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jueves, 27 de agosto de 2026

Alfa Romeo 33 TT3 (1972)

Las 24 Horas de Le Mans de 1972 se caracterizaron por un gran cambio de reglamento. Los motores de 5 litros hacían posible que máquinas como los Porsches 917 y Ferraris 512 a lo largo de los 6 km de Mulsanne, alcancen los 385 km/h. La Grand Prix Drivers' Association (GPDA) cuyo presidente entre 1963 y 1971 fue Joakim Bonnier, era una fuerza combativa que luchaba por reformas en la seguridad de los pilotos. Por ejemplo, se comenzó con la instalación de guardarraíles dobles, se crearon zonas de escape obligatorias, fue obligatoria la separación de la calle de boxes, se establecieron inspecciones obligatorias de la FIA, se estipuló que los circuitos debían someterse a revisiones técnicas previas y cumplir con normativas estrictas de ancho, superficie y gradiente para ser homologados.

Para conseguir estas medidas se hicieron boicots históricos como arma política: el Gran Premio de Bélgica en Spa-Francorchamps (1969) y el Nürburgring en Alemania (1970) hasta que se realizaran las obras exigidas. También se estableció el equipamiento del Piloto y Protocolos de Carrera. Además del entorno, se introdujeron cambios para la supervivencia dentro de la cabina de los monoplazas como la estandarización de cascos y vestimenta. Aunque los cascos ya eran obligatorios desde 1963, bajo su presidencia se comenzó a exigir que estuvieran certificados, se introdujeron las viseras inastillables y se recomendaron las primeras prendas y monos de tela ignífuga para protegerse de los incendios. Se impulsaron las recomendaciones de uso de cinturones de seguridad fijos en los cockpits, evolucionando paulatinamente hacia los arneses de seis puntos de sujeción que se estandarizarían a inicios de los 70.

Y siguiendo con las medidas de seguridad, se estableció por primera vez un tiempo máximo de evacuación. La reglamentación indicaba que el habitáculo de los autos debía diseñarse de forma que el piloto pudiera liberar el volante, desabrocharse y salir por su cuenta en un tiempo máximo de 5 segundos en caso de emergencia o fuego. Y todos estos cambios también alcanzaron al personal de pista, ya que se definieron por primera vez de forma específica los equipos, deberes y señales que debían portar los banderilleros y el personal médico durante la supervisión de una carrera. Y ante tantas medidas de seguridad, era evidente que había que bajar la velocidad de los automóviles, porque si no, ninguna de ellas tenía razón de ser.

Por todo eso, el reglamento de Le Mans cambió radicalmente para 1972 debido a una decisión de la Comisión Deportiva Internacional para frenar las velocidades extremas y priorizar la seguridad, además de buscar una unificación de motores con la Fórmula 1. Se fijó el fin de la era de los Sport de 5 litros y se decretó que a partir de ese año la categoría máxima del Campeonato Mundial de Resistencia serían los "Prototipos Deportivos", limitados estrictamente a una cilindrada máxima de 3.0 litros, igual que la Fórmula 1 del momento. Esto dejó obsoletos y fuera de competencia a los autos de 5 litros que habían dominado los años anteriores, a la vez que la FIA esperaba, que marcas como Cosworth, Ferrari, Matra y Alfa Romeo, pudieran adaptar fácilmente sus propulsores a los autos de resistencia. Esto abarataba costos de desarrollo y generaba un campeonato más reñido con tecnología de punta derivada de los Grandes Premios.

Esta drástica regulación provocó la inmediata ausencia de las escuderías oficiales de Porsche y Ferrari, alterando por completo el panorama competitivo habitual. El escenario quedaba entonces totalmente despejado para un renovado duelo entre dos marcas francesas e italianas, que veían la oportunidad de alzarse con la ansiada victoria. El equipo Matra-Simca llegó a la mítica cita francesa con el cartel de favorito absoluto ante su público. La firma local desplegó un impresionante arsenal técnico compuesto por cuatro avanzados modelos MS670 propulsados por potentes motores de doce cilindros. Estos deportivos emitían un aullido ensordecedor y característico que electrizaba las extensas tribunas cargadas de fanáticos franceses. Frente al masivo despliegue galo, la escudería italiana Autodelta asumió la gran responsabilidad de defender el honor del automovilismo italiano clásico, con un equipo muy bien preparado y pilotos de enorme talento internacional, prometían plantar cara seriamente al dominante poderío de Francia en Le Mans.

