotos, corresponde a la serie Pro Rodz de Maisto en escala 1:26. En el video hay un Starliner, que aunque es de 1960, estoy seguro que lo van a ver en detalle.

Saludos, buena semana y no dejen de ver a la hermanita 

viernes, 15 de marzo de 2013

Fiat 600 Múltipla (1965)


Como todos sabemos, hay autos más fáciles de manejar que otros. Y esa facilidad está dada por las medidas. A más pesado y más grande, más dificultoso se hace el manejo. Debe ser, porque el automóvil no deja de ser una máquina, y para su conducción es necesario un poco de fuerza. Por eso, a una persona que no tiene dificultades con las medidas, no se le hace tan engorroso manejar, en cambio una persona, digamos por ejemplo, pequeña sin mucha fuerza, como decirlo… por ejemplo a una mujer se le hace muy difícil conducir. Para ellas, nada mejor que el Fiat 600 Múltipla de 1965. Pequeñito y liviano.

No es que quiero decir que las mujeres manejan mal. No, para nada. Lo que digo, es que no tienen tanto feeling con una máquina como lo podemos tener los hombres. Ya desde el momento en que no saben si tienen que ponerle nafta súper o diesel, es preocupante. Es como cuando nosotros confundimos la margarina con la manteca. Para nosotros es lo mismo, pero el resultado de tal error puede ser desastroso. Lo mismo le sucede al auto, cuando ellas llenan el tanque de nuestro deportivo con euro diesel.

O cuando después de transitar no más de cien metros, el vehículo ya va en quinta marcha. No importa si le hicieron patinar el embrague al punto de hacernos sufrir, lo que digo es que muchas veces se acostumbran a que el auto no pase las 1000 RPM. De acuerdo, nosotros lo llevamos en primera de semáforo a semáforo, pero eso no les da derecho a carbonizar nuestro autito. Es hora que lo sepan, eso nos duele.

Hay algo importante que todo conductor debe tener, es el sentido de orientación. No puede ser que lleguen a la esquina, se den cuentan que era ahí donde debían doblar, y lo hagan sin importar si atrás suyo iba un carro de bomberos con las sirenas a todo grito. Lo mismo cuando van de copiloto. Uno va andando y de golpe oye un grito: “Acá!!!!” sin importar si íbamos por una autopista a 120 km/h. Acto seguido te preguntan: “¿Por qué no doblaste?”. Y en ese momento uno debe hacer memoria de que porque las eligió para toda la vida.

No voy a ser un extremista en decir que no deben conducir. No, para nada. Lo que digo es que ya que el tránsito es un caos gracias a nosotros, aporten una cuota de atención. No puede ser que la señorita que iba adelante mío, choque al auto que lo precedía, por ver las ofertas de la zapatería. Juro que fue así. Me quedé mirando, me reí y la señorita al bajar me vio y por lo menos lo tomó con humor y también se reía. Al que no le gustó el chiste, fue al conductor del automóvil que perdió su baúl…

Otra anécdota: estaba parado en un semáforo, en una subida. El auto que me precedía, conducido por una señorita, se empieza a ir para atrás. Yo observaba, con cierta desconfianza, puesto que veía como su auto se me venía acercando. Por temor a que me choque, comencé a hacerle luces, pero el auto seguía acercándose peligrosamente, mientras que yo insistía con las luces. Cuando la distancia era por demás pequeña, opté por unos sutiles bocinazos, que no impidieron que su auto choque al mío. Acto seguido, la señorita se asoma por su ventanilla y me grita: “¿Qué querés? ¿No ves que está el semáforo en rojo?”. En conclusión, nunca se dio cuenta que su auto fue el que se movió…

Por eso, que mejor que para minimizar los riesgos ofrecerles este pequeño automóvil. Todo un clásico, nacido del conocido 600, este Múltipla puede ser considerado el primer monovolumen. En poco más de tres metros y medio podía trasladar a 6 personas. De acuerdo no de la manera más segura y cómoda. Por ejemplo el conductor llevaba entre sus piernas la barra de dirección que estaba en posición vertical, entre el embrague y el freno. El acompañante no la pasaba mejor, puesto que sus piernas iban por delante de la rueda de auxilio y la bolsa de herramientas.

Si bien estéticamente hablando, no ha sido un prodigio, su diseño frontal con la cola alargada, no solo era motivo de burlas, sino que también era tratado como un “patito feo”, que con el tiempo se convirtió en un clásico. Y aunque en el momento no se sabía, sirvió como base para muchos futuros automóviles.

La miniatura es un taxi de Milán, correspondiente al fascículo 31 de la colección “Taxis del Mundo”, editorial Altaya, edición Argentina. Si quieren verlo en detalle, mejor vean el video.

