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martes, 18 de julio de 2023

Ferrari 512S (1971)

Mientras que la batalla de Ferrari y Ford por Lemans estaba en su apogeo, el ente fiscalizador veía con ojos críticos las velocidades que alcanzaban algunos prototipos. Nadie quería volver a ver un accidente como el ocurrido 12 años atrás en el circuito de La Sarthe. Es así que para 1968, la FIA decide cambiar el reglamento y situar un tope de cilindrada en 3 litros. De inmediato Ferrari se quedó afuera y es de imaginar a Don Enzo encolerizado por la situación. De hecho, inmediatamente declaró no correr más en Sport Prototipos y dedicarse íntegramente a los monopostos. Por supuesto, aunque sus decisiones siempre fueron importantes, nunca se sabía por cuanto tiempo. 

Y así fue, como en los primeros meses de ese mismo año, sorpresivamente aparece en público el prototipo P.5 de 3 litros. Una sorpresa que en realidad no sorprendía a nadie, ya que todos daban por descontada la continuidad de la Scuderia en la categoría que por entonces era más importante que la F1. La nueva Ferrari era bastante singular. La mayoría, luego de la belleza P4, criticaba el diseño de Pininfarina. Las alas de gaviota, el parabrisas plástico, las aletas traseras y la fila de 8 faros delanteros no enamoraban como su predecesor. (Veo esa trompa y pienso en el Huayra).



Pero la mayoría opinaba algo en común: Esto no era más que un ejercicio creativo, destinado a la publicidad de Ferrari en el campeonato mundial. Lo realmente interesante era lo que no se veía. Enzo Ferrari comentaba que los motores de 3 litros de sus monoplazas de Fórmula Uno podían adecuarse a los Sport Prototipos, pero con diferencias de preparación fundamentales. Y al parecer, habían encontrado la receta para su motor V12 de tres litros y 400 HP a 9.200 vueltas. Entonces, la suposición general era esta: que el próximo prototipo de competición sería el P6, con una carrocería nueva y la mecánica aplicada en el P5.

Si bien el modelo fue presentado en el mes de abril, el enojo de Ferrari por el cambio de reglamento provocó que no se presentara durante 1968. Recordemos las características de las clases principales: Para la categoría de Prototipos (Grupo 6), se fijó un tope en las cilindradas de 3000 cc y un tanque de 120 litros y para los Sports (Grupo 4), el límite eran 5000 cc y 160 litros para el tanque de combustible. Pero el automóvil tenía que pertenecer a un mínimo de 50 unidades producidas. Y luego estaban los Gran Turismo (Grupo 3) que no tenían límite en la cilindrada, pero exigía un mínimo de 100 vehículos de producción. Luego cada grupo tenía una subdivisión según la cilindrada, pero claramente a Ferrari, como a sus competidores solo les interesaba el Grupo 6.

Durante ese año Ferrari se dedica a desarrollar su nuevo modelo. Y así es como nace la 312P. Como siempre, la nomenclatura identificaba al motor 3 litros V12 instalado en el Prototipo. El motor era la base del que usaba la 312 de la Fórmula Uno, difería en la cantidad de válvulas, la inyección y la lubricación. El motor original no estaba diseñado para soportar exigencias de 24 horas o 1000 km, por lo que se trabajó principalmente en la confiabilidad.

El debut en 1969 fue en Sebring, donde el único modelo inscripto piloteado por Mario Andretti y Chris Amon, culminó en segundo lugar detrás del Ford de Jacky Ickx y Jackie Oliver. Para la carrera en Brands Hatch, Chris Amon compartió la conducción con Pedro Rodríguez y terminaron cuartos, detrás de tres Porsche 908. Luego vino Italia con sus 1000 km en Monza. Chris Amon se hizo con la pole en el 312 P spider, pero tuvo que retirarse. Los resultados no llegaban y para la segunda carrera italiana, la Targa Florio, no se inscribieron. Para Alemania, en los 1000 km de Nürburgring debieron abandonar. Y en el famoso circuito de SPA, el 312 P de Rodríguez y David Piper fue segundo detrás del Siffert/Redman con su 908. Le Mans llego como final. Se inscribieron dos 312 P que largaron en quinto y sexto lugar, pero no terminaron.

