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sábado, 23 de marzo de 2024

MG MGB Roadster (1962 - 1974)

El MGB estuvo en producción durante dieciocho años, entre 1962 y 1980, pero su concepción se produjo durante el período de su predecesor. El MGA estuvo en producción desde 1955 hasta mediados de 1962 y hasta ese momento era el auto deportivo de MG de mayor éxito, vendiendo más de 100.000 unidades en roadster y cupé en todo el mundo y sería el último auto deportivo de MG con un chasis separado de su carrocería.

En el apogeo de las ventas del MGA en 1959, MG le pidió a su equipo de diseño que pensara en su sucesor, a quienes se les ocurrió algo estructuralmente muy diferente a lo que había sucedido antes. El nuevo auto deportivo sin nombre, con solo un número de código de fábrica EX 205 iba a tener a diferencia de su antecesor, que tenía una carrocería unida a su chasis, una carrocería monocasco donde desaparecían algunas de las curvas del MGA, logrando un modelo bien proporcionado y de apariencia más moderna.

El nuevo MG era más corto que el MGA pero considerablemente más espacioso y cómodo gracias a que los ingenieros de Abingdon aumentaron el tamaño del habitáculo a pesar de reducir la longitud total del vehículo en comparación con su antecesor. Esto se logró moviendo los límites delanteros del compartimiento hacia adelante y aumentando el ancho, gracias a que no tenía los travesaños del chasis que se interpusieran en el camino. Como resultado, había mucho más espacio para las piernas y para el equipaje, todo en un automóvil que tenía unas dimensiones más pequeñas que el anterior.

Inicialmente se incluyeron dos tipos de motores en la etapa de diseño, el motor de válvulas a la cabeza de 1622 cc como se usaba en el 1600 MGA y un motor de doble árbol de leva de 1588 cc que fue descartado. Debido a que el MGB era más pesado, se decidió aumentar la potencia del motor, pero no fue tan sencillo ya que el motor era originalmente un Austin de 1947 y estaba prácticamente en el límite de su capacidad de potencia. Se aumentó la relación de compresión, pero la culata, las válvulas y la admisión se mantuvieron sin cambios, aunque se cambió el filtro de aire y el escape.

Como resultado de las modificaciones, el motor se calentaba demasiado, por lo que los modelos de exportación llevaban un enfriador de aceite instalado delante del radiador y estaba disponible como opción para el mercado nacional. La caja de cambios era casi idéntica, pero como estaba montada más adelante en relación al conductor, no necesitaba una extensión remota de la palanca de cambios. El eje trasero era prácticamente el mismo, pero tenía una relación mayor. La suspensión era reconocible como MGA, aunque había diferencias en la instalación debido a la construcción monocasco.

El nuevo MG recibió el nombre largo de MG MGB 1800 y pronto se acortó antes de la producción al nombre más lógico de MGB. Se presentó oficialmente en el Salón del Automóvil de Earls Court el 20 de septiembre de 1962 con la aprobación de la prensa y el público mundial y el costo era £690 más impuestos. El modelo también era conocido como Mark 1 y tenía asientos de cuero, manijas y cerraduras al ras en las puertas, capot de aluminio y una capota estándar sencilla.

Durante los 18 años que estuvo en producción tuvo innumerables cambios, que fueron desde la capota una sobremarcha, llantas de rayos, un enfriador de aceite estándar, manijas de las puertas del tipo pulsador y las cerraduras de las puertas se reforzaron. El tanque de combustible aumentó su capacidad y se atornilló directamente al piso del maletero, eliminando las correas de soporte originales tipo MGA. Pero a lo largo de sus casi dos décadas de existencia, la carrocería permaneció inalterable.