La carrera comenzó bajo una intensa tensión ya que las predicciones meteorológicas no eran las mejores para la prueba y para la concentración de los pilotos. Desde el banderazo de salida, los bólidos franceses impusieron un ritmo vertiginoso que amenazaba con destrozar a toda la competencia. Pero en la segunda vuelta el Matra-Simca MS670 Nº 12 de Jean-Pierre Beltoise y Chris Amon, rompe su motor V12 saliendo de la chicane Ford, convirtiéndose de manera dramática en el primer abandono de toda la carrera, desatando el pánico en los boxes franceses. Sin embargo, esto no impidió que la famosa e interminable recta de Les Hunaudières se convirtiera en el escenario ideal para alcanzar velocidades verdaderamente escalofriantes bajo la lluvia.

Los golpes de escena tempraneros no se detienen: en la vuelta 7, el Ligier JS2 motorizado por un Maserati V6, piloteado por el propio Guy Ligier y Jean-François deben retirarse al romper la planta impulsora. En la vuelta 11, el Porsche 908/02 de la pareja Walter Roser y Otto Stuppacher, sufre un aparatoso accidente que provoca el abandono de la dupla austríaca. Para medianoche, los abandonos en la máxima categoría suman al número 76 correspondiente al Porsche 908/02K de Jean-Claude Lagniez y Raymond Touroul quienes se quedan sin combustible, imposibilitados de llegar a boxes. Y para el mismo momento, el Lola T280 número 7 de Hughes de Fierlandt y Gérard Larrousse claudica cuando su transmisión dice basta.

Así también suceden los abandonos de los Ligier JS2 número 56 de Claude Laurent, Martial Delalande y Jacques Marché, y el número 22 de Jacques Laffite y Pierre Maublanc, ambos por problemas en el motor y el número 65 correspondiente al Porsche 910 de Louis Cosson y Jean-Louis Ravenel por fallas en la transmisión. Pero lo peor iba a suceder a las 8:30 de la mañana, cuando el Lola T280-Cosworth nº 7 de la escudería Ecurie Bonnier, piloteado por su propietario Joakim Bonnier, al transitar por el tramo de alta velocidad que conecta la recta de Mulsanne con la chicana previa a la curva Indianapolis, alcanzó a un auto significativamente más lento: el Ferrari 365 GTB/4 Daytona de la Scuderia Filipinetti, manejado por el piloto amateur suizo Florian Vetsc.

Al intentar efectuar el sobrepaso a unos 240 km/h por la línea interna de la curva, el Lola y el Ferrari hicieron contacto. El impacto envió al Ferrari de Vetsch a chocar en reversa directamente contra las defensas del lado izquierdo. El tanque de combustible del auto italiano se rompió, lo que causó que el vehículo estallara en llamas de inmediato. Debido al diseño de cuña del prototipo Lola a la velocidad del impacto, el auto de Bonnier se catapultó por los aires. El vehículo se adentró en el espeso bosque de pinos contiguo a la pista, desintegrándose por completo a lo largo de un sendero de casi 200 metros, debido a los impactos sucesivos contra los árboles. Jo Bonnier, que tanto había luchado por las medidas de seguridad, falleció en el acto producto de las severas lesiones sufridas en el impacto.

Detrás de ellos, venía el Alfa Romeo 33 TT3 número 17 de la dupla Helmut Marko y el inglés Vic Elford, quien manejaba en ese momento. Al llegar a la curva de Maison Blanche, se encuentra con la bola de fuego, que era la Ferrari 365 GTB/4 Daytona Nº 35 del suizo Florian Vetsch. El piloto inglés no dudo en ningún momento y a pesar de estar en plena competencia, detuvo su marcha y corrió al auto italiano que era consumido por las llamas. Aunque Veetsch ya había logrado bajar, debido a su acto, el Gobierno francés le otorgó la Orden nacional del Mérito. El Alfa Romeo siguió en carrera, pero una hora después debió abandonar por problemas en la transmisión.

A pesar de la tragedia, la carrera siguió su curso. Y los abandonos también. El Porsche 908/02K número 6 de Hans-Dieter Weigel y Helmuth Krause sufrió un fuera de pista, el número 19 correspondiente al Alfa Romeo Tipo 33TT3 de Rolf Stommelen y Giovanni 'Nanni' Galli por fallas en la transmisión. Le Mans se mostraba implacable y la lluvia apareció 3 horas antes de la finalización. El Porsche 908/03 núemro 5 de los españoles Juan Fernández, Francesco Torredemer y Eugenio Baturone hizo aquaplaning y terminó afuera. Y cuando los bólidos franceses se mostraban sólidos, llegó la sorpresa con el Matra número 16 de Jean-Pierre Jabouille y David Hobbs dejaban la competencia con la transmisión estropeada.        