El ente fiscalizador había acusado los reclamos de las distintas marcas y para ese mismo año 1969, decidió bajar la cantidad de vehículos requeridas del Grupo 4, de 50 a 25 unidades. Ferrari pensaba que igualmente era un gasto demasiado alto y como vimos, apostó al Grupo 6. Pero había una marca que presentó sus 25 automóviles con un motor de 4.5 litros. Se trataba de Porsche y su 917. Luego de todo lo ocurrido en 1969, Don Enzo se dio cuenta que la única manera de ganar era cambiar de grupo y aprovechando el dinero ingresado por la venta a Fiat, decidió dar el salto.

El motor fue llevado a los 5 litros, dando a luz al modelo 512 para afrontar el Campeonato de Resistencia de 1970. Porsche le llevaba 6 meses de ventaja en su diseño, pero el mayor problema que tenía el nuevo Sport, estaba puertas adentro. Mientras que la marca alemana decidió repartir sus modelos en varios equipos privados de primer nivel, la escudería italiana, solo tenía un puñado de equipos satélites con pilotos que no tenían tanto renombre y que no recibían los elementos que se mejoraban en Maranello. A fin de año el resultado fue de 9 a 1 para Porsche, ganando solamente la 512, las 12 horas de Sebring al mando de Ignazio Giunti, Nino Vaccarella y Mario Andretti.

1971 empezaba con una carrera oficial en territorio argentino. Se trataba de los 1000 km de Buenos Aires. Después de once años, de nuevo una fecha puntuable en Argentina. El acontecimiento se esperó largamente y se puso en marcha la selecta caravana de los monstruos mundiales del SP internacional frente a una multitud que llenó el autódromo para verlos.  Porsche, Ferrari, Alfa Romeo, Matra, con todas sus fuerzas oficiales, y la habitual troupe que los acompañaba llegaron a la Argentina para iniciar la temporada 1971.

Las fuerzas estaban repartidas: Porsche traía 6 de sus efectivos 917K y Ferrari llego con una 312P, tres 512S, de las cuales 2 eran spyder y una 512M (“Modificata”, ya que su cola era diferente asemejándose a la del 917 con 32 HP extras y un menor peso. Llevaba el número 8).
Las 512S cerrada era la número 18, confiada a la dupla belga Gosselin / de Fierlant de la escudería Ecurie Francorchamps. Alfa Romeo decía presente con tres unidades de su modelo 33.3, Lola con cuatro T210 y Matra un solitario 660. Un paso atrás venían el Porsche 908, el Mclaren Ford y los autóctonos Berta Tornado y el Baufer Chevrolet número 44 (El “Pantera Rosa”). Los entrenamientos comenzaron en el renovado autódromo el miércoles donde Pescarolo con el Alfa Romeo marcó el rumbo. 



El jueves, el encargado de marcar el ritmo fue el Porsche del equipo Martini a manos de Elford. El autódromo empezaba a mostrar su exigencia y Ronnie Peterson estrenó el guard rail de la curva Ascari con su Lola número 10 de la Scuderia Filipinetti. Emerson Fittipaldi declaraba: "Yo no sé exactamente qué pasó, pero estoy seguro que se pinchó un neumático delantero". El asunto es que el Alfa Romeo número 12 quedó destrozado y no correría el domingo. También el argentino Luis Di Palma tuvo su contratiempo cuando en una de las curvas de los mixtos, la trompa del Berta tocó contra algo, se hundió, y a partir de ese momento empezó a inflarse siendo imposible seguir girando. 