Saludos y esta semana con más Argentinidad al palo que nunca!!!!!

viernes, 8 de marzo de 2013

Porsche 924 Turbo (1978)


Por lo general, los que gustan de los autos, nunca reciben de buena manera los cambios de la industria. No porque las renovaciones sean malas, sino porque simplemente, es un fanático. Digamos que es un “talibán” del automóvil y que nunca va a aceptar por ejemplo una Ferrari eléctrica, un GAZ de super lujo o un Rolls Royce pick up. Las personas no son propensas a los cambios, y si uno se obsesiona con una idea, es muy difícil abandonarla. Imaginen que sucedió cuando se presentó el Porsche 924 Turbo de 1978.

Yo creo que lo mismo sucede a los coleccionistas. Supongamos que el día de mañana todas las réplicas vienen todas con puertas, capot y baúl que se abren. ¿Todos los aceptarían? Deberían estar perfectas para agregarlas en nuestras vitrinas. No quiero pensar que el día de mañana, por cuestiones ecológicas, por ejemplo no se puedan hacer más ruedas de caucho. Aunque se utilice un mejor material, muchos de nosotros vamos a extrañar las actuales ruedas de goma.

Los paradigmas, son reglas formales que una organización respeta. No se sabe bien porque se las respeta, ya que muchos de nosotros no cuestionamos estas teorías y solo las cumplimos. La mayoría de nosotros optó por la escala 1:43, pero no se, si alguien sabe porque es 43 y no 44, 45 o 40. Simplemente está ahí y la elegimos porque es la escala que mejor se adapta a nuestras necesidades. Otro ejemplo: imaginen que dentro de esta comunidad surja una mujer coleccionista… Yo creo que la mayoría, más siendo hoy su día, la aceptaría. Pero también muchos de nosotros nos preguntaríamos que hace coleccionando autitos.

Pero ahora sigamos con la historia de Porsche, que le sucedió algo parecido con este modelo. El último vehículo que habíamos visto, fue el 930 Turbo de 1974. El 924 nació como proyecto para Volkswagen, que buscaba un deportivo con el cual reemplazar al 914, que habían preparado en conjunto. Cuando el diseño estuvo concluido y se presentó en la planta de Wolfsburg, la dirección de Volkswagen había sufrido varios cambios. Las nuevas autoridades, no recibieron de buena manera, la idea de producir un deportivo, teniendo como auto insignia el escarabajo. Presentían que iban a ser dos modelos antagónicos, que no podían convivir en una misma marca.

Equivocados o no, el proyecto quedó abandonado en un rincón, hasta que la propia Porsche decidió resucitarlo. Así como estaba armado, la primera y gran controversia, fue la posición del motor. Nunca se había construido un automóvil con motor delantero, y esta nueva disposición no era bien recibida por sus más fervientes clientes. La razón de este cambio, más allá de que el auto fue concebido bajo las indicaciones de VW, era que en EE.UU. donde se iba a comercializar en mayor medida este modelo, entraban en vigencia nuevas normas más severas, para los test de choques, que eran muy difíciles de superar para los autos de motor trasero.

Pero siguiendo con el motor, ahí no terminaban las controversias. La planta impulsora era de 2 litros de cilindrada de marca Audi, que entregaba unos modestos 125 CV con una caja de cambio de 4 marchas, que originó todo tipo de quejas de parte de sus clientes, ya que apenas acariciaba los 200 km/h. A esto hay que sumarle que era el primer motor utilizado por Porsche con refrigeración por agua, algo que nunca había usado la marca alemana, dejando de lado una tradición que se remontaba a sus inicios.

A pesar que los puristas lo tratasen como una herejía, en el exterior donde no había una tradición Porschista, las ventas no eran malas. Para mantener el volumen de producción, con los años se fueron haciendo distintas mejoras. Las primeras que sufrió el modelo, fue la instalación de una caja de cambio de 5 marchas y de una versión con caja automática para Norteamérica. En 1978, tres años después de su lanzamiento y cuando las ventas empezaban a disminuir se presentó la versión Turbo.
 
El nuevo modelo del “Porsche económico” ahora entregaba 170 CV, potencia más acorde a lo esperado por sus clientes. Exteriormente, la versión Turbo, se la podía distinguir por las cuatro tomas de aire sobre el paragolpe y una quinta sobre el capot. En definitiva, se vendieron más de 100.000 unidades de este modelo que estuvo en producción hasta 1982. Tranquilamente se puede decir, que derribó cualquier paradigma. El próximo modelo va a ser el Porsche 928.

Las fotos pertenecen a la réplica correspondiente al fascículo número 28 de la Colección Porsche de la editorial Planeta DeAgostini. En el video lo pueden disfrutar mucho mejor.

Buen fin de semana y recuerden que es un largo camino a la cima

lunes, 4 de marzo de 2013

Ford Anglia (1963)


Hay veces, que a sabiendas de que un automóvil es estéticamente errado, la réplica igualmente me gusta. Y no pasa porque es un recuerdo de un auto de la familia o es el modelito donde nos dimos esos arrumacos con aquella señorita. Sin ni siquiera haberlo conducido o tal vez, ni haberlo visto en directo, cuando veo la miniatura me encanta. Tal vez las réplicas nos caen más simpáticas que el modelo original o no transmiten todos los defectos como deberían, pero cualquiera sea la razón, este Ford Anglia de 1963 me gusta.