Finalmente, luego de 24 horas dramáticas el Matra Simca MS670 número 15 de Henri Pescarolo y Graham Hill, cruzaron la línea victoriosos, aventajando por 11 vueltas a sus compañeros de equipo François Cevert y Howden Ganley, formando un glorioso 1-2 para la escuadra francesa. El podio lo completó el Porsche 908 LH Reinhold Joest, Michel Weber y Mario Casoni, quienes supieron mantenerse al margen de los errores y rescatar un merecido tercer puesto. El único Alfa Romeo sobreviviente fue el número 18       de los italianos Nino Vaccarella y Andrea de Adamich quines llegaron en el cuarto puesto. Finalmente, la edición de 1972 de la mítica carrera francesa dejó dos hitos para la historia. Graham Hill se convirtió en el único piloto en alcanzar la Triple Corona del automovilismo y el adiós a un piloto excepcional como Joakim Bonnier.

 

La miniatura es 1/43, confeccionada por IXO para el coleccionable: Alfa Romeo Una Storia Italiana

martes, 23 de junio de 2026

Pontiac Firebird Trans Am (1982)

Industrias Knight comenzó como un gran sueño del millonario Wilton Knight. Este hombre tenía mucha fortuna gracias a sus inventos científicos y negocios tecnológicos. Él veía que el mundo sufría por culpa de criminales muy poderosos que la policía común no podía detener. Por eso decidió usar todo su dinero y conocimiento para fundar una corporación única en el mundo entero. Su meta principal era crear herramientas muy avanzadas para defender a las personas buenas y honestas. La empresa unió a los mejores científicos, ingenieros y expertos en computación de la época. Todos trabajaban en secreto dentro de enormes laboratorios privados con la tecnología más moderna del planeta.

Para canalizar todos sus esfuerzos de justicia la empresa fundó una organización muy especial. Se llamó la Fundación para la Ley y el Orden y funcionaba de forma independiente al gobierno. Esta alianza civil permitía actuar rápido sin tener que esperar por trámites burocráticos lentos de la policía estatal. Industrias Knight era el motor financiero y el cerebro técnico que daba soporte a esta organización humanitaria. Wilton Knight sabía que para ganar la dura batalla contra el crimen necesitaba un agente humano único y especial. También requería un arma tecnológica que fuera capaz de sorprender al mundo entero y cambiar el destino de la sociedad.

El destino de la compañía cambió para siempre cuando rescataron a un policía que estaba casi muerto. Su nombre original era Michael Long, pero la fundación le dio una nueva identidad y una nueva cara. Desde ese momento se llamó Michael Knight y se convirtió en el brazo ejecutor de la visión de Wilton. El anciano magnate murió poco después de este rescate, pero dejó un legado muy claro para el futuro. Michael juró continuar con la sagrada misión de combatir a los criminales que operan por encima de la ley tradicional. Para cumplir este peligroso trabajo la corporación le entregó la herramienta más avanzada jamás construida.

Esa increíble herramienta tecnológica fue el Knight Industries Two Thousand conocido por todos simplemente como el auto K.I.T.T. Este vehículo no era un coche normal sino una máquina inteligente con una computadora central muy avanzada. Los científicos de la empresa lograron desarrollar una verdadera inteligencia artificial que podía comunicarse con voz humana real. El vehículo tenía la capacidad de pensar por sí mismo, aprender de sus errores y tomar decisiones en segundos. Además, poseía una personalidad muy educada, irónica y un fuerte sentido de la justicia. Se convirtió en el compañero perfecto y el protector constante para el valiente Michael Knight.

La estructura física del coche inteligente era otra maravilla de la ingeniería de Industrias Knight. Estaba fabricado con una sustancia molecular secreta que lo volvía completamente indestructible ante cualquier ataque común. Las balas rebotaban en su carrocería negra y las explosiones no le causaban ningún rasguño ni daño interno. El automóvil también estaba equipado con el famoso sistema Turbo Boost para saltar por el aire grandes obstáculos. Tenía un escáner óptico de color rojo en el frente que le permitía ver en la oscuridad profunda. También podía hackear sistemas informáticos criminales a distancia y conducir de forma autónoma sin un piloto.

