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viernes, 29 de marzo de 2024

Volkswagen Golf 5 Plus (2005)

El 3 de diciembre, el viento cambió de la noche a la mañana, y llegó el invierno. Hasta entonces, el otoño había sido suave y apacible. Las hojas, de un rojo dorado, se habían mantenido en los árboles y los setos vivos estaban verdes todavía. La tierra era fértil en los lugares donde el arado la había removido.

Nat Hocken, debido a una incapacidad contraída durante la guerra, disfrutaba una pensión y no trabajaba todos los días en la granja. Trabajaba tres días a la semana y le encomendaban las tareas más sencillas: poner vallas, embardar, reparar las edificaciones de la granja…

Aunque casado, y con hijos, tenía tendencia a la soledad; prefería trabajar solo. Le agradaba que le encargasen construir un dique o reparar un portillo en el extremo más lejano de la península, donde el mar rodeaba por ambos lados a la tierra de labranza. Entonces, al mediodía, hacía una pausa para comer el pastel de carne que su mujer había cocido para él, y sentándose en el borde de la escollera, contemplaba a los pájaros. El otoño era época para esto, mejor que la primavera. En primavera, los pájaros volaban tierra adentro resueltos, decididos; sabían cuál era su destino; el ritmo y el ritual de su vida no admitían dilaciones. En otoño, los que no habían emigrado allende el mar, sino que se habían quedado a pasar el invierno, se veían animados por los mismos impulsos, pero, como la emigración les estaba negada, seguían su propia norma de conducta. Llegaban en grandes bandadas a la península, inquietos; ora describiendo círculos en el firmamento, ora posándose, para alimentarse, en la tierra recién removida, pero incluso cuando se alimentaban, era como si lo hiciesen sin hambre, sin deseo. El desasosiego les empujaba de nuevo a los cielos.

Blancos y negros, gaviotas y chovas, mezcladas en extraña camaradería, buscando alguna especie de liberación, nunca satisfechas, nunca inmóviles. Bandadas de estorninos, susurrantes como piezas de seda, volaban hacia los frescos pastos, impulsados por idéntica necesidad de movimiento, y los pájaros más pequeños, los pinzones y las alondras, se dispersaban sobre los árboles y los setos.

Nat los miraba, y observaba también a las aves marinas. Abajo, en la ensenada, esperaban la marea. Tenían más paciencia. Pescadoras de ostras, zancudas y zarapitos aguardaban al borde del agua; cuando el lento mar lamía la orilla y se retiraba luego dejando al descubierto la franja de algas y los guijarros, las aves marinas emprendían veloz carrera y corrían sobre las playas. Entonces, les invadía también a ellas aquel mismo impulso de volar. Chillando, gimiendo, gritando, pasaban rozando el plácido mar y se alejaban de la costa. Se apresuraban, aceleraban, se precipitaban, huían; pero ¿adonde, y con qué finalidad? La inquieta urgencia del melancólico otoño había arrojado un hechizo sobre ellas y debían congregarse, girar y chillar; tenían que saturarse de movimiento antes de que llegase el invierno.

«Quizá —pensaba Nat, masticando su pastel de carne en el borde de la escollera— los pájaros reciben en otoño un mensaje, algo así como un aviso. Va a llegar el invierno. Muchos de ellos perecen. Y los pájaros se comportan de forma semejante a las personas que, temiendo que les llegue la muerte antes de tiempo, se vuelcan en el trabajo, o se entregan a la insensatez.»

Los pájaros habían estado más alborotados que nunca en este declinar del año; su agitación resaltaba más porque los días eran muy tranquilos. Cuando el tractor trazaba su camino sobre las colinas del Oeste, recortada ante el volante la silueta del granjero, hombre y vehículo se perdían momentáneamente en la gran nube de pájaros que giraban y chillaban. Había muchos más que de ordinario. Nat estaba seguro de ello. Siempre seguían al arado en otoño, pero no en bandadas tan grandes como ésas, no con ese clamor.