En la actualidad, hay modelos que uno detesta de solo de ver la publicidad en una revista. Por ejemplo, el Chery QQ. Que me perdone si alguien lo tiene, pero para mi gusto es feo. Ya desde el nombre, que me hace acordar a un reloj cucu, no me gusta. Chiquito en extremo y algunos con colores llamativos, como si el dueño quisiera que lo vean conduciendo eso. No dudo, que el consumo debe ser ínfimo, que no le faltan comodidades, que no tiene problemas de estacionamiento, es económico y más seguro que otros autos. Pero entiendan, que para mi gusto es feo.

Y no es que el tamaño influye, porque puedo poner de ejemplo otro modelo que no me gusta y es muy grande. El Ssangyong Actyon, me parece de muy mal gusto. Esa trompa me hace acordar a los tranvías que se ven en las fotos blanco y negro, de las revistas de la década del 40. Y la parte trasera muy alta, con focos demasiado pequeños para la dimensión del vehículo. En el interior no debe faltar nada, debe venir hasta con azafata, y debe ser más seguro chocar en este auto, que quedarse durmiendo en casa. Pero gustos son gustos, y a mí no me agrada para nada.

Pero en el mundo de las miniaturas, las cosas cambian. Un auto en tamaño real puede ser feo, pero a escala se convierte en una joyita. De sapo pasa a ser príncipe, en lo que tardamos de sacarlo de la caja y ponerlo en la vitrina. Por ejemplo, y se que me gano varios enemigos entre ellos al Gaucho, el 2 CV no me pareció nunca un auto agraciado, hablando estéticamente. Sin embargo, las miniaturas son perfectas y uno no se cansa de seguir agregándolas a la colección. Es como imposible tener uno solo. Adictivo el 2 CV a escala, aunque cuando lo veo en la calle no me agrada para nada.

Con este auto me pasa lo mismo. Que me perdone Harry Potter, pero el Ford Anglia, en vivo y en directo, es un auto que mi cerebro rápidamente lo manda a la bandeja de “Autos no deseados”. Mas allá de sus dimensiones, el muy original parante trasero en “Zeta”, no le da una sensación de dinamismo que contagie emoción. Al contrario, lo hace parecer el auto ideal para ir al mercado y no para andar cientos de kilómetros. Sin embargo, admito que su originalidad, es un punto a favor para el diseño.

Otro punto que no me termina de cerrar es la trompa. Uno se acostumbra a la agresividad de las mismas. Por ejemplo, en la actualidad, es común ver en la noche, varios automóviles que con las luces encendidas, parecen vernos enojados, intimidándonos a corrernos, por miedo a ser aplastados. El Anglia, más allá de esa boca con reminiscencias acuáticas, parece estar triste o en el mejor de los casos parece cansado. Como que no me invita a pasear en él.

Pero a pesar de esas formas, la miniatura es una de la que más me gusta. Puede ser por lo original del modelo, que se destaca cuando lo veo al lado de otras miniaturas más comunes. Por lo general, cualquiera que ve la vitrina con las miniaturas, se detiene en esta réplica. Sus formas llaman la atención, y no disgusta para nada como me sucede con el modelo en tamaño real. Será una ilusión óptica o un defecto de coleccionista, pero lo bueno es que muchos autos dejan de ser el Patito Feo para convertirse en rareza.

EL original de este auto corrió el rally de Montecarlo de 1963 en manos del francés Jean Vinatier. En aquellos años las carreras eran muy distintas a la actualidad. Los 302 participantes partieron desde distintos rumbos como: Estocolmo, París, Glasgow, Lisboa, Frankfurt, Varsovia, Atenas y Montecarlo. Y había distintas penalidades de acuerdo al motor, para hacer más pareja la competencia. Vinatier partió desde Estocolmo y tuvo la fortuna de finalizar la prueba, aunque en un lejano puesto 47.

No muchos tuvieron la suerte de llegar. Por ejemplo de los que partieron de Atenas, no llegó ninguno, ya que una tormenta de nieve inutilizó los caminos y nadie llegó a la meta. Lo mismo para los que lo hicieron desde Lisboa por las lluvias, y de Frankfurt llegaron solo 3 participantes que se desviaron del camino. Había en juego una “Copa de Damas” que fue ganada por las suecas Ewy Rosqvist y Ursula Wirth con un Mercedes 220 (16° en la General). Estas señoritas eran muy conocidas en la Argentina, ya que el año anterior se habían adjudicado el Gran Premio de Turismo Standard con el mismo Mercedes. Y en 1963 iban a salir terceras en la misma prueba argentina.

Les dejo las fotos de la réplica, perteneciente a la colección Rallye Montecarlo, editorial Altaya. Para que disfruten, tienen un video imperdible de la época y aquí hay otro video muy corto con la carrera. Valen la pena.

Buena semana y disfruten de este auto para ir a la granja.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

El Tiempo en mi Ciudad