También existieron varias versiones: El GT que era un fastback diseñado por Pininfarina, el MGC con motor de 3 litros y 6 cilindros, el MGB GT V8 con un motor Rover V8 de 3.5 litros, el Jubilee BGT en tono verde carrera con gráficos dorados, llantas estilo v8 pintadas en oro y negro, vidrios polarizados y espejos exteriores negros. También existió un “revival” en los 90 de dudoso gusto, conocido como MG RV8

Los modelos que acá nos acompañan son de la firma Universal Hobbies para diferentes colecciones. El verde es un modelo 1962 para la colección “Car Collection” de Editorial Del Prado y el amarillo dice ser modelo 1974 y es de la colección “James Bond 007” de ediciones La Nación.

viernes, 9 de febrero de 2024

Triumph Stag Mark I (1971)

En 1815, era obispo de D. el ilustrísimo Carlos Francisco Bienvenido Myriel, un anciano de unos setenta y cinco años, que ocupaba esa sede desde 1806. Quizás no será inútil indicar aquí los rumores y las habladurías que habían circulado acerca de su persona cuando llegó por primera vez a su diócesis.

Lo que de los hombres se dice, verdadero o falso, ocupa tanto lugar en su destino, y sobre todo en su vida, como lo que hacen. El señor Myriel era hijo de un consejero del Parlamento de Aix, nobleza de toga. Se decía que su padre, pensando que heredara su puesto, lo había casado muy joven. Se decía que Carlos Myriel, no obstante este matrimonio, había dado mucho que hablar. Era de buena presencia, aunque de estatura pequeña, elegante, inteligente; y se decía que toda la primera parte de su vida la habían ocupado el mundo y la galantería.

Sobrevino la Revolución; se precipitaron los sucesos; las familias ligadas al antiguo régimen, perseguidas, acosadas, se dispersaron, y Carlos Myriel emigró a Italia. Su mujer murió allí de tisis. No habían tenido hijos. ¿Qué pasó después en los destinos del señor Myriel?

El hundimiento de la antigua sociedad francesa, la caída de su propia familia, los trágicos espectáculos del 93, ¿hicieron germinar tal vez en su alma ideas de retiro y de soledad? Nadie hubiera podido decirlo; sólo se sabía que a su vuelta de Italia era sacerdote.

En 1804 el señor Myriel se desempeñaba como cura de Brignolles. Era ya anciano y vivía en un profundo retiro.

Hacia la época de la coronación de Napoleón, un asunto de su parroquia lo llevó a París; y entre otras personas poderosas cuyo amparo fue a solicitar en favor de sus feligreses, visitó al cardenal Fesch. Un día en que el Emperador fue también a visitarlo, el digno cura que esperaba en la antesala se halló al paso de Su Majestad Imperial. Napoleón, notando la curiosidad con que aquel anciano lo miraba, se volvió, y dijo bruscamente: ¿Quién es ese buen hombre que me mira?

Majestad -dijo el señor Myriel-, vos miráis a un buen hombre y yo miro a un gran hombre. Cada uno de nosotros puede beneficiarse de lo que mira.

Esa misma noche el Emperador pidió al cardenal el nombre de aquel cura y algún tiempo después el señor Myriel quedó sorprendido al saber que había sido nombrado obispo de D.

Llegó a D. acompañado de su hermana, la señorita Baptistina, diez años menor que él. Por toda servidumbre tenían a la señora Maglóire, una criada de la misma edad de la hermana del obispo.

La señorita Baptistina era alta, pálida, delgada, de modales muy suaves. Nunca había sido bonita, pero al envejecer adquirió lo que se podría llamar la belleza de la bondad. Irradiaba una transparencia a través de la cual se veía, no a la mujer, sino al ángel.

La señora Magloire era una viejecilla blanca, gorda, siempre afanada y siempre sofocada, tanto a causa de su actividad como de su asma.

A su llegada instalaron al señor Myriel en su palacio episcopal, con todos los honores dispuestos por los decretos imperiales, que clasificaban al obispo inmediatamente después del mariscal de campo.

Terminada la instalación, la población aguardó a ver cómo se conducía su obispo.

El palacio episcopal de D. estaba contiguo al hospital, y era un vasto y hermoso edificio construido en piedra a principios del último siglo. Todo en él respiraba cierto aire de grandeza: las habitaciones del obispo, los salones, las habitaciones interiores, el patio de honor muy amplio con galerías de arcos según la antigua costumbre florentina, los jardines plantados de magníficos árboles.