La base científica de la corporación estaba liderada por dos personas muy importantes en la historia diaria. Devon Miles era el director de la fundación y el amigo más cercano del fallecido Wilton Knight. Él se encargaba de coordinar las misiones peligrosas y mantener el orden administrativo de toda la empresa. Por otro lado, estaba la brillante ingeniera Bonnie Barstow encargada del mantenimiento técnico del coche inteligente. Ella programaba las actualizaciones de la computadora de K.I.T.T. y reparaba los daños mecánicos del vehículo. Más tarde el científico April Curtis también ayudó a mejorar los sistemas tecnológicos del famoso automóvil blindado.

A lo largo de los años Industrias Knight enfrentó amenazas muy terribles creadas por sus propios errores pasados. El desafío más grande ocurrió cuando apareció el prototipo maligno llamado Knight Automated Cybernetic Electronic o K.A.R.R. Este fue el primer auto inteligente que fabricó la empresa antes de diseñar el modelo de K.I.T.T. Sin embargo, los científicos cometieron un grave error al programar su mente electrónica original. K.A.R.R. no fue diseñado para proteger la vida humana sino para buscar su propia supervivencia a cualquier costo. Esto lo convirtió en una máquina egoísta, peligrosa y un enemigo mortal para la fundación.

Otro gran peligro para la estabilidad de la empresa fue la aparición del malvado Garthe Knight. Él era el hijo biológico de Wilton Knight y tenía un parecido físico idéntico al agente Michael. Garthe sentía un odio profundo por la obra de su padre y por la fundación de justicia. Con ayuda de criminales construyó un camión gigante y blindado llamado Goliath usando la misma fórmula molecular protectora. Este monstruo mecánico desafió el poder tecnológico de K.I.T.T. en batallas muy destructivas por las carreteras. Industrias Knight demostró que su tecnología podía corregir sus fallas y vencer a las fuerzas del mal.

Con el paso del tiempo la corporación siguió evolucionando y creando nuevos modelos de vehículos inteligentes avanzados. Diseñaron el Knight Industries Three Thousand que era un automóvil moderno adaptado a las nuevas tecnologías digitales. Este nuevo modelo podía cambiar de forma física, camuflarse en el entorno y usar armas no letales sofisticadas. También expandieron sus operaciones creando equipos especiales como el grupo Team Knight Rider con motos y camionetas parlantes. La empresa demostró que la inteligencia artificial aplicada a la seguridad civil era el camino correcto para el futuro. Su influencia tecnológica se extendió por todo el mundo de la ciencia.

Hoy en día Industrias Knight es recordada como el símbolo máximo del progreso tecnológico y la justicia social. Aunque nació en la televisión de los años ochenta su legado vive en la mente del público. Su historia nos muestra un mundo donde la ciencia se usa para salvar vidas inocentes. Conceptos como los autos autónomos que se manejan solos y los asistentes de voz virtuales nacieron allí. La visión de Wilton Knight demostró que un hombre noble con la tecnología adecuada puede marcar la diferencia. Esta corporación de ficción inspiró a muchos ingenieros reales a construir el futuro tecnológico actual.

 

La miniatura 1/43, corresponde a Norev.

sábado, 13 de junio de 2026

Plymouth Hemi Cuda (1971)

En el árbol genealógico de autos estadounidenses hay varias ramas que hacen a la historia universal del mundo motor. Tenemos los compactos, los muscle cars y los pony cars, que eran aquellos modelos que cumplían con ciertas características: Dimensiones compactas o intermedias, capó largo y cola corta, precio accesible, amplia gama de motores, carrocería deportiva, plataforma de automóvil convencional, amplias posibilidades de personalización, orientación juvenil y relación con los muscle cars, aquellos vehículos de grandes prestaciones. Y el nombre fue producto del emblema del Ford Mustang, pionero en este concepto. Aunque 17 días antes de la presentación del modelo del óvalo, el Plymouth Barracuda vió la luz.

Presentado el 1 de abril de 1964, el nuevo modelo de Plymouth fue desarrollado sobre la plataforma A del Plymouth Valiant. Su rasgo más distintivo era la enorme luneta trasera envolvente, la más grande instalada hasta entonces en un automóvil de producción. Aunque compartía numerosos componentes con el Valiant para reducir costos de desarrollo, el Barracuda poseía una identidad propia. Aquel primer modelo, concebido como un deportivo compacto accesible para los jóvenes, sentó las bases de una evolución que culminaría varias generaciones después con el nacimiento del legendario Hemi ’Cuda.