El viernes fue el primer día de entrenamientos oficiales. Aún había algunas ausencias, motivadas por los retrasos en los vuelos desde París, por una inoportuna tormenta de nieve en la capital del país galo. Concretamente Beltoise y Jabouille estaban varados y su auto esperaba dormido en el autódromo argentino. Pero en aquellos años ocurrían hechos que solo se dan en las épocas románticas del automovilismo. Con un permiso especial Pescarolo se bajó del Alfa y giro con el Matra número 26 de la dupla francesa. Y Fitipaldi que había destrozado su Alfa se subió al Porsche 917 para hacer dupla con el argentino Reutemann.

El primer entrenamiento oficial del año se lo había quedado el binomio de Porsche, Bell - Siffert seguidos por sus compañeros Larrousse – Elford. La segunda fila era copada por los dos Alfas. La Ferrari #18 no estaba entre los 10 primeros. La nota la daba el argentino García Veiga que a bordo de la Ferrari 512 Spyder le sacaba 10 segundos de ventaja a su compañero Sam Posey. Y Nasif Estefano se quejaba de su Lola, con la cual apenas había girado unas pocas vueltas por un problema con la bomba de combustible.

La clasificación del sábado era la primera muestra verdadera de cómo estaban las cosas. La primera fila fue para el Porsche de Pedro Rodríguez y Jackie Oliver, escoltados por la Ferrari 312P de Ignazio Giunti y Arturo Merzario. En la segunda fila repetía Porsche con el binomio Dell-Siffert, acompañados por el Alfa Romeo número 16 de De Adamich – Pescarolo. En el quinto puesto clasificó el Matra 660 a pesar de los problemas de temperatura, tanto en el motor como en los neumáticos. Se le modificaron los deflectores para encauzar el flujo de aire hacia los radiadores y los neumáticos. Beltoise se quejaba de las condiciones resbaladizas de la pista, asegurando que recién dentro de cuatro meses de uso alcanzará el grado de rugosidad ideal. A su lado se encontraba el otro Alfa de Stommelen – Galli.

La primera 512 era la Modificada, recuperada luego del accidente de Peterson, en el séptimo puesto piloteada por la dupla Bonnier – Parkes, seguida a milésimas por la 512 Spyder de Di Palma – Garcia Veiga – Posey. Di Palma se había bajado del Berta Tornado ya que no sería de la partida por una rotura del motor. La Ferrari que aquí nos acompaña apenas clasificó en el puesto quince a 8,5 segundos de la punta. Pero hay que pensar que las carreras son de larga duración y puede pasar de todo. Y eso es lo que sucedió el domingo.

La carrera tuvo absolutamente de todo: pelea en cada puesto, desperfectos mecánicos, un accidente fatal, pilotos que no respetaron la bandera roja, una bandera roja que en definitiva no fue, caos en los boxes porque no sabían si se podía seguir corriendo, un desclasificado. Es decir, una ensalada de pormenores que llevaron a la Ferrari número 18 a un honroso sexto puesto.

La réplica es de Brumm


martes, 1 de noviembre de 2022

Blitzen Benz (1911)

Despierto lleno de pensamientos sobre tí. Tu cara y la mala tarde que pasamos ayer me han dejado nervioso. ¡Dulce, incomparable Josephine, qué efecto extraño tienes en mi corazón! ¿Estás enfadada? Veo tu mirada triste. Estás preocupada?... Me duele el alma de pena, y no puede haber descanso para tí, querida; pero ¿aún hay más guardado para mí cuando, rendido a los sentimientos tan profundos que me abruman, dibujo desde tus labios, desde tu corazón, un amor que me consume con fuego? ¡Ah! ¡Fue ayer por la noche que comprendí completamente cuán falsa es la imagen de ti que da tu cara! Estás partiendo al mediodía; Te veré en tres horas. Hasta entonces, mio dolce amor, mil besos; pero no me correspondas ninguno, porque encienden mi sangre.