El hospital era una casa estrecha y baja, de dos pisos, con un pequeño jardín atrás.

Tres días después de su llegada, el obispo visitó el hospital. Terminada la visita, le pidió al director que tuviera a bien acompañarlo a su palacio.

-Señor director -le dijo una vez llegados allí-: ¿cuántos enfermos tenéis en este momento?

-Veintiséis, monseñor.

-Son los que había contado -dijo el obispo.

-Las camas -replicó el director- están muy próximas las unas a las otras.

-Lo había notado.

-Las salas, más que salas, son celdas, y el aire en ellas se renueva difícilmente.

-Me había parecido lo mismo.

-Y luego, cuando un rayo de sol penetra en el edificio, el jardín es muy pequeño para los convalecientes.

También me lo había figurado.

-En tiempo de epidemia, este año hemos tenido el tifus, se juntan tantos enfermos; más de ciento, que no sabemos qué hacer.

-Ya se me había ocurrido esa idea.

-¡Qué queréis, monseñor! -dijo el director-: es menester resignarse.

Esta conversación se mantenía en el comedor del piso bajo.


(Víctor Hugo: "Los Miserables" 1862)

martes, 28 de noviembre de 2023

Sunbeam Alpine Serie II (1962)

Muchísimos autos han tenido sus minutos de fama en el séptimo arte, algunos de manera épica siendo los protagonistas principales de películas y series. Otros han mantenido un bajo perfil, pero no pudieron escapar al ojo de los amantes de las cuatro ruedas. Por ejemplo, todos conocemos el híper famoso Aston Martin de 007, pero muy pocos recuerdan que su comienzo fue más humilde y terrenal. Un humilde Sunbeam Alpine, sirvió para que Bond, James Bond, pueda librarse de los secuaces del Dr. No, en la paradisiaca isla de Jamaica.

El Alpine original se lanzó en 1953 como el primer vehículo de la Sunbeam-Talbot, que llevaba el nombre de Sunbeam en solitario. Era lo que se conoce como spider, aunque algunos lo definían como un deportivo de dos puertas, o coupe. Y para algunos era un convertible, aunque no existía la versión de techo duro. Fue el derivado del Sunbeam Talbot 90, un pequeño modelo diseñado durante la segunda guerra que tenía su versión 4 puertas, coupé y convertible y que había tenido algún suceso en la Copa de los Alpes de la mano de Stirling Moss. La miniatura de la foto es de Oxford, y claramente no está entre los míos...

Teniendo el antecesor y el nombre a homenajear, en 1953 se presenta el Alpine Mark I y III con un motor de cuatro cilindros en línea de 2267 cc del modelo anterior, pero con una relación de compresión mayor. Los primeros modelos tenían problemas en el chasis de rigidez que con distintos refuerzos se buscó más de una solución y para el año siguiente se le cambiaron las relaciones de caja y se le sumó una marcha súperdirecta, con una palanca adicional montada en la columna de la dirección. La carrocería era un verdadero biplaza abierto, sin manijas externas ni ventanas. De los 1582 automóviles producidos, 961 se exportaron a los Estados Unidos y Canadá, 445 se quedaron en el Reino Unido y 175 se fueron a otros mercados mundiales. Se ha estimado que quizás solo 200 se conserven actualmente. Uno de ellos aparece en la película de Alfred Hitchcock de 1955, "Atrapa un ladrón", protagonizada por Cary Grant y Grace Kelly, circulando por las costas mediterráneas de Mónaco. Las pocas ventas hicieron que se produzca una pausa en la producción, para rediseñar totalmente el biplaza que saldría a la luz unos años después.