Nat lo hizo notar cuando hubo terminado el trabajo del día.

— Sí —dijo el granjero —, hay más pájaros que de costumbre; yo también me he dado cuenta. Y muy atrevidos algunos de ellos; no hacían ningún caso del tractor. Esta tarde, una o dos gaviotas han pasado tan cerca de mi cabeza que creía que me habían arrebatado la gorra. Como que apenas podía ver lo que estaba haciendo cuando se hallaban sobre mí y me daba el sol en los ojos. Me da la impresión de que va a cambiar el tiempo. Será un invierno muy duro. Por eso están inquietos los pájaros.

Al cruzar los campos y bajar por el sendero que conducía a su casa, Nat, con el último destello del sol, vio a los pájaros reuniéndose todavía en las colinas del Oeste. No corría ni un soplo de viento, y el grisáceo mar estaba alto y en calma. Destacaba en los setos la coronaria, aún en flor, y el aire se mantenía plácido. El granjero tenía razón, sin embargo, y fue esa noche cuando cambió el tiempo. El dormitorio de Nat estaba orientado al Este. Se despertó poco después de las dos y oyó el ruido del viento en la chimenea. No el furioso bramido del temporal del Sudoeste que traía la lluvia, sino el viento del Este, seco y frío. Resonaba cavernosamente en la chimenea, y una teja suelta batía sobre el tejado. Nat prestó atención y pudo oír el rugido del mar en la ensenada. Incluso el aire del pequeño dormitorio se había vuelto frío: por debajo de la puerta se filtraba una corriente que soplaba directamente sobre la cama. Nat se arrebujó en la manta, se arrimó a la espalda de su mujer, que dormía a su lado, y quedó despierto, vigilante, dándose cuenta de que se hallaba receloso sin motivo.


(Daphne du Maurier: "Los Pájaros" 1952)

domingo, 31 de julio de 2011

Jordan Peugueot 197 (1997)

Hoy en día, es raro ver al fundador de un equipo de Formula Uno paseando por los boxes. Los casos actuales son los de Sauber, comandado por el suizo Peter Sauber y la ya legendaria Williams al mando, de su fundador Sir Frank. Sin embargo, hasta hace unos pocos años había otra escudería, cuyo creador todavía puede verse por los paddocks de los Grandes Premios. Se trata del irlandés Edmund Jordan, quien durante años estuvo al mando de su equipo, hoy Force India, logrando un lugar en la historia de la máxima categoría. Es por eso que los invito a disfrutar del Jordan Peugueot 197 de 1997.

“Eddie” nació en Irlanda en 1948, y su inicio en el automovilismo ocurrió, cuando a la edad de 22 años, por circunstancias ajenas a él, observó una carrera de karting, que le llamo la atención. A partir de ese momento, compitió en esta categoría, obteniendo el campeonato Irish Kart de 1971. Sin embargo, su vida como piloto fue corta y rápidamente pasó a dirigir sus equipos Eddie Jordan Racing de Formula 3 y Formula 3000, donde obtuvo el campeonato de 1989 con un joven Jean Alesi al volante.

En 1991 desembarca en la Formula Uno el equipo Jordan Grand Prix, cuyos autos eran motorizados por Ford, con los pilotos Andrea De Cesaris y Bertrand Gachot. Sin embargo el belga, pocos días antes del Gran Premio de Bélgica, sufría un choque en pleno centro de Londres, que lo pondría tras las rejas, por arrojarle gas paralizante al otro conductor. De apuro, Jordan confirma el debut de un novato para el mítico Spa. El principiante sorprende a todos con un séptimo puesto en clasificación, aunque en carrera no supera los 500 metros debido al embrague. ¿El nombre? Michael Schumacher.

