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martes, 7 de marzo de 2023

DKW F89 L Combi (1960)

-¿Y ahora qué pasa, eh?

Estábamos yo, Alex, y mis tres drugos, Pete, Georgie y el Lerdo, que realmente era lerdo, sentados en el bar lácteo Korova, exprimiéndonos los rasudoques y decidiendo qué podríamos hacer esa noche, en un invierno oscuro, helado y bastardo aunque seco. El bar lácteo Korova era un mesto donde servían leche-plus, y quizás ustedes, oh hermanos míos, han olvidado cómo eran esos mestos, pues las cosas cambian tan scorro en estos días, y todos olvidan tan rápido, aparte de que tampoco se leen mucho los diarios. Bueno, allí vendían leche con algo más.
No tenían permiso para vender alcohol, pero en ese tiempo no había ninguna ley que prohibiese las nuevas vesches que acostumbraban meter en el viejo moloco, de modo que se podía pitearlo con velocet o synthemesco o drencrom o una o dos vesches más que te daban unos buenos, tranquilos y joroschós quince minutos admirando a Bogo y el Coro Celestial de Angeles y Santos en el zapato izquierdo, mientras las luces te estallaban en el mosco. O podías pitear leche con cuchillos como decíamos, que te avivaba y preparaba para una piojosa una-menos-veinte, y eso era lo que estábamos piteando la noche que empieza mi historia.

Teníamos los bolsillos llenos de dengo, de modo que no había verdadera necesidad de crastar un poco más, de tolchocar a algún anciano cheloveco en un callejón, y videarlo nadando en sangre mientras contábamos el botín y lo dividíamos por cuatro, ni de hacernos los ultraviolentos con alguna ptitsa tembleque, starria y canosa en una tienda, y salir smecando con las tripas de la caja. Pero como se dice, el dinero no es todo en la vida.

Los cuatro estábamos vestidos a la última moda, que en esos tiempos era un par de pantalones de malla negra muy ajustada, y el viejo molde de la jalea, como le decíamos entonces, bien apretado a la entrepierna, bajo la nalga, cosa de protegerlo, y además con una especie de dibujo que se podía videar bastante bien si le daba cierta luz; el mío era una araña, Pete tenía una ruca (es decir, una mano), Georgie una flor muy vistosa y el pobre y viejo Lerdo una cosa bastante fiera con un litso (quiero decir, una cara) de payaso, porque el Lerdo no tenía mucha idea de las cosas y era sin la más mínima duda el más obtuso de los cuatro.
Además, llevábamos chaquetas cortas y ajustadas a la cintura, sin solapas, con esos hombros muy abultados (les decíamos plechos) que eran una especie de parodia de los verdaderos hombros anchos. Además, hermanos míos, usábamos esas corbatas de un blanco sucio que parecían de puré o cartófilos aplastados, como si les hubieran hecho una especie de dibujo con el tenedor. Llevábamos el pelo no demasiado largo, y calzábamos botas joroschós para patear.

-¿Y ahora qué pasa, eh?

Había tres débochcas juntas frente al mostrador, pero nosotros éramos cuatro málchicos, y en general aplicábamos lo de uno para todos y todos para uno. Las pollitas también estaban vestidas a la última moda, con pelucas púrpuras, verdes y anaranjadas en las golovás, y calculo que cada una les habría costado por lo menos tres o cuatro semanas de salario, y un maquillaje haciendo juego (arcoiris alrededor de los glasos y la rota pintada muy ancha).
Llevaban vestidos largos y negros muy derechos, y en la parte de los grudos pequeñas insignias plateadas con los nombres de distintos málchicos. Joe, Mike y otros por el estilo. Seguramente los nombres de los diferentes málchicos con los que se habían toqueteado antes de los catorce. Miraban para nuestro lado, y estuve a punto de decir (por supuesto, torciendo la rota) que saliéramos a polear un poco, dejando solo al pobre y viejo Lerdo. Sería suficiente cuperarle un demi-Iitre de blanco, aunque esta vez con algo de synthemesco; pero la verdad es que no habría sido juego limpio. El Lerdo era muy fiero y tal cual su nombre, pero un peleador de la gran siete, de veras joroschó y un as de la bota.

-¿Y ahora qué pasa, eh?