La "Serie" de modelos Alpine comenzó a producirse en 1959. El modelo hizo un uso de componentes de otros vehículos del Grupo Rootes y fue construido a partir del chasis modificado del Hillman Husky.​ La transmisión era heredeadada del Sunbeam, pero con frenos de disco delanteros reemplazando a los tradicionales tambores. La caja de cambios de cinco velocidades y las ruedas de rayos eran opcionales. La suspensión era independiente en la parte delantera con muelles helicoidales y en la parte trasera tenía un eje rígido y resortes. La Serie I utilizaba un motor de 1494 cc de dos carburadores diseñado por Loewy Studios. La carrocería seguía siendo un biplaza convertible con techo de lona y montaba las primeras ventanillas laterales descendentes ofrecidas en un automóvil descapotable británico de la época.

La Serie II se presentó en 1960 presentaba una mejora en su motor que era llevado a 1592 cc, para rendir unos 80 hp. La suspensión trasera fue revisada, para otorgarle más estabilidad en curva. Pero lo más importante es que Bond lo utiliza para la primera de las películas oficiales de Ian Fleming: Dr No. Algunos piensan que utilizó este vehículo, porque en Jamaica no había ningún Aston Martin disponible. Sin embargo, en el libro del conocido espía, se puede leer casi en el inicio: “…Al final de la fila se encontraba el Sunbeam Alpine negro del Comandante John Strangways, Oficial de Control Regional para el Caribe, o, menos discretamente, el representante local de los británicos Servicio Secreto…”, el cual es asesinado y Bond toma prestado su biplaza. Si bien el de la película no es negro, si respeta el modelo elegido por el escritor.

Ian Fleming tenía 53 años cuando se estrenó, la primera película de su saga, basada en la sexta novela de la franquicia literaria del escritor. Después de ver esta película, el creador de James Bond, la describió como "terrible. Simplemente terrible". En realidad, no es que no le gustara la adaptación, es que no le convencía Sean Connery. A Ian Fleming no le gustó originalmente la elección de Sean Connery como James Bond. El agente secreto era inglés y el actor, escocés, Bond era de clase alta y Connery provenía de una clase trabajadora. Bond era refinado y educado, y Connery era razonablemente tosco. Pero terminó aceptándole. Básicamente porque sus reticencias tampoco tenían mucho sentido.

“Dr. No” fue elegida para ser la película inaugural de la franquicia de películas de James Bond, debido a que era la novela más sencilla de adaptar y a que no requería una gran producción. Tenía solo una ubicación importante y pocos efectos especiales. También está el rumor de que todos los escenarios y muebles eran un poquito más pequeños de su tamaño normal, para que James Bond se vea más corpulento. Y la imagen de Bond, cuando arrancan los títulos de crédito, apuntando a una cámara, es la del especialista Bob Simmons, no la de Sean Connery, que no puso su lustrosa figura hasta Operación Trueno, tres años después.

Volviendo al Alpine, la Serie III fue producida con un motor el mismo motor de 1592 cc pero menos potente que la serie anterior, en versiones de techo duro desmontable y abiertas. En la versión de techo rígido, la parte superior se podía quitar; y en la de capota flexible, se almacenaba detrás del pequeño asiento trasero. Para proporcionar más espacio en el maletero, se instalaron dos depósitos de combustible en las alas traseras. La Series IV ya no tenía disponible la opción de motor de menor rendimiento; las versiones convertibles y de techo rígido compartían el mismo motor de 82 hp con un solo carburador Solex. Exteriormente, se lo distinguía al perder sus características aletas traseras. La Serie V, fue la versión final. Tenía un nuevo motor de 1725 cc, con un cigüeñal de cinco puntos de apoyo y doble carburador Zenith-Stromberg que producía 93 HP, y se produjo hasta 1968.

Hubo otras versiones como el Sunbeam Harrington que era un coupé diseñado exclusivamente para competición, el cual obtuvo significativos resultados a ambos lados del atlántico. También durante 1966 y 1968 se fabricó el Alpine Fastback, un dos puertas sin parante B, que le daba una amplia facilidad de ingreso a las plazas traseras. Y no hay que olvidar el Tiger, un Alpine con un potente V8 de Ford instalado por Carroll Shelby y desarrollado por Ken Miles. Un vehículo muy usado por otro gran espía: El agente 86, temible operario del recontra espionaje.



martes, 12 de julio de 2022

Renault 11 TXE (1985)

Quisiera defender aquí el existencialismo de una serie de reproches que se le han formulado. Críticas hechas al existencialismo.