Ese año logran puntuar en 7 ocasiones, llegando quintos en la copa de constructores. Para 1992, utilizan los pobres motores Yamaha, que junto a la poca experiencia de sus pilotos Modena y Gugelmin, apenas obtienen un punto y el puesto número once en la copa. En 1993 firma contrato para usar los motores Hart por dos años. Sin embargo, esta alianza tampoco daría sus frutos ya que sus pilotos Barrichello y Boutsen solo obtienen 3 puntos y el décimo puesto en el campeonato. En 1994, se logra un salto de calidad, y Barrichello logra el primer podio de la marca. Así, junto a Irvine consiguen llevar a la escuadra a un meritorio quinto puesto.
1995 es el primer año con Peugueot, que venía de triunfar en Le Mans con el 905. Irvine le da un podio, pero no mejoran lo hecho en el año anterior y terminan en el sexto puesto. En 1996, las cosas no son diferentes, a pesar de la partida de Irvine y el ingreso de Brundle, el equipo sigue a mitad de tabla y finalizan quintos con 22 puntos.

En 1997, cambian la nómina de los pilotos e ingresan Ralf Schumacher y Giancarlo Fisichella. El modelo 197, obtiene excelentes parciales, pero la falta de experiencia de los pilotos y la debilidad de algunas partes mecánicas, hacen que se repita el quinto puesto, sumando 33 puntos y un podio para cada piloto. El año tuvo varios altibajos. En Melbourne, ambos deben abandonar. En Sao Paulo, solo Fisichella culmina en un octavo puesto. En la tercera fecha en Buenos Aires, los dos jóvenes pilotos chocan entre si, pero esto no fue impedimento para que Ralf consiga el último escalón del podio, aunque Giancarlo debió abandonar.

En Imola, el local llega cuarto, mientras que el alemán debe abandonar. En el intrincado Mónaco, la suerte sigue de parte del italiano que llega sexto, mientras que Schumacher tiene un accidente y abandona. En Montmelo, se repite la historia. Fisico noveno y Ralf afuera por problemas en el motor. Montreal no muestra cambios, Fisichella logra llegar tercero, mientras que el alemán abandona por otro accidente.
En Francia se produce la prohibición de las publicidades tabacaleras y los autos lucen una piel de serpiente en lugar de la propaganda de Benson & Hedges. Schumacher logra llegar en el último puesto puntable y Fisichella lo hace en el noveno lugar. La nota destacada es el debut del argentino Norberto Fontana en uno de los autos de Peter Sauber. En Silverstone, quinto puesto para el menor de los alemanes y septimo lugar para el italiano y en Alemania, el local repite posición, mientras que Fisico cae al puesto doce.

En Hungría, vuelven las publicidades y también Schumacher al quinto puesto. Su compañero queda afuera por un accidente. En Bélgica, Fisichella logra el mejor puesto, hasta ese momento para la escuderia, al lograr el segundo puesto detrás del canadiense Villeneuve. Su compañero sufre un fuera de pista.

En Monza se repite la historia. Ralf afuera y Giancarlo cuarto. En Zeltewg, los dos autos logran entrar en los puntos, al finalizar el italiano en cuarto puesto por delante del alemán. En Nürburgring es un caos cuando ambos autos quedan afuera después de chocar entre si. En Suzuka, a pesar de que los dos culminan la prueba, no hay mejoría, ya que ambos llegan fuera de la zona de puntos. Y en la última fecha, solo Giancarlo logra ver la bandera a cuadros en el puesto once.

Con este panorama, Fisichella logra el octavo puesto en la copa de conductores, Schumacher el puesto once y el Jordan Grand Prix, finaliza quinto en la Copa de Constructores detrás de Williams, Ferrari, Mc Laren y Benetton

La réplica que hoy nos acompaña es de la firma Minichamps y corresponde al automóvil que Ralf utlizó en una de las tres fechas que se corrieron sin las publicidades de las empresas tabacaleras (Francia, Inglaterra y Alemania). Les dejo un video y fotos de la réplica.
Saludos!!!!!!

Un clásico devorando litros....

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