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sábado, 8 de junio de 2013

Bucciali TAV 8-32 (1932)

Toda persona siempre tiene inquietudes. Pero por lo general, las obligaciones como el trabajo, la familia, hacen que uno relegue esos sueños de juventud, a favor de la comodidad de un trabajo de 9 a 18 hs. Las utopías siempre se dejan de lado, para no llegar tarde al trabajo y marcar tarjeta, tal cual dicta el inconsciente colectivo. Por suerte, no todas las personas actúan de este modo, y se lanzan a la aventura sin miedos. Así lo entendieron los creadores del Bucciali TAV 8 de 1932.

Albert Bucciali, de origen francés, era hijo de un compositor que le inculcó la música desde temprana edad. Así, en sus primeros años, parecía que el pequeño iba a ser un prodigio como pianista, hasta que su hermano Angelo lo llevó a los 13 años a presenciar una carrera, que disputaban los primeros automóviles. Albert, quedó deslumbrado por las nuevas máquinas y el piano quedó arrumbado en un rincón.

Sin embargo, sus ansías de aprender sobre las nuevas tecnologías, lo llevan a leer todo tipo de libros, y este deseo irrefrenable por formarse hacen que estudie Filosofía en la Universidad de Boulogne. Al egresar de la misma, compra su primer automóvil, al que decora con las tres primeras letras de su apellido. Al mismo tiempo, como toda personalidad inquieta, se siente atraído por las nuevas máquinas voladoras.

Sin experiencia, pero con mucho conocimiento, arma su primer avión, en base a distintos planos a los que tuvo acceso. Así, a comienzos de la década del 10, el primer avión “Buc”, surca el cielo francés. Y para no hacer las cosas así nomás, se inscribe en una escuela de vuelo, donde aprende distintas pruebas acrobáticas, con las que consigue ganar bastante dinero, a través del país.

Entre tantas piruetas, lo sorprende la Primera Guerra Mundial, y obviamente nuestro Albert no se la iba a perder. Por su cuerpo desgarbado, en un principio es rechazado, pero ante la insistencia, finalmente es reclutado y enviado a una escuela de pilotos. Ahí, en base a su experiencia, deslumbra a profesores que inmediatamente lo recomiendan para batallar en el frente.
 
Durante mucho tiempo, sirvió para el 26° escuadrón de la Fuerza Aérea Francesa, que tenía como insignia una cigüeña, con las alas doradas hacia atrás, cuyo destino automovilístico comparte con el cavallino rampante. Gracias a sus proezas, es remitido al frente oriental, para ayudar a los rusos. Con el conflicto casi concluido, en 1919 es enviado a su hogar, con una pequeña fortuna por sus servicios, con la amistad del checo Joseph Ksandr y con algunos disparos en su cuerpo.
 
Otra vez en Francia, junto a su hermano Angelo y a su amigo Joseph, establece un pequeño taller, con la intención de hacer un pequeño auto de competición. El pequeño modelo, fue piloteado por los dos hermanos en distintas competencias con singular éxito, lo que les dio el empujón para realizar su propio vehículo, el BUC AB1. Así se van sucediendo varios modelos de competición, que sirven para mantener cierta estabilidad en el negocio.
 
Pero la inquietud de los Buccielis los llevó a viajar a EE.UU. para saber que había del otro lado del océano, con intención de mejorar el propio negocio. Y entre lo que encuentran, está la idea de la tracción delantera, que si bien no era nueva, todavía presentaba ciertas dificultades. A su regreso al viejo continente, deciden cambiar el rumbo de su modesto taller. Dejan los autos de competición y se vuelcan al estudio de la tracción, dirección y caja de cambios, todo en posición delantera. Muere “Buc”, nace “Bucciali”.
 
El primer modelo fue bautizado TAV (Traction Avant) y fue presentado en 1926. Como era de esperarse fue un fracaso y tuvieron que pasar 2 años, para estudiar los problemas del nuevo sistema. Así en 1928 se presentan dos nuevos bastidores, uno de los cuales fue bautizado TAV6, del cual se llegaron a fabricar 3 modelos. Al año siguiente se presenta el TAV8, motorizado por el motor americano Continental de 8 cilindros.

El modelo que nos acompaña fue carrozado por Saoutchik y tenía un motor Voisin V12, del cual fue separado a los pocos años de ser construido. En la década del '70, un coleccionista logra reunirlos y en 1997, tras varios años de investigación y trabajo, logra concluir con la tarea de restauración.

La vida de los hermanos franceses, fue muy intensa y con varios sinsabores, que merece una segunda parte. En cuanto consiga otro Bucciali se las cuento.

La miniatura pertenece a la colección "Los más Bellos Coches de Época" de editorial Altaya, edición Argentina. El vídeo vale como testimonio.

Saludos y espero que todos puedan bailar el rock de la cárcel....

Un clásico devorando litros....

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