La primera generación, producida entre 1964 y 1966, estaba disponible exclusivamente con carrocería fastback de dos puertas. Sus motores iniciales incluían los conocidos seis cilindros Slant Six de Chrysler, aunque rápidamente aparecieron opciones V8 destinadas a atraer a los conductores más entusiastas. En 1965 surgió el paquete Fórmula S, equipado con una versión mejorada del V8 de 273 pulgadas cúbicas que elevaba la potencia hasta 235 caballos. Este paquete incorporaba además mejoras en la suspensión, neumáticos especiales, instrumentación deportiva y otros elementos que reforzaban el carácter prestacional del modelo. Aunque todavía no era un auténtico muscle car, el Barracuda comenzaba a construir una reputación que lo acercaba cada vez más al mundo del alto rendimiento.

Para 1967 llegó una segunda generación completamente rediseñada. Aunque seguía utilizando la plataforma A de Chrysler, el nuevo Barracuda presentaba una carrocería mucho más sofisticada y musculosa, con líneas inspiradas en la denominada forma de “botella de Coca-Cola”. Por primera vez se ofrecían tres variantes de carrocería: fastback, hardtop y descapotable. El modelo se distanciaba visualmente del Valiant y adquiría una personalidad más exclusiva dentro de la gama Plymouth. Esta generación marcó un paso decisivo en la evolución del automóvil, ya que la marca comenzó a orientarlo claramente hacia el mercado de las prestaciones, un segmento cada vez más competitivo en los Estados Unidos de finales de los años sesenta.

A medida que avanzaba la década, la denominada guerra de potencia entre fabricantes alcanzó niveles extraordinarios. Plymouth respondió ampliando continuamente la oferta mecánica del Barracuda. En 1967 apareció el V8 de 383 pulgadas cúbicas, mientras que en 1968 se incorporó el popular 340 V8. Ese mismo año Chrysler produjo cerca de cincuenta ejemplares especiales equipados con el famoso motor Hemi de 426 pulgadas cúbicas para las competencias de Nascar. Aunque estos vehículos no estaban homologados para circular por la vía pública, demostraron el enorme potencial del Barracuda como plataforma para motores de competición. Aquellos experimentos anticipaban la llegada de una versión de producción que cambiaría para siempre la historia del modelo.

El año 1969 representó un punto de inflexión. Plymouth decidió destacar las variantes más deportivas bajo una nueva denominación: ’Cuda. Inicialmente el nombre identificaba a versiones equipadas con motores 340, 383 y 440 pulgadas cúbicas. El público respondió favorablemente a esta estrategia, asociando inmediatamente el nombre ’Cuda con las máximas prestaciones disponibles dentro de la gama. Aunque todavía compartía la plataforma A con sus predecesores, el modelo ya se había transformado en un verdadero muscle car. La experiencia obtenida durante estos años convenció a Chrysler de desarrollar una nueva generación completamente independiente, capaz de competir directamente con los automóviles más potentes y sofisticados del mercado estadounidense.

La tercera generación debutó en 1970 y supuso la transformación más profunda de toda la historia del Barracuda. Construido sobre la nueva plataforma E de Chrysler, compartida parcialmente con el Dodge Challenger, el automóvil abandonó definitivamente cualquier vínculo visible con el Valiant. Era más ancho, más bajo y más agresivo que sus antecesores. El fastback desapareció y la gama quedó limitada a versiones coupé hardtop y descapotable. Plymouth ofrecía tres niveles principales: Barracuda, Gran Coupe y ’Cuda. Gracias a las mayores dimensiones de la nueva plataforma, por primera vez resultó posible instalar de manera regular el célebre motor Hemi 426 en un modelo destinado a la venta pública.

Así nació el Hemi ’Cuda, considerado por muchos el máximo exponente de la era de los muscle cars. Su motor V8 de 426 pulgadas cúbicas utilizaba cámaras de combustión hemisféricas derivadas de la experiencia de Chrysler en competición. Oficialmente desarrollaba 425 caballos de fuerza, aunque numerosos especialistas consideran que la potencia real era superior. El Hemi podía combinarse con una caja manual de cuatro velocidades o con la reconocida transmisión automática TorqueFlite. Para soportar semejante nivel de prestaciones, los ejemplares equipados con motores Hemi o 440 recibían suspensiones reforzadas y mejoras estructurales específicas. El resultado era un automóvil capaz de ofrecer aceleraciones impresionantes y un rendimiento excepcional tanto en carretera como en las pistas de aceleración.

