La extravagancia de su carrocería tenía detrás una mecánica igualmente singular. Para el proyecto se recurrió a una arquitectura relacionada con el Lancia Delta HF Integrale, pero el motor elegido debía proceder de Audi. La primera intención era instalar el nuevo V8 de 3,6 litros de la firma alemana, aunque aquel propulsor todavía no estaba disponible cuando llegó el momento de construir el automóvil. La solución fue el cinco cilindros turboalimentado de 2,2 litros y 20 válvulas, perteneciente a la conocida familia de motores de altas prestaciones de Audi. El prototipo presentado en Turín utilizaba una configuración de alrededor de 200 CV. Así, bajo aquella carrocería futurista, latía uno de los motores que habían convertido a Audi en enemigo de Lancia en el Rally.
Cuando el Aztec fue presentado en el Salón de Turín de 1988, parecía más una máquina de ciencia ficción que un automóvil convencional. El conductor y el acompañante debían abrir tanto la puerta como el techo para ingresar a su espacio totalmente independiente de su acompañante. El habitáculo completamente futurista, estaba impregnado de distintos mandos electrónicos. Detrás del habitáculo se encontraba el cinco cilindros turbo Audi, unido a una transmisión manual de cinco velocidades y a un sistema de tracción integral. La carrocería, realizada para Italdesign, escondía así una combinación de tecnología alemana y experiencia italiana. Pero el destino del Aztec sería diferente al de la mayoría de los prototipos de salón. La reacción del público hizo que alguien pensara que aquella criatura podía abandonar el escenario y convertirse, contra todo pronóstico, en un automóvil de carretera.
La empresa turinesa Compact Srl adquirió los derechos del proyecto y decidió intentar llevarlo a una pequeña producción. La construcción quedó en manos de Carrozzeria Savio y se llegó a hablar de cincuenta unidades, aunque aquella cifra nunca se concretó. Transformar el espectacular prototipo en un automóvil homologado exigió varios años de trabajo y numerosas modificaciones. En esta etapa apareció un protagonista fundamental: MTM, siglas de Motoren Technik Mayer, preparador alemán fundado por Roland Mayer y estrechamente relacionado con la tecnología Audi. Las carrocerías podían salir de Italia rumbo a Alemania, donde se completaba parte del desarrollo mecánico y el proceso de homologación. Los ejemplares de producción conservaron el cinco cilindros turbo y la tracción integral, aunque su configuración mecánica ya no era exactamente la del prototipo de 1988.
El cinco cilindros utilizado en los ejemplares posteriores estuvo relacionado con el motor del Audi Coupé S2, y la intervención de MTM permitió obtener una potencia cercana a los 250 CV en determinadas unidades. De allí procede uno de los detalles más curiosos del Aztec: algunos automóviles llevan en sus laterales la inscripción «250 HP». El ejemplar conservado en Autoworld, en Bruselas, luce precisamente ese distintivo. Sin embargo, la existencia de la calcomanía no basta por sí sola para asegurar que ese automóvil entregue exactamente 250 CV, ya que en la descripción que hace el Museo dice 203 HP. La historia mecánica del modelo quedó así rodeada de pequeñas diferencias entre unidades, preparaciones y etapas de desarrollo. El «250 HP» terminó convirtiéndose en parte de la leyenda del Aztec.
Finalmente, aquella producción prevista de cincuenta automóviles quedó reducida a una cantidad menor e incierta. Las estimaciones más aceptadas hablan de alrededor de dieciocho ejemplares construidos, aunque la documentación disponible no siempre coincide en la cifra exacta. Algunos fueron destinados a mercados como Japón y Estados Unidos, mientras que solamente uno habría sido vendido en Europa; distintas investigaciones consideran que podría tratarse del automóvil que hoy conserva Autoworld en Bruselas.