En primer lugar, se le ha reprochado el invitar a las gentes a permanecer en un quietismo de desesperación, porque si todas las soluciones están cerradas, habría que considerar que la acción en este mundo es totalmente imposible y desembocar finalmente en una filosofía contemplativa, lo que además, dado que la contemplación es un lujo, nos conduce a una filosofía burguesa. Éstos son sobre todo los reproches de los comunistas. 

Se nos ha reprochado, por otra parte, que subrayamos la ignominia humana, que mostramos en todas las cosas lo sórdido, lo turbio, lo viscoso, y que desatendemos cierto número de bellezas risueñas, el lado luminoso de la naturaleza humana; por ejemplo, según Mlle. Mercier, crítica católica, que hemos olvidado la sonrisa del niño. Los unos y los otros nos reprochaban que hemos faltado a la solidaridad humana, que consideramos que el hombre está aislado, en gran parte, además, porque partimos -dicen los comunistas- de la subjetividad pura, por lo tanto del "yo pienso" cartesiano, y por lo tanto del momento en que el hombre se capta en su soledad, lo que nos haría incapaces, en consecuencia, de volver a la solidaridad con los hombres que están fuera del yo, y que no puedo captar en el cogito. 

Y del lado cristiano, se nos reprocha que negamos la realidad y la seriedad de las empresas humanas, puesto que si suprimimos los mandamientos de Dios y los valores inscritos en la eternidad, no queda más que la estricta gratuidad, pudiendo cada uno hacer lo que quiere y siendo incapaz, desde su punto de vista, de condenar los puntos de vista y los actos de los demás. 

A estos diferentes reproches trato de responder hoy; por eso he titulado esta pequeña exposición: El existencialismo es un humanismo. Muchos podrán extrañarse de que se hable aquí de humanismo. Trataremos de ver en qué sentido lo entendemos. En todo caso, lo que podemos decir desde el principio es que entendemos por existencialismo una doctrina que hace posible la vida humana y que, por otra parte, declara que toda verdad y toda acción implica un medio y una subjetividad humana. El reproche esencial que nos hacen, como se sabe, es que ponemos el acento en el lado malo de la vida humana. Una señora de la que me acaban de hablar, cuando por nerviosidad deja escapar una palabra vulgar, dice excusándose: creo que me estoy poniendo existencialista. 

En consecuencia, se asimila fealdad a existencialismo; por eso se declara que somos naturalistas; y si lo somos, resulta extraño que asustemos, que escandalicemos mucho más de lo que el naturalismo propiamente dicho asusta e indigna hoy día. Hay quien se traga perfectamente una novela de Zola como La tierra, y no puede leer sin asco una novela existencialista; hay quien utiliza la sabiduría de los pueblos -que es bien triste- y nos encuentra más tristes todavía. No obstante, ¿hay algo más desengañado que decir "la caridad bien entendida empieza por casa", o bien "al villano con la vara del avellano"? 

Conocemos los lugares comunes que se pueden utilizar en este punto y que muestran siempre la misma cosa: no hay que luchar contra los poderes establecidos, no hay que luchar contra la fuerza, no hay que pretender salir de la propia condición, toda acción que no se inserta en una tradición es romanticismo, toda tentativa que no se apoya en una experiencia probada está condenada al fracaso; y la experiencia muestra que los hombres van siempre hacia lo bajo, que se necesitan cuerpos sólidos para mantenerlos: si no, tenemos la anarquía.

Sin embargo, son las gentes que repiten estos tristes proverbios, las gentes que dicen: "qué humano" cada vez que se les muestra un acto más o menos repugnante, las gentes que se alimentan de canciones realistas, son ésas las gentes que reprochan al existencialismo ser demasiado sombrío, y a tal punto que me pregunto si el cargo que le hacen es, no de pesimismo, sino más bien de optimismo. En el fondo, lo que asusta en la doctrina que voy a tratar de exponer ¿no es el hecho de que deja una posibilidad de elección al hombre? Para saberlo, es necesario que volvamos a examinar la cuestión en un plano estrictamente filosófico. ¿A qué se llama existencialismo? 