Durante 1970 y 1971 el Hemi ’Cuda alcanzó su apogeo. La gama se enriqueció con opciones tan recordadas como los colores High Impact, el capó Shaker y las versiones AAR ’Cuda inspiradas en la competición Trans-Am. En 1971 aparecieron una nueva parrilla, cuatro faros delanteros y ligeras modificaciones estéticas que hoy permiten identificar fácilmente a los modelos de ese año. También fue el último período de gloria para los grandes motores de Chrysler. Los Hemi ’Cuda descapotables de 1971 son actualmente algunos de los automóviles estadounidenses más valiosos jamás construidos debido a su producción extremadamente limitada y a su extraordinaria rareza.

Sin embargo, el contexto del mercado comenzó a cambiar rápidamente. A partir de 1972 desaparecieron los motores 383, 440 y Hemi 426 debido a las nuevas normativas de emisiones, el incremento de los costos de seguro y las crecientes preocupaciones por el consumo de combustible. Los Barracuda y ’Cuda posteriores continuaron disponibles con motores más modestos, principalmente los V8 de 318, 340 y posteriormente 360 pulgadas cúbicas. Además, las regulaciones federales obligaron a incorporar parachoques más pesados y otros elementos de seguridad que aumentaron el peso total del vehículo. Como consecuencia, las prestaciones disminuyeron progresivamente mientras el interés del público por los muscle cars comenzaba a declinar.

La producción del Plymouth Barracuda concluyó el 1 de abril de 1974, exactamente diez años después de su lanzamiento. En apenas una década había evolucionado desde un modesto pony car derivado del Valiant hasta convertirse en uno de los símbolos más admirados de la industria automotriz estadounidense. Sus tres generaciones reflejan claramente esa transformación: la primera introdujo el concepto, la segunda desarrolló su personalidad deportiva y la tercera dio origen al extraordinario Hemi ’Cuda. Hoy, los ejemplares equipados con el motor 426 Hemi figuran entre los muscle cars más deseados y valiosos del mundo, representando el punto culminante de una época irrepetible en la historia del automóvil norteamericano.

 

La miniatura 1/43, corresponde a Ixo para la colección Autos Americanos de Editorial La Nación en Rallye de editorial Planeta.

martes, 29 de julio de 2025

Bedford CF (1978)

Hace aproximadamente 5 siglos, Inglaterra otorgó un “Subsidio” a ciertos productos de sus colonias que llegaban a la Isla, siendo el azúcar el producto que más se importaba. Con el tiempo, distintos productos se fueron sumando como el maíz y ya a fines del siglo XIX las uniones económicas se hicieron más estrechas entre los Dominios y la Metrópoli, donde los Dominios otorgaban preferencias, a cambio de compromisos de defensa o políticas comerciales, de patentes, de inmigración y de transporte marítimo comunes.

Durante el siglo XX, este sistema llamado Preferencia Imperial, volvió a tomar un nuevo impulso en toda la Mancomunidad Británica cuando en 1932, representantes de Gran Bretaña, los Dominios y las Colonias celebraron la Conferencia de la Commonwealth sobre Consulta y Cooperación Económica en Ottawa, Ontario, Canadá. Acordaron implementar políticas de Preferencia Imperial durante cinco años. Esta nueva política se basaba en el principio de «los productores nacionales primero, los productores del imperio después y los productores extranjeros por último».

General Motors, como toda empresa estadounidense, tenían sus intenciones de venderles al Reino Unido sus camiones. Para 1925, había encontrado la manera de esquivar la “Preferencia Imperial” ensamblando camiones brasileños en su fábrica canadiense de Oshawa, Ontario. Esto les permitía exportar vehículos pesados a Gran Bretaña a precios competitivos, que eran vendidos bajo el nombre "Chevrolet British". El mercado británico estaba en crecimiento y eso llevó a que GM adquiera una importante participación de Vauxhall. Como primera medida, trasladó las oficinas centrales de Hendon a Luton, para iniciar la en 1929, la producción de los modelos AC y LQ, que fueron comercializados como "Chevrolet Bedford", tomando el nombre de la ciudad principal de la provincia de Bedfordshire, en la que se encontraba Luton.

Los primeros camiones y chasis de autobús eran de dos toneladas, impulsados por el motor Chevrolet de seis cilindros y válvulas en cabeza. Al año siguiente, lanzaron una furgoneta de 1,5 tonelada, una furgoneta ligera de 3/4 de tonelada y furgonetas basadas en turismos. Los nuevos lanzamientos continuaron en 1934, con la introducción de la serie WT de tres toneladas, seguida de una versión de autobús al año siguiente. En 1935, Bedford comenzó a trabajar en un camión de 3/4 de tonelada para el ejército británico que entró en servicio en 1939. Ese mismo año, tres meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, se lanzó una gama completa de nuevos modelos civiles de Bedford.

