Para el que
no está habituado a la colección de Juanh, les digo que él, disfruta de todo
automóvil que tenga un número en su dorsal. Eso es tener las cosas claras, si
el auto es de competición, tiene luz verde para ingresar a su vitrina. Y su
insistencia por ver autos de carreras, me llevó a buscar un auto “racing”. Para
completar la elección y como mi capacidad de imaginación, digamos que los
últimos años no tiene demasiado vuelo, opte por buscar inspiración en alguno de
sus blogs. Y Conry me ha inspirado con su entrada del 1100 de Mille Miglia. Así
fue el camino recorrido para llegar a la Maserati A6 GCS de 1954.
Pero en
esto de buscar ideas en v/blogs, me llamó la atención detectar, que son muy
pocos los que cuentan tanto con autos civiles como con autos de competición.
Diría que el que colecciona autos de carreras, no los mezcla con vehículos
citadinos. Y aquel cuya colección se alimenta de miniaturas urbanas, no va a
interrumpir su selección por un veloz devorador de circuitos. Ni hablar si es
por ejemplo un monoposto, puesto que no solo la decoración lo hace hereje, sino
que sus formas lo hacen destinatario de todos los improperios del
coleccionista.
Reconozco
que mi falta de límites, es porque me gustan los autos. Dichas máquinas, me
inspiran una devoción, más allá del fin con el cual fueron concebidas. Ver un
vehículo que ha ayudado a la movilización de un pueblo, me despierta tanta
curiosidad como aquel que salió último en la única competencia que trato de
recorrer. Se que a todos no le gustan las carreras, pero pensé que era más
factible que si gusten las miniaturas de carreras.
La Maserati A6 (Nunca supe porque los autos italianos son femeninos. ¿Son una
belleza?), fue presentada apenas finalizada la guerra, en una Italia muy
empobrecida por la contienda. La idea era ofrecer un nuevo chasis tubular, con
un motor de 1500 cc y que los carroceros de la época se encarguen de vestirlo.
Así uno puede encontrar vehículos diseñados sobre este bastidor, de artistas
como Zagato, Vignale en versiones coupé, Pininfarina hacía berlinas, Frua
modelos spider, Scaglietti tomó este bastidor para hacer autos de carreras y
Fantuzzi hizo la conocida monofaro y otros monopostos.
La “A”
correspondía a Alfieri Maserati,
mientras que el “6”
es por los cilindros, y oficialmente se presentó en el salón de Ginebra de
1947, vestida para la ocasión por Pininfarina. Se trataba de una berlina que no
fue bien recibida, no tanto por sus formas sino por su pequeño motor, que no
despertaba admiración entre los velocistas de esos años.
La solución
vino por el aumento de la cilindrada a 2000 cc. Así nació la A6G 2000, donde la “G” se debe a
Ghisa (fundición) ya que el block en
los primeros modelos era de aluminio. Y para que quede bien clara sus
intenciones se le agregó el “CS”, Corsa
y Sport.
Fantuzzi no
solo hizo la monofaro, sino que trabajó en la denominada A6 GCM, la cual obtuvo
una única victoria en el Campeonato del Mundo de Fórmula Uno en 1953, en
ocasión del Gran Premio de Italia a manos de Juan Manuel Fangio. Ese éxito, más
tres segundos puestos, le valieron el subcampeonato para el argentino. Sus
coterráneos Froilán González y Onofre
Marimón también estuvieron al volante de la GCM, llegando ambos al podio. La sucesora en las
pistas fue la 250F,
con la cual el 1957 el Chueco se hizo de su quinto campeonato.
Pero
volviendo a la A6,
este modelo en particular con un motor de 2 litros participó de las
Mille Miglia italiana de 1954 ganadas por Alberto Ascari, a manos de la dupla Sergio
Ferraguti y Fausto Gualdi, los cuales no pudieron terminar la prueba.
La réplica
es de Metro para el fascículo 3 de la colección de Hachette de las “1000 Miglia
La Leyenda”,
edición italiana.
En el vídeo, aunque las imágenes no ayudan, se puede ver parte de la carrera.
Nos vemos en la próxima entrada, saludos este fin
de semana para todos los padres y si no les gusta este auto, pueden andar en
una mula plateada.