“…Estévez lidera una
nueva generación de jóvenes sin miedo, que queman el asfalto de las calles de
Nueva York y las pistas de carreras en sus autos japoneses modificados. En el
atardecer, se adueñan de las calles. Rugiendo y zumbando en manada, sus autos
se arrastran por el asfalto con grandes alerones traseros y ploteados con
colores brillantes, que se fusionan con las calles laterales de la parte alta
de Manhattan, en la ya congestionado de autos Henry Hudson Parkway.
Zigzagueando de un lado a otro como kartins con complejo de jets, se detienen
en una esquina, bloqueando tres carriles de autos en preparación para la infame
carrera de milla y media.

Un Nissan 300ZX negro
y un Mitsubishi Starion blanco salen del grupo y van lentamente a la línea.
Mientras el sol baila con el río cercano, el sonido de los parlantes de los
autos y los demás conductores gritando, se ahogan por la explosión sónica del
sonido de los motores acelerando antes del despegue. Un fornido latino con una
remera amarillo brillante esta en medio de “la pista” y levanta sus manos.
Ambos autos se sacuden y se detienen como pitbulls encadenados, sus escapes
escupen un humo negro. Las manos caen.
10 MPH: Desde la salida, el
Nissan sale adelante con un auto de distancia.
40 MPH: Aun en primera, el piloto
cambia rápidamente a segunda marcha, su cabeza se agita hacia atrás. Las gomas
hacen un breve chillido.
100 MPH: El Starion se acerca.
Hay un momento de vacilación donde parece que el Nissan podría perder. Esto
solo dura una centésima de segundo.
160 MPH: Apretando los dientes,
el hombre detrás del volante del Nissan comienza a temblar por la velocidad; su
visión se torna borrosa. El no ve el Starion acercarse.
Cruzando la línea de meta, el
piloto del Nissan, Rafael Estévez, gana por auto de distancia. En menos de un
minuto, el joven en el Mitsubishi ha perdido $7,500 dólares. Lleno de
confianza, Estévez lo desafía inmediatamente por 2.500 dólares y le ofrece una
ventaja de varios coches y le gana de nuevo.

Estévez, un Dominicano
corredor callejero de Washington Heights, es considerado un gangster entre una
creciente legión de jóvenes adictos a la velocidad que aterrorizan los
callejones, carreteras, y las pistas de carreras alrededor de la ciudad de
Nueva York. El frenesí de las carreras de urbanas, inició a principio de los 90
por un grupo muy unido de jóvenes de origen asiático en el sur de California y
ahora es muy activo en la costa este. Los cientos de jóvenes que se agrupan en
los lugares más activos de New York como el Francis Lewis Boulevard en Queens y
la Fountain Avenue en Brooklyn cada fin de semana son un plurilingüe urbano de
Puertoriqueños, Dominicanos, Chinos, Filipinos, Jamaiquinos, Italianos y otros
grupos étnicos que solo tienen una cosa en común: Aman la sensación de ir a
toda velocidad, el sonido del metal y el caucho que se produce al conducir a
velocidades peligrosas en la jungla de concreto.

Los hombres jóvenes
siempre han estado fascinados con ajustar y modificar los big block Chevys y
Mustangs desde los días de “Rebeldes sin causa”. Pero los nuevos no estaban de acuerdo
con conducir Muscle Cars de antaño. En cambio, están modificando autos
japoneses de bajo presupuesto como los Honda Civic y Acura Integra, tatuandolas
como los skateboards con stickers. Al modificar los motores, agregan
superchargers y el uso de nitro, pueden salir disparados en cualquier semáforo
y hacerlo con un “rice burner” (“Quemador de arroz” es un término peyorativo
aplicado originalmente a las motocicletas japonesas y que luego se expandió
para incluir automóviles japoneses o cualquier vehículo fabricado en el este de
Asia), que sus madres deberían conducir es algo arrogante.

“Otras personas
sienten emoción al usar drogas o lo que sea. La velocidad nos excita”, pocos
como Estévez saben lo que se siente. Con 6 pies de altura, hombros caídos y
saludable, el escribe sus propias reglas. Olvídate del valor, compasión, honor;
en su libro eso es sinónimo de llegar segundo. “La gente dice que hago trampa
siempre”, explica Estévez, y una gran sonrisa aparece en su rostro. “Ellos
dicen que me salto el arranque, que hago esto, que hago lo otro. La carrera es
una guerra. Si traes un cuchillo y yo traigo una ametralladora, estas muerto.
Es todo.”
Regla callejera #1:
Acelera antes que las manos bajen.
“Cada vez que alguien
va a arrancar, siempre hace algo con el cuerpo” dice Estévez. “Justo antes de
soltar el embrague, usualmente se inclinan adelante. Yo no miro a quien da la
arrancada (el que está entre los dos autos). Yo solo espero que la otra persona
se mueva y me aseguro de arrancar antes que él”. Juan J. Sánchez, compañero de
carreras de Estévez desde hace 16 años, lo describe como una persona imbatible.
“La mitad de la carrera es psicología, y él está mentalmente preparado” dice Sánchez.
“

Cuando era niño, Estévez
recuerda estar paralizado frente a la TV cada semana para ver los Dukes de
Hazzard. “Los Dukes hacían muchas acrobacias, volaban por el aire y siempre
eran perseguidos por la policía”, recordaba. “La mejor parte era que siempre
escapaban”. Las fantasías de Estévez de escaparse de ley se harían realidad
cuando descubriría “La Pista” entre la 190 y Amsterdam Avenue, en el alto Manhattan.
En muchas húmedas noches de verano entre las luces color caramelo de las
bodegas y el sonido del merengue y el hip-hop, un joven Estévez venía a
estudiar la técnica de los mejores veteranos.
Su primer auto fue un
auto para “ir al supermercado”, un
Datsun 510 naranja del 1972 el cual armo y
desarmo cientos de veces para hacerlo más rápido. Cuando cumplió 16, Estévez
dejo la escuela y dedico todo su tiempo a los autos. Trabajo en diferentes
talleres, puliendo sus habilidades con los autos de otras personas. Todo su
dinero iba directo a su propia máquina. Constantemente reconstruía su auto,
forjando su reputación cada vez que vencía a otro amigo. Esa fue la era dorada
de las carreras callejeras, cuando las apuestas subían y las reputaciones caían
en un abrir y cerrar de ojos, pero la policía comenzó a tomar medidas en el
asunto.

“Es un problema real”
dijo el jefe de la policía de Nueva York Michael Ansbro, quien presencio a los
corredores cerrar las calles para sus carreras a la milla en el Henry Hudson freeway.
“No podía creerlo, cuantas personas iban cruzándose dentro y fuera del tráfico.
Yo iba a 60 y cuando menos lo pensabas, ellos pasaban volando por mi lado.” El
verano pasado, en una operación conjunta con la policía de carretera y the
local 24th Precinct dirigieron su atención a las carreras ilegales en la 190 y
Amsterdam. Entre julio y diciembre de 1997, la policía había puesto 310 multas
por velocidad y 150 citaciones por diferentes violaciones. Ahora, un auto de la
policía sin identificación trabaja junto a otro identificado para atrapar a los
demonios en la Henry Hudson….”
Esto es un extracto de
la revista VIBE, llamado “RACER X” escrito por Ken Li en 1998 (
Click para leerlacompleta). Este artículo fue la inspiración para escribir la primera película
de “Rápidos y Furiosos”, cuyo título fue sacado de la película homónima de 1955
(
Aquí pueden verla, es muy interesante). El resto de la saga es historia.
La réplica corresponde
a la colección española en 1/43.