Muchos de los Bedford de la Segunda Guerra Mundial permanecieron en servicio después de la guerra, y los que fueron dados de baja se dedicaron a tareas civiles. Los camiones de preguerra continuaron en producción hasta 1953, cuando Bedford lanzó una furgoneta con motor de gasolina de 1,5 litros o con opción de diésel Perkins y se lanzó la serie de camiones Bedford A con capó, cuyos números 2, 3, 4 y 5 indicaban la clasificación de peso. El motor diésel Perkins era opcional. Esta serie siguió hasta 1957, cuando se actualizó y pasó a llamarse Serie J.

También fabricaban furgonetas como el modelo HC que continuó brevemente después de la Segunda Guerra, y la JC con motor Vauxhall. Durante 1952 se vio el lanzamiento del nuevo furgón comercial ligero “Bedford CA”, lo que significó el final del camino para los anticuados modelos HC y JC. La CA era una gama de furgonetas y pick-ups del tipo frontal, que se ofrecía con dos opciones de distancias entre ejes. El motor de 4 cilindros y 1500 cc estaba ubicado prácticamente sobre el eje delantero. Se ofrecían básicamente como una furgoneta de reparto ligera con puertas corredizas, pero también estaba disponible como un chasis con capota sobre el que se podía añadir una carrocería especializada. También estaba el modelo Dormobile que era una versión camper.

El modelo CA fue un éxito en el Reino Unido y en países como Canadá. Se fabricaron 370.000 unidades y estuvo en producción durante 17 años, hasta 1969, cuando su reemplazo vio la luz. El nuevo modelo se denominó CF y ofrecía cinco versiones producidas en la fábrica de Luton (furgoneta de distancia larga y corta, chasis desnudo de distancia larga y corta y minibús). La gama de motores nafteros estaba compuesta por los Vauxhall Slant Four de cuatro cilindros en versiones de 1,6 litros, 1,8 litros y 2,0 litros, con una variante de 2,3 litros añadida en 1972. Y en versión diésel venía equipada con un Perkins de cuatro cilindros y 1,8 litros, acompañado de una unidad más grande de 2,5 litros.

La Bedford CA tuvo un éxito rotundo tanto en el mercado nacional como en varios mercados internacionales. La opción de chasis desnudo, dio la base para innumerables opciones de carrocerías como furgonetas de helados, ambulancias y autocaravanas. Tuvo una primera actualización en 1980, cuando se presentó la CF1 con cambios principalmente estéticos como la introducción de un nuevo frontal más angular, nuevo capó, faros, paragolpes mucho más anchos en plástico y una nueva parrilla. El nuevo frontal también permitió una mayor facilidad de reparación del vehículo y el desmontaje del motor; y se introdujo el nuevo motor diésel Opel 2,3 litros, que sustituyó al antiguo Perkins.

En 1984, tuvo su segunda modernización cuando pasó a llamarse CF2 y recibió pequeñas mejoras estéticas y mecánicas. Los motores diésel de Opel se mantuvieron, mientras que los motores nafteros de Vauxhall se sustituyeron por una versión de 2.0 litros de Opel. También se introdujeron nuevas transmisiones: una transmisión manual GM de 4 velocidades, una transmisión manual ZF de 5 velocidades y una transmisión automática GM como opcional. Se renovó el sistema de frenos con opción de discos delanteros.

Entre todas las versiones que tuvo la CF, estuvo la de Dealer Team Vauxhall, comúnmente conocido como DTV, que era una escudería de competición. Ante la falta de patrocinio oficial del automovilismo deportivo por parte de General Motors a nivel mundial, y en particular de su filial Vauxhall Motors, un grupo de concesionarios de Vauxhall con sede en Londres decidió fundar una organización para apoyar financieramente las carreras y los rallies de coches Vauxhall. Esta organización se fundó en enero de 1971. El modelo que vemos, es el correspondiente al auxilio que prestaban en las competencias de rally.

