Hace un
tiempo, nuestro colega Gaucho Man, nos contaba la desilusión con la que se
había topado, cuando descubrió, que un modelo que había comprado hace tiempo, y
no sin esfuerzo, terminó en un coleccionable a un precio mucho menor. Pensándolo bien, esta vicisitud del coleccionista, la tome como parte del juego
de un mercado que a veces nos inunda con una marca y luego desaparece y no lo
dramaticé tanto como hizo nuestro amigo. Pero claro, cuando descubrí que el
Mercury Cougar de 1968 que me había comprado, era el mismo que un
coleccionable, no pude dejar de acordarme del Gaucho…
La primera incorporación fue el de color naranja. Un
Universal Hobbies, que me lo compré como premio, ya que era fecha próxima a mi
cumpleaños y había tenido un año feliz, hablando facultativamente. Recuerdo que
fue mi primer UH, y hasta el momento el único, y lo compré como si fuese la
frutilla del postre. Ya lo tenía visto, pero en el negocio, lo observé durante
un largo rato, como si lo estuviese estudiando, cuando en verdad la decisión ya
estaba tomada, a pesar de que el precio era el doble a los que comúnmente
adquiría por esa época.
Obvio que aún conservo la caja de cartón, la base y la tapa
acrílica, puesto que en el momento de la compra sentía un orgullo especial, a
pesar de que sabía que no era una gran pieza, debido a la situación económica
personal que me lo hacía ver como si fuese el Rolls Royce de las miniaturas. Años
después me crucé con un coleccionista que se quiso desprender de parte de su
colección de DelPrado. Lo que en un principio iban a ser un par de modelos, se
terminó convirtiendo en media colección. Y entre ellos estaba el nuevo Cougar,
el verde.
Lo había visto apenas en una foto muy pequeña y aunque se lo
veía similar, pensé que no vendría mal tenerlo para compararlo a su gran
hermano de UH. Cuando lo tuve, el primer pensamiento fue “Que parecido al que
tengo”. Pero tratando de no encontrarle similitudes, opté por encontrarle
diferencias. Y como no había ninguna en mi memoria, lo primero que hice al
llegar a casa fue ponerlos juntos. Y por supuesto que no había nada de
distintos. Hasta los dí vuelta para ver la parte inferior, todo igual. Lo
primero que pensé fue: “Gaucho y la gran siete” (Perdón Gaucho). Lo segundo
fue: “Al menos son de distinto color”.
En fin, así es la vida del coleccionista, pero pasemos a la
de Mercury que es mucho más atractiva. En 1938, Edsel Ford hijo de Henry,
pensaba que había una brecha muy grande entre los populares Ford y los alta
gama Lincoln. La idea era establecer una línea intermedia, para cubrir esa
franja de mercado que no se sentía identificada por los productos Ford. Primero
se pensó en un nuevo modelo Ford, pero luego se abrió el juego hacia una nueva
marca. Entre los más de 100 nombres que se barajaron, se eligió el de Mercury,
en honor Mercurio, Dios del Comercio en la mitología romana, que con su casco
alado, podía viajar rápidamente de un lugar a otro.
El primer modelo fue presentado en 1939 y aunque en un
principio se pensó en venderlo como Ford-Mercury, se presentó como Mercury
Eight, para expresar que era una nueva marca. Pero mecánicamente era un Ford
más grande. El chasis era el mismo agrandado 10 centímetros y el
motor V8 se lo llevó a 3.9 en lugar de los 3.6 del Ford. La carrocería era
similar a la original pero con líneas más fluidas, tomadas del Lincoln Zephir,
con los parantes más finos que los usados en ese momento. Y el resultado fue
muy bueno, pensando que se hicieron mas de 230.000 unidades en una década, con la Segunda Guerra Mundial de por
medio.
Esos fueron los inicios de la marca, que con el paso del
tiempo se convirtió en un referente del mercado americano. Los Cougars que nos
acompañan pertenecen a la primera generación del modelo que fue presentado en
1967. Como ocurrió con el primer auto de la marca, tomaba varias piezas
prestadas de la casa matriz como por ejemplo el chasis proveniente del Mustang,
obviamente alargado en 8
centímetros . El ancho también era considerable y como su
altura apenas llegaba a los 132 centímetros , le daba un aspecto muy
deportivo.
Otro punto muy característico era su frontal, con pequeñas
barras verticales que escondían el juego de faros dobles. Este artilugio
estético también se lo podía ver en la parte trasera, donde a ambos lados de la
patente se podía ver el juego de luces similar a las barras verticales
delanteras. El largo capot, pretendía dar una imagen de potencia que se respaldaba
en su oferta de motores, que iba desde el modesto 4.7 litros a los
obscenos 7 litros
de cilindrada y más de 400 caballos de fuerza.
Esta coupé, fue un intento de hacer más europeo a su hermano
Mustang, a los ojos de los americanos. Y fue la primera vez que la marca
Mercury brillo con luz propia. Lamentablemente, hoy ya no existe como
fabricante pero seguramente, en algún momento resurgirá. Para que disfruten de
la comparativa forzada, les dejo las fotos de mis dos “gatitos”. El verde pertenece
al número 43 de “Car Collection” de editorial DelPrado. Para los que disfrutan
de autos musculosos les dejo un lindo video.
Saludos y buena semana!!!!!!!