 

(Jean Paul Sartré: “El existencialismo es un humanismo” 1946)

martes, 5 de julio de 2022

Range Rover P38A (1997)

EN un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de loscuarenta y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza.
Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben, aunque por conjeturas verisímiles se deja entender que se llamaba Quijana. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.


Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso —que eran los más del año—, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos. Y, de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas; y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura. Y también cuando leía: …los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza.
Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para solo ello. No estaba muy bien con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se imaginaba que por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales. Pero, con todo, alababa en su autor aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura, y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma y dalle fin al pie de la letra, como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran. Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar —que era hombre docto, graduado en Cigüenza— sobre cuál había sido mejor caballero: Palmerín de Ingalaterra o Amadís de Gaula. Mas maese Nicolás, barbero del mesmo pueblo, decía que ninguno llegaba al Caballero del Febo, y que si alguno se le podía comparar era don Galaor, hermano de Amadís de Gaula, porque tenía muy acomodada49 condición para todo; que no era caballero melindroso, ni tan llorón como su hermano, y que en lo de la valentía no le iba en zaga.

En resolución, él se enfrascó tanto en su letura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles: y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo. Decía él que el Cid Ruy Díaz había sido muy buen caballero, pero que no tenía que ver con el Caballero de la Ardiente Espada, que de solo un revés había partido por medio dos fieros y descomunales gigantes. Mejor estaba con Bernardo del Carpio, porque en Roncesvalles había muerto a Roldán el Encantado valiéndose de la industria de Hércules, cuando ahogó a Anteo, el hijo de la Tierra, entre los brazos. Decía mucho bien del gigante Morgante, porque, con ser de aquella generación gigantea, que todos son soberbios y descomedidos, él solo era afable y bien criado.

Pero sobre todos estaba bien con Reinaldos de Montalbán, y más cuando le veía salir de su castillo y robar cuantos topaba, y cuando en allende robó aquel ídolo de Mahoma que era todo de oro, según dice su historia. Diera él, por dar una mano de coces al traidor de Galalón, al ama que tenía, y aun a su sobrina de añadidura.
 
(Miguel de Cervantes: “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” 1605)

martes, 20 de agosto de 2013

Aston Martin DB5 (1965)

Lo bueno de estar alineado con Diecast Central, es que cada 20 no tengo que pensar en el tema a postear. Para agosto el tema era fácil: "Un auto para Espías". Primero pensé que debía ser un auto como su dueño, es decir potente pero a la vez que pase desapercibido. Pero pensando en cómo son los agentes secretos, me di cuenta que la única información que se tiene es la de las películas. Hasta pensándolo bien uno duda si en realidad estos personajes existen. Es por ello que fui a lo seguro y les presento al Aston Martin DB5 de 1965 de Bond, James Bond.

No sé si a ustedes le sucede lo mismo, pero siempre que hay una película de espionaje, vieja o nueva, termino viéndola. Y al final de la misma pienso que todo ha sido exagerado, que ese mundo no existe. O tal vez es tan secreto que si existe, pero uno lo desconoce por completo. Durante las guerras, seguro que estos protagonistas fantasmas deben existir, pero no como los imaginamos. Tal vez, en las llamadas guerras frías, el escenario sea más propicio para ellos, pero seguro que donde más abundan son en nuestra imaginación.

En realidad si deben existir estos individuos, pero lo que los hace tan irreal no es solo lo enigmático de su profesión, sino la batería de artilugios que usan en los films que consumimos. Que sepan pelear como los mejores del mundo tanto boxeo como la más exótica de las artes marciales, puede ser, pero de ahí a ganar todas las peleas sin despeinarse es demasiado. Ni hablar cuando corren más kilómetros que en una maratón y no se agitan.