(1795) 


No he pasado un día sin amarte, no he pasado una noche sin abrazarte, no he bebido ni una taza de té sin maldecir el orgullo y la ambición que me fuerzan a permanecer lejos del espíritu que mueve mi vida. En medio de mis deberes, ya esté a la cabeza de mi ejército o inspeccionando el campamento, mi querida Josefina se encuentra en solitario en mi corazón, ocupa mi mente, llena mis pensamientos. Si me alejo de ti con la velocidad del torrente del Ródano, sólo es para volver a verte con mayor rapidez. Si me levanto a trabajar en medio de la noche, es porque con ello será posible adelantar en cuestión de días la llegada de mi dulce amor. Sin embargo, en tus cartas del 13 y 16 de marzo, me tratas de vos. ¡Vos también tú!

¡Ah! Desdichada, ¿cómo has podido escribir esa carta? ¡Cómo ha sido posible! Y también están esos cuatro días entre el 23 y el 26. ¿Qué has estado haciendo para que no pudieras escribir a tu marido...? Ah, mi amor, ese vous, esos cuatro días son demasiado por mi anterior indiferencia. ¡Maldita sea la persona responsable! ¡Que como castigo y multa experimente lo que mi convicción y la evidencia (que está a favor de tu amigo) harán que experimente yo! ¡El infierno no tiene tormentos lo suficientemente grandes! ¡Ni las furias tienen suficientes serpientes! Vous! Vous! ¡Ah! ¿Cómo estarán las cosas dentro de dos semanas...? Mi espíritu está triste; mi corazón, encadenado, y estoy aterrorizado por mis fantasías... Me quieres menos, pero superarás la pérdida. Llegará un día que ya no me amarás. Al menos, dímelo, entonces sabré cómo he llegado a merecer semejante infortunio...

Adiós, esposa mía, el tormento, la alegría, la esperanza y el espíritu impulsor de mi vida, a la que quiero, a la que temo, la que me llena de tiernos sentimientos que me acercan a la naturaleza, y con violentos impulsos, tan tumultuosos como el trueno. No te pido ni amor eterno, ni fidelidad, sino sencillamente... la verdad, honestidad ilimitada. El día en que me digas “Te quiero menos”, marcará el final de mi amor y el último día de mi vida. Si mi corazón fuera base suficiente para amar sin ser amado a cambio, lo rompería a trozos. ¡Josefina! ¡Josefina! Recuerda lo que te he dicho algunas veces: la naturaleza me ha dotado con un carácter viril y decidido. El tuyo lo ha construido de encaje y delicadeza. ¿Has dejado de amarme? Perdóname, amor de mi vida, mi alma se encuentra desgarrada por fuerzas en conflicto. Mi corazón, obsesionado contigo, está lleno de temores que me postran en la miseria... Estoy afligido de no poder llamarte por tu nombre. Esperaré a que tú lo escribas.

¡Adiós! ¡Ah! Si me amas menos es que nunca me has amado. En ese caso, soy verdaderamente digno de lástima.

P. D.: La guerra ha cambiado tanto este año que resulta irreconocible. He podido distribuir carne, pan y forraje; mi caballería armada estará pronto en camino. Mis soldados están demostrando una confianza indescriptible en mí; sólo tú eres una fuente de disgusto para mí; sólo tú eres la alegría y el tormento de mi vida. Envío un beso a tus hijos, a los que no mencionas. ¡Por Dios! Si lo hicieras, tus cartas volverían a ser otra vez la mitad de largas. Entonces los visitantes a las diez de la mañana no tendrían el placer de verte. ¡¡¡Mujer!!!

(1796)

 

Gran Emperatriz, ni una carta de tu parte desde que saliste de Estrasburgo- Has pasado por Baden, por Stuttgart, por Munich, sin escribirnos ni una palabra.