La miniatura 1/43, corresponde a Ixo para la colección Vehículos de Asistencia en Rallye de editorial Planeta.

lunes, 26 de mayo de 2025

Renault 16 (1969)

Era 1965 y se vivían los años del baby boom de la postguerra, con las familias creciendo en integrantes y necesitando vehículos más grandes. El diseño del Renault 16 fue obra de Gastón Juchet. Diseñador industrial, así como también ingeniero de aerodinámica, Juchet fue requerido por Pierre Dreyfus, entonces director de la marca, para renovar el Fregate, que no acababa de cuajar en los mercados. Renault aplicó la idea del portón trasero y diseñó un coche con gran distancia entre ejes y amplio baúl, en una longitud de 4,24 metros donde todo resultaba muy aprovechable.

Renault presenta el modelo 16 en el Salón del Automóvil de Ginebra de 1965 como una alternativa lujosa e innovadora a las berlinas del popular del segmento D. El R16 llega con una carrocería de dos volúmenes, un portón trasero con luneta integrada y tracción delantera, cuando los sedanes eran de tres volúmenes, con cuatro puertas y tracción trasera. Gracias a la versatilidad de su portón trasero, hasta entonces inédito en un coche de su tamaño, y su seductora línea con la parrilla en acero inoxidable y faros traseros en forma de almendra, el éxito fue inmediato y también el titulo de “coche del año”.

De su diseño se destaca la silueta bicuerpo de líneas dinámicas, la carrocería de 6 ventanillas, la línea de cintura baja, el techo elevado y la ausencia de canaletas para la lluvia. El Renault 16 se aparta radicalmente de los códigos estilísticos de su época y se resume en dos palabras: habitabilidad y versatilidad. Su espacio interior, organizado en torno a la funcionalidad, ofrece una variabilidad de opciones sin igual entre las berlinas de su época. El maletero puede organizarse en cuatro diseños diferentes, con capacidades de entre 346 y 1.200 litros, gracias a la bandeja trasera deslizante, plegable y desmontable.

Los asientos se diseñaron para adaptarse a todos los tipos de uso: instalación de un asiento para niños, posición de reposo, e incluso una posición que servía como cama para dos personas. Al haber sido concebido desde un inicio como vehículo con un enfoque diferente consiguió distanciarse de la competencia. Nadie tenía un producto similar. En el interior se destaca una gran amplitud para los cinco ocupantes con una comodidad de marcha envidiable, y las opciones novedosas como el cierre centralizado y ventanillas delanteras eléctricas

Técnicamente, Renault sigue con las barras de torsión traseras en el mismo plano horizontal. Por ello, la distancia entre ejes en el lado izquierdo mide 6 cm más que en el derecho. Para no robar espacio al baúl, la rueda de auxilio está en el vano motor, donde se aloja el primer motor de Renault fabricado íntegramente en aluminio. Inicialmente, esta mecánica de cuatro cilindros de aleación ligera entregaba 55 CV a partir de una cilindrada de 1,47 litros. Con el tiempo, la potencia aumentará hasta 93 CV en la versión TX de gama alta de 1973, a partir de un bloque de 1,65 litros. Este motor, potenciado, se utilizó después en los deportivos Alpine A110 y A310.

Tras la sorpresa inicial por el estilo poco convencional, rápidamente se gana al mercado en cuanto la gente comienza a valorar su practicidad. Se llegan a fabricar 1.851.502 unidades durante sus 15 años de producción. Para ello, se diseña en Sandouville, Normandia, una planta exclusiva para el nuevo modelo, aunque luego se suman Flins, Melbourne (Australia) y Novo Mesto (Yugoslavia). El Renault 16 es clave en la expansión internacional de Renault, ya que más de la mitad de unidades se exportan, incluida una versión especial adaptada al mercado estadounidense.

La unidad que nos acompaña pertenece a la una unidad destinada al equipo checo “AC Praga”. Por afinidad al equipo, debería acompañarlo cualquier Alpine, aunque el correcto es el A110 de Vladimir Hubacek. Un gran piloto checo que entre los años 50 y 70, compitió en coches de rally como el Škoda Octavia, el Renault 8 Gordini y el Alpine A110. Ganó un total de 25 carreras, incluyendo el Rally de la República Checa en tres ocasiones. Fue seis veces campeón del Campeonato Checoslovaco de Fórmula 3, cinco de ellos con el Lotus 41. En 1969, ganó la Copa de la Paz y la Amistad y también compitió en el Campeonato Soviético de Fórmula 3 y en el Campeonato de Fórmula 3 de Alemania del Este.

Vladimír Hubáček falleció el 2 de septiembre de 2021 a la edad de 89 años.

La miniatura 1/43, corresponde a Ixo para la colección Vehículos de Asistencia en Rallye de editorial Planeta


Un clásico devorando litros....

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