Con las armas son infalibles, letales tanto con una "Vitorinox" como con un tanque de última generación. Pueden manejar helicópteros, aviones, cohetes espaciales, motonetas, rollers como si lo hubiesen hecho toda la vida. Solo deben ver el tablero por un segundo y ya se acuerdan donde está cada comando. Y obvio que su auto personal, es fruto de la imaginación de todos sus conocimientos.

La película "Thunderball" llamada en muchos países Operación Trueno, fue la cuarta de una saga de films que llega hasta nuestros días. En ella, 007 protagonizado por Sean Connery, contaba con su Aston Martin DB5 plagado de artilugios para combatir a la temible organización Spectre, dirigida por  Ernst Stavro Blofeld, a quien llaman por seguridad simplemente como número 2 y no se lo muestra durante todo el film.

Al que designan como número 1 es a Emilio Largo, quien es el villano principal de la película. El argumento empezaba con Bond enviado a una clínica de rehabilitación debido a que los resultados médicos no son los mejores para un espía, por su debilidad al tabaco y al martini. Mientras que 007 se desintoxica y se pone en forma, Largo secuestra un avión militar y se lleva dos cabezas nucleares con las cuales extorsiona a los gobiernos de los EE.UU y de Inglaterra.
 
Bond, una vez que se pone en línea vuelve a la línea de fuego, y luego de seguir varias pistas, llega hasta las Bahamas y da con Largo y su amante Domino. Esta señorita pronto descubre que su pareja es responsable de la muerte de su hermano por lo que decide ayudar a nuestro héroe. Las armas nucleares se encontraban en el barco del villano, llamado "Disco Volante", el cual es atacado por las fuerzas de un submarino estadounidense, donde todos los integrantes de Spectre son derrotados. Obviamente Bond termina junto a Domino, en el medio del océano, mientras que esperan ser rescatados.

En 1983 se estrena "Nunca digas nunca jamás" que es una película basada en la misma novela, con cambios sutiles, pero que mantiene el mismo argumento. Como dato, a Sean Connery, lo acompaña en el papel de Domino, una joven llamada Kim Basinger, con la cual se va a vivir, luego de retirarse.

La miniatura del DB5 que les muestro, presenta ciertos trucos o gadgets, que no son de mi gusto, pero lo distinguen de cualquier otro DB5. Lo más llamativos son los dos chorros de agua que salen por debajo de los paragolpes traseros, con los cuales bate a varios guardias cuando irrumpe en el castillo de su enemigo. También tiene dispuesta la placa de acero antibalas que muestra señales de un proyectil. Y se ve en el techo, que tiene la apertura, para cuando eyecta a su acompañante. Ideal para largos viajes con la suegra.

La fotos son de la miniatura de Universal Hobbie, perteneciente a la entrega número 11 de la colección James Bond Car Collection de la editorial  Eaglemoss. También les dejo el video, con el trailer de la película. En él, van a ver el momento del auto en acción con sus chorros de agua y su blindaje.

Saludos y será hasta cuando el agente secreto lo disponga

martes, 20 de noviembre de 2012

Ford Ranchero (1964)


En esto de intercambiar autos como figuritas, uno va conociendo gente de todo tipo, y eso es muy saludable para uno mismo. Me reconforta saber que no soy el único loco coleccionando autos a escala y también saber que hay algunos más locos que yo, para justificar esas compras, carentes de razón. Y en esa montaña rusa de personajes, me llamó la atención un vendedor que me declaró: “Yo de autos no se nada, ni se manejar, ni me interesa aprender, lo mío son las miniaturas”. Algo confundido por su declaración, tomé mi Ford Ranchero de 1964 y me fui.

Este buen hombre, seguro que tiene sus justas razones. Hay veces, que cuando salgo con mis amigos, prefiero que otro maneje y relajarme en el puesto de copiloto. Obvio que no solo por el placer de descansar, sino también para dejar de tomar agua mineral y poder darme el placer de un Absolut bien frío. Pero al margen del alcohol, hoy en día el tránsito de esta ciudad se ha convertido en un calvario. No solo por la cantidad de automóviles, sino también, por los cortes y por el poco respeto que se tiene en la calle. 