¡Esto no es muy admirable ni demasiado tierno! Yo sigo aún en Brunn. Los rusos se han ido; tengo una tregua. En unos días decidiré lo que debo hacer.

Dígnese desde lo más alto de vuestra grandeza a ocuparos un poco de vuestros esclavos.

(1805)

 

Mi amor, he recibido tu carta del 19 de abril, de muy mal estilo y gusto, por cierto. Yo sigo siendo el mismo. Personas como yo no cambian nunca. No sé lo que Eugéne te ha dicho. No te he escrito porque tú no has escrito, y sólo deseo lo que resulte agradable para ti.

Supe, con gran placer que irás a Malmaison y que estás contenta. Me hará muy feliz recibir noticias tuyas así como darte noticias mías. No digo más nada hasta que compares esta carta con la tuya. Te dejo a ti juzgar quién es mejor o más grande amigo, si tú o yo.

Adiós mi amor, que estés bien y se solamente para ti y para mí.

(1810)

 

 (Napoleón Bonaparte: “Cartas a Josefina de Beauharnais”)

jueves, 8 de mayo de 2014

Ferrari 500 F2 (1951)

Cuando uno compra una réplica de un auto de carreras, no solo busca que refleje el modelo lo más real posible, sino también que muestre ese momento de la historia, que pretende recrear. Uno pretende que el automóvil sea de tal piloto, por una cuestión de afinidad y que la decoración reviva ese instante del deporte motor, con su gloria o su derrota. Hay veces que nos hacemos de una miniatura sin importar el piloto, ya que lo que nos gusta es el automóvil. Después habrá tiempo para buscar la historia de esa carrera. Claro que a veces se hace dificultoso, como en el caso de esta Ferrari 500 F2 de 1951. A buscar por favor…

El tema es así, la caja original de Brumm dice en su exterior: “Ferrari 500 F2 – 180 HP 1951 – 1953”. Todos le ponen como piloto al italiano Alberto Ascari, máximo ídolo de la península que en 1952 se coronó campeón a bordo de esta máquina y repitió campeonato en 1953 con el mismo modelo. Pero hay un detalle, el malogrado Ascari, nunca utilizó el número 34, manejando una Ferrari 500 F2.

En la historia de este modelo, solo tres veces utilizó el número 34. En 1953, en el Gran Premio de Alemania, el local Kurt Adolff lució en sus dorsales la esquiva cifra. Apenas pudo dar tres vueltas en la Ferrari que se detuvo con la transmisión rota. Pero esta miniatura no es la de él, ya que en esta ocasión, el automóvil lucía dos colores. A su clásico color rojo, se le sumaron unas líneas blancas, así es como descartamos a Kurt.

Un año antes, en 1952, hubo dos ocasiones donde se encontraron la Ferrari y el 34. La primera fue en el Gran Premio de Bélgica, donde también el privilegio recayó en un piloto local. Se trató de Charles de Tornaco, quien finalizo en la séptima posición a 3 vueltas del triunfador, su compañero Alberto Ascari. El pequeño inconveniente, es que en este caso, la Ferrari era amarilla.

La última chance que tenemos, es en el Gran Premio de Francia del mismo año donde el suizo Rudi Fisher estaba inscripto para la carrera con el número 34, pero al parecer numerosos problemas lo llevaron a compartir la máquina número 36 con su compatriota Peter Hirt y tuvieron que abandonar en la vuelta 33. Entonces, como el auto no fue de la partida, por ahora, es imposible encontrar un documento fotográfico, que atestigüe que esta réplica es la que hoy estamos viendo.

Para arrojar un poco más de confusión, por aquellos años había más carreras de Fórmula Uno sin puntos, en las que participaban todos los pilotos de renombre, que las tradicionales que integraban el Campeonato formal. Así es como Farina se presentó en 1952 en el Gran Premio de Pau con la Ferrari 500 F2 número 34, pero no pudo largar. También Fisher lo utilizó en el Gran Premio des Sables de ‘Olone donde tuvo que abandonar la prueba.