 

(Anthony Burgess: “La Naranja mecánica” 1962)

sábado, 23 de julio de 2011

Volkswagen Combi (1965)

La regla dice que, tanto rurales, camionetas o simplemente furgones surgen de un auto convencional. Pero hay un modelo que nació para el trabajo y si bien cumplió con esto a destajo, también se destacó como el auto familiar por excelencia para recorrer largas distancias con la familia, disfrutando tanto del viaje como del destino. Y no es que este automóvil lo lleve a uno a gran velocidad o el confort de marcha sea sublime, sino que ha hecho que el viaje sea una experiencia compartida por toda la familia, incluida la mascota. Los invito a que se suban a la Volkswagen Combi de 1965. Hay lugar para todos.

La historia es sencilla y bastante conocida. A fines de la Segunda Guerra Mundial, la fábrica Volkswagen estaba ocupada por los norteamericanos que habían invadido Alemania. La idea original de ellos, era el desguase de la misma, por entender que representaba a la industria nazi. Pero la insistencia del jefe de planta Rudolf Brörmann, logró disuadir a los aliados de la decisión y es así como la planta de Stadt des KdF-Wagen se salvo y cambió su nombre al de Wolsburgo. Al hacer la división de Alemania entre los aliados, dicha planta quedó en manos inglesas, que de momento no tenían ninguna intención de reactivarla. Pero la misma seguía teniendo a sus empleados, que solo desarrollaban la tarea de limpieza y remoción de escombros a cambio de la ración diaria de comida.

Claro que los británicos también tenían sus necesidades, y entre ellas estaban sus vehículos, los cuales muchos de ellos no funcionaban por piezas faltantes. Y los alemanes de manera espontánea, tal vez con la intención de congraciarse o de obtener algún beneficio, se ofrecieron para recuperarlos. Este tímido comienzo, lleno de sacrificio y de capacidad, hizo que prontamente, la planta, tomara fama por la calidad de las reparaciones. Los ingleses nombraron al Mayor Ivan Hirst como director de la empresa, quien reconocía el trabajo de la fábrica como un gran potencial. Y en base a sobrantes, logra fabricar el modelo alemán llamado Schwimmwagen, con el cual desafía a los conocidos Jeeps ingleses demostrando las bondades de este vehículo alemán. Es así que logra disuadir al alto mando y el ejército autoriza la compra de 20.000 unidades de este modelo. Y más allá de todas las adversidades que se tuvieron para cumplir con la orden de compra, este fue el punto inicial para la resurrección de Volkswagen.

En 1947 se presenta el holandés Ben Pon, quien era el importador de Volkswagen en los Países Bajos, con la intención de negociar nuevos modelos para aumentar el comercio en Holanda. Entre sus requerimientos, sacó un primitivo boceto hecho a lápiz en un anotador, donde se veía un vehículo rectangular, más parecido a un pan lactal o pan de molde que a un vehículo, donde el conductor se encontraba bien adelantado, evitando que el automóvil tenga morro, y el motor en la parte trasera. En el medio, quedaba suficiente espacio para cargar 750 kg. El proyecto queda estancado por un año, hasta que cambio de autoridades de por medio, deciden seguir adelante. Las dos primeras cabinas, debido a su forma angular, resultaron un fracaso cuando son testeadas en el túnel de viento de una escuela técnica. Dicha escuela, hace una tercera cabina, de formas redondeadas, con la que se consigue bajar el coeficiente aerodinámico.

Ahora la cabina, es montada sobre el chasis del conocido escarabajo. Y obviamente el resultado es muy malo, ya que era muy frágil para resistir toda la carga. Otra vez, el proyecto entra en una meseta, hasta que en 1950, se fabrica un nuevo chasis más resistente, se le da una pequeña modificación a la carrocería, se mejoran los frenos y el motor. Para el nombre se elige el de Transporter y finalmente el 8 de marzo de 1950 entra en producción, llegando a fabricarse el primer año más de 8.000 unidades.
Esta versión T1 se mantuvo hasta 1967, con casi dos millones de Combis fabricadas en todas las versiones que uno puede imaginar. Las hubo del tipo furgón sin ventanillas, las había con puertas corredizas en los laterales, servían de ambulancias, para los bomberos, de camping, con caja estilo pick up y también había una con 7 plazas y estaba la Samba con los vidrios curvos sobre la esquina del techo.


Espero que les haya gustado este modelo, que seguro alguna vez, todos hemos disfrutado. Les dejo un video y las fotos de la réplica perteneciente al fascículo 50, de la colección “Taxis del Mundo”, edición Argentina, editorial Altaya.

Saludos y buena semana para todos!!!!!

Un clásico devorando litros....

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