En ese punto le doy la razón al que me dijo “yo no manejo”, pero me queda la duda no saber nada de autos reales. Ni tener el interés. Uno puede carecer de tener un vehículo, pero seguro que caminando por las calles, mira ese modelo que le gustaría tener. O leyendo un simple diario, se distrae con el anuncio de un nuevo modelo. Pero por suerte, no todos somos iguales y hay gente que colecciona miniaturas de autos, pero no quiere tener autos reales.

Una alternativa sería tener un chofer, eso si que no me molestaría. Yo iría muy relajado, sin tensionarme porque avanzamos a 2 km/h, podría leer, mirar hacia los costados, cambiar de radio cada 5 segundos, hablar por teléfono, mandar mensajes y un sinfín de comodidades. Y cuando tengo ganas manejo yo y listo. De chofer, no me molestaría tener a alguna señorita, así no tengo que mirar hacia afuera para distraerme. Pero como dije, hoy falta mucho respeto en las calles y el tránsito es netamente machista.

Debería tener un chofer como el coreano Oddjob, ese temible personaje de la novela de Ian Fleming llamada Goldfinger. Para los que no lo recuerdan, el flemático espía James Bond se las tenía que ver muy negras, o mejor dicho muy doradas, contra el villano Auric Golfinger, un multimillonario, quien era un joyero internacional que se lo acusaba de contrabando. Claro que había más intenciones que solo esas, ya que Auric quería tener todo el oro y planeaba asaltar Fort Knox.

Obviamente, 007 desbarataba todo el plan, se quedaba con la hermosa Pussy Galore y mataba a Golfinger y a su fiel servidor Oddjob. Este personaje, era el encargado de los trabajos especiales y tenía ciertas características que lo hacían temible. Sus manos carecían de uñas y presentaban terminaciones óseas que sumadas a la fuerza descomunal de su portador, las hacían capaces de romper una madera de un solo golpe. Sus pies, tenían la misma cualidad, salvo que las patadas eran más violentas. Ideal para el tráfico de las 18 Hs. Perdón, es cierto que dije que debe haber respeto en las calles.
 
Para hacerlo más llamativo, el fiel coreano, tenía un problema en su paladar, así que no le entendía ni el que hablaba en coreano… Obvio que Goldfinger era el único capaz de interpretarlo. Y el arma preferida de Oddjob era su sombrero bombin. El mismo tenía el ala hecha de una aleación liviana, y permitía que el chofer lo lanzara con fuerza a su oponente, para literalmente partirlo a la mitad. Ideal para cuando a uno lo agarra un embotellamiento a las 14 Hs en el microcentro. Disculpas, es cierto que debe haber más respeto en las calles.
 
Como detalles para agregar, en esta novela, Ian Fleming hecho mano a su experiencia en la Segunda Guerra Mundial, cuando estuvo en la inteligencia Naval Británica. Así, la idea de apoderarse del oro, la tomó del plan de la Unidad 30 de Asalto que se preparó para tomar la Reserva de la banca de Francia que estaba en poder de los nazis durante la ocupación. Si lo logró o no, lo desconozco. Y en la película, Oddjob parece interpretado por un novato actor y así es. El protagonista era Harold Sakata un ignoto actor nacido en Hawai, pero un reconocido levantador de pesas que logró en los Juegos Olímpicos de Londres 1948, la medalla de plata al levantar 380 Kg. Ríete de Sakata. Y Oddjob también tuvo sus 15 minutos de fama, ya que después siguió haciendo publicidad de Vick....

Les dejo las fotos de la miniatura perteneciente a la entrega número 76 de la colección James Bond Car Collection. También les dejo un video. Si quieren saber que es lo que lleva la Ford en la caja, la respuesta es un Lincoln Continental compactado. Si quieren saber como hace para no reventarse la Ranchera, usen la imaginación…

Esto fue otro producto Diecast Central.

Saludos, buena semana y cuidado con la bomba loca!!!!!

Un clásico devorando litros....

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