Al año siguiente Roger Laurent lo utilizó en el Gran Premio des Frontiers, saliendo segundo y Kurt Adolff en el Gran Premio Internationals Avus Renner debió abandonar luciendo el buscado 34 en sus laterales.

Así, agotadas todas las instancias, es que me doy por vencido por saber de quién es este auto. Pero, averiguando se me armó más lío. Luego de ganar por primera vez en 1951 con la Ferrari 375, Ferrari desarrolló el modelo 625, que llevaba un motor de cuatro cilindros y 2.5 litros de cilindradas, con miras al Campeonato de 1952. Pero el reglamento cambió y solo se habilitaron los autos de Fórmula Dos, es decir con motores hasta 2 Litros.

Entonces el motor se achicó hasta el nivel reglamentario manteniendo el chasis y las suspensiones y así nació la 500 F2 en las postrimerías del ‘51. Por lo que se puede encontrar en internet, el primer año carecía del caño de escape largo, algo que recién apareció el año siguiente. Para 1954, vuelve el reglamento de la F1, y entonces se reubica el motor original y así hace su debut la Ferrari 625, que exteriormente es igual a la que estamos viendo.

Y en ese año de 1954, Alberto Ascari manejando una 625 en el GP de Monza debe abandonar ante sus compatriotas, cuando una válvula provoca un fallo ineludible en el motor, mientras que Juan Manuel Fangio y su Mercedes siguen rumbo a la victoria. Obviamente, el número de Ascari era el 34.

Entonces, los más entendidos, deben dilucidar quién fue el piloto de esta Ferrari 500 F2 o si es en realidad la 625 de Ascari. Por las dudas, en el video pueden ver la 500 F2

Saludos y si pierden el rumbo, usen un par mil.

viernes, 7 de marzo de 2014

Ferrari 375 (1951)

En poco más de una semana, se pondrá en acción un nuevo campeonato de la Fórmula Uno. Para muchos es sinónimo de acción, a bordo de autos de última tecnología. Para otros es un show que poco tiene que ver con el automovilismo. Pero lo que no se puede negar es que la categoría, en sus 65 años de historia, jamás pasa desapercibida. Y con tantos años encima hay modelos para todos los gustos, como por ejemplo la Ferrari 375 de 1951. Larga vida a la F1!!!!!

Sé que muchos piensan, que los autos actuales son horribles, que no hay como los de la década del setenta u ochenta. Que son todos iguales exteriormente y que sus diseños, poco tienen que ver con la delicia estética de otros años. También acusamos lo fáciles de manejar que son, gracias a su electrónica, como si todos hubiésemos piloteado alguno. Y obviamente no vamos a comparar los pilotos de hoy, con esos ídolos de las décadas doradas.

Y obviamente, si estuviésemos en la década del 80, extrañaríamos a los primeros campeonatos de la categoría. Los autos de los 50 sí que eran verdaderos automóviles, no como los que manejaban Lauda, Hunt o Villeneuve. Eran toscos, con frenos de dudosa performance, sin nada de electrónica y carentes de esos adornos llamados alerones. Y lo mejor, era que corrían desnudos de publicidades, honrosos por mostrar los colores de su país de origen.

En definitiva, nunca vamos a estar conformes con lo que tenemos, puesto que vamos a añorar algo que tímidamente se esconde en nuestras memorias. Algo que el paso del tiempo va deformando al punto de llevarlo a lo ideal. Obvio que los autos actuales no le gustan a nadie, pero seguro que en 30 años lo van a extrañar, junto a los pilotos como Vettel, Alonso o Hamilton.

Imaginemos los años de esta Ferrari. Debe haber sido maravilloso ver estas carreras de autos de neumáticos finitos, que más de una vez salían de costado, en circuitos como los viejos Nürburgring o Spa Francorchamps, con pilotos al mando de la talla de Fangio, Ascari o Moss. Pero lo que no admitimos es que las carreras eran bastantes aburridas. Muy pocos vehículos en la grilla de partida y no era raro, que la diferencia entre el primero y el segundo superara los 60 segundos. Y los circuitos tenían longitudes extremas, que solo permitían ver a estos autos cada 5 minutos.

Creo que el punto donde todos estamos de acuerdo, es que estas personas tomaban demasiados riesgos en pos de la victoria. Claro, hoy nos asombramos de los locos que estaban, pero en ese momento usaban lo mejor de la industria automotriz. Y tampoco, nadie se fijaba si la indumentaria podía ser un factor decisivo a la hora de un accidente o si un fardo de pasto era suficiente para detener un bólido, lanzado a toda velocidad contra un árbol.

La realidad es que en 1951 se disputó el segundo campeonato de la especialidad. Antes del inicio, se hicieron varias pruebas sin puntaje en Argentina y Europa, donde los dominadores fueron los pilotos Villoresi, Ascari y Parnell de Ferrari, dejando un triunfo para el Talbot de Rossier y otro para la Maserati del campeón Farina. El campeonato comenzaba el 27 de mayo en Suiza y constaba de 8 competencias, de las cuales se debían tomar los mejores 4 resultados.

La primera victoria puntuable del año, fue para el argentino Fangio al mando de la temida Alfetta. Debido a la lluvia, el francés Henri Louveau se despistó, fracturándose la pierna, lo que le dio el raro privilegio de ser el primer herido en la historia de los grandes premios de la F1. La segunda fecha eran las 500 millas de Indianapolis, donde el local Lee Wallard y su Kurtis no tuvieron oposición europea. Luego vino Spa, donde Farina le dio la segunda victoria del año a la casa del Quadrifoglio verde.

En Francia, Fangio que compartió el auto con Fagioli, se quedó con la victoria, por delante de Ascari-Gonzalez, que también tuvieron que compartir la máquina. En Inglaterra se escribió una de las páginas más importantes de la Fórmula Uno, cuando Froilan Gonzalez, le dio la primera victoria de la historia a la casa de Maranello. En Alemania e Italia, Ascari con este modelo que nos acompaña, siguió enhebrando éxitos que lo llevaron a empatar la punta del campeonato junto con Fangio.

La última fecha era en España. Ahí el podio y el campeonato se vistieron de albiceleste, cuando Fangio con su Alfa Romeo 158 cruzó primero la meta, escoltado por su amigo y rival Gonzalez en su Ferrari 375.

La réplica de Brumm, es la correspondiente a la utilizada por Ascari durante todo el campeonato, y ya tiene más de 25 años encima. En el video, van a verla en acción. Las mujeres que acompañan, fueron pedidas al Cabo Reyes, puesto que después de la última entrada me he dado cuenta que le dan más importancia al mundo femenino que a los autos. Y está muy bien.


Buena semana y si se complica, todos atrás y Dios de nueve.

martes, 8 de octubre de 2013

Ferrari 159 S (1947)

Muchas veces suceden hechos que no le damos mayor importancia, de la que suponemos debe tener. Vemos una carrera, un auto, o un piloto por primera vez y creemos que es solo un paso de un soñador que no va a llegar muy lejos. Pero a veces podemos estar ante un hecho que cambie la industria automotriz y no lo vamos a creer hasta que no pase el suficiente tiempo, como para que lo juzguemos a la distancia. Seguro que eso deben haber pensado los que vieron el Ferrari 159 S de 1947. La historia continúa así.

El auto Avio Costruzione 815 que vimos en su momento, fue el primer auto diseñado bajo las órdenes de Don Enzo, pero como habíamos dicho, su motor provenía de la también casa italiana, Fiat. Es por eso, que para los más refinados historiadores, el primer Ferrari de pura cepa es el 125. El mismo se trataba del primer vehículo que llevaba como nombre a “Ferrari”, a la vez que poseía el primer motor propio.

Se trataba de un automóvil con carrocería abierta como el 815, con espacio para piloto y acompañante. En lugar de usar el 8 cilindros de Fiat, se utilizó el primer V12 de la casa de Maranello diseñado por Gioachino Colombo, y que tenía una cilindrada de 1500 cc. Tenía una configuración de 2 válvulas por cilindro y era alimentado por tres carburadores Weber, que le permitía disponer de unos 118 CV.

Deportivamente, recuerden que durante años los Ferraris solo se fabricaron para las carreras, el debut fue en el Circuito de Piacenza el 11 de mayo de 1947 (¿Será fiesta patria en Italia?). Se alistan solo dos autos, uno para Franco Cortese y otro para Giuseppe Farina, ya que Enzo no quería fabricar más unidades, puesto que ya pensaba en su sucesor. Durante la clasificación Cortese queda como escolta, mientras que Nino hace el sexto tiempo.

Sin embargo, Farina tiene un par de accidentes en los entrenamientos, por lo que reclama la unidad de su compañero. Al negársela, se va del circuito y el día de la carrera solo se presenta la unidad de Cortese. Como todo debut, había detalles por solucionar, por lo que no llama la atención, que todo haya terminado en un abandono, por problemas en la bomba de nafta. Sin embargo, en boca de Il Commendatore, se trató de un fracaso prometedor, ya que su piloto Franco Cortese, le había presentado batalla a las  Maserati 6CS.

Luego de este primer paso, el 125 y Cortese tuvieron su revancha a los 15 días, cuando se quedaron con el Gran Premio de Roma. Esa es la primera victoria de la marca Ferrari en la historia. A este éxito le siguieron 5 victorias más en un total de 12 presentaciones. No conforme con este primer paso, Don Enzo le había encargado a Colombo una mejora en los motores, con el fin de mejorar su perfomance. La solución está en aumentar la cilindrada a 1.9 litros, llegando a una potencia de 125 CV y ubicarlo en la misma carrocería que el 125. De esta manera nace el modelo 159 S
 
Su debut, fue otra vez en manos de Franco Cortese en el Gran Premio de Pescara, el 15 de agosto de 1947. Enseguida toma la punta, pero a las pocas vueltas debe ingresar a los boxes por problemas en la lubricación. Al momento de volver a pista, el motor se apaga y pierde más minutos. Cuando al fin logra volver, Franco descuenta metros sin parar al puntero quien manejaba un Stanguellini 1100, pero finalmente debe conformarse con el segundo puesto. Ese modelo en particular, con el número 21 en sus laterales es el que nos acompaña.

El 159 se presenta en dos ocasiones más. El 28 de septiembre se corre en Modena, donde el interés está centrado en el duelo Ferrari – Maserati. Cortese rápidamente toma la delantera, pero problemas en su motor lo hacen ingresar a boxes. En ese momento también circulaba por esa zona el Delage de Giovanni Bracco que en un intento de esquivar a la Ferrari, hace una mala maniobra y termina contra una de las tribunas provocando varias muertes. Por este hecho Cortese es investigado y las autoridades municipales deciden construir un autódromo tendiente a mejorar la seguridad del público.

La última aparición de este modelo fue el 12 de octubre de 1947 en el Gran Premio de Italia. En esta ocasión, el piloto fue el francés “Corazón de León” Raymond Sommer, quien debió lidiar por más de cuatro horas contra las Maseratis y más poderosos Delage y Talbot franceses, para obtener la primera victoria internacional del Cavallino Rampante

En el video, pueden ver al Auto Avio Costruzione y al 125 en manos de dos expertos pilotos. La miniatura es de Brumm, de la época en que lucían orgullosos su "Made in Italy"

Saludos y buena semana Flaca.

Un clásico devorando litros....

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