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viernes, 1 de febrero de 2013

Opel Manta (1986)

Por alguna cuestión intrínseca, la mayoría de los que coleccionamos miniaturas, prefiere los autos viejos a los nuevos. No importa si el modelo real es mejor o peor que sus antecesores, pero los autos modernos nos causan repulsión. Podemos estar ante la mejor miniatura del último auto del múltiple campeón Sebastian Loeb, pero antes de ese modelito, elegimos este Opel Manta de 1986 aunque nunca lo hayamos visto correr. Si será complicado el coleccionista, ¿no?
Podemos hacer como hacen los psicólogos y echarles la culpa a nuestros padres por grabarnos la leyenda “Todo tiempo pasado fue mejor”. Nos jactamos que los autos de nuestra niñez, eran mejores, puesto que la chapa era “así de gruesa” y ahora son de papel. No importa que antes fuéramos en un Falcon y si chocábamos no quedaba nadie vivo en su interior. Lo que nos importa, es que esa sensación de robustez, no la trasmite ningún auto actual, aunque saltemos con ellos desde un décimo piso y no tengamos ni un rasguño. Estoy exagerando, pero el pensamiento es genuino.

Los motores es otro tema. La sensación de potencia que transmitía un 3 litros era inigualable, el motor bramaba, todo el habitáculo vibraba al compás de los pistones, mientras que litros de combustible desaparecían en minutos. Hoy nos subimos a nuestro auto con su motor de modesto litro y medio y tenemos que mirar el tablero para ver si está encendido. Claro, no nos importa que este artefacto tenga mayor velocidad final, mejor aceleración y que consuma menos de la mitad del viejo mastodonte. Lo que nos importa es que las sensaciones de antes nos hacían sentir que estábamos arriba de una máquina, mientras que los actuales automóviles no nos trasmiten esa sensación de energía. Como dice el Gaucho, son electrodomésticos. Aunque tengan más potencia


¿Y los cromados? Hace muchos años, todo accesorio era cromado, como para dejar bien en claro que uno estaba frente a una verdadera máquina. Espejos, llantas, baguetas, insignias, paragolpes, todo era cromado. De golpe, a la sociedad le pareció que era demasiado la violencia en las calles y los autos tuvieron que ser más amigables. El plástico se hizo más económico y los autos empezaron a tener cara de buena persona, gracias a que todo lo que era de color plateado, pasó a ser de color negro, gracias al nuevo material. Y hoy, cuando gracias a las nuevas tecnologías, algunos accesorios de plástico vuelven a tener ese hermoso color cromado, nosotros, los de la vieja escuela no los aceptamos, porque no solo queremos el color, también queremos que sea de metal. Aunque los vehículos actuales pesan la mitad y mejoran el consumo, nosotros nos seguimos aferrando a la idea de que es mejor si es de metal. ¡Y que sea pesado!!!

Cuando voy en la GTX de mi amigo Victor, que la tiene inmaculada, tenemos varios problemas. En verano, podemos llegar a salir con golpes de calor debido a la temperatura del habitáculo y en invierno, llevamos camperas, para usar solamente dentro del auto. Si abrimos los pasos de aire, la tierra que empieza a entrar puede dificultar la respiración, al punto que no permite que suban personas con problemas asmáticos. Y obviamente que si vamos rápidos, nos comunicamos por señas, porque el ruido impide el habla. En cambio, en un auto moderno, nada de eso sucede. Todos tienen un microclima a gusto del pasajero. Pero eso tampoco nos importa, los autos de la infancia eran mejores.

Es decir, que básicamente los autos de antaño son puro defecto. Son gigantes y no entran en ninguna cochera actual. Consumen a un ritmo que de haber seguido con esos motores, ya se hubiese terminado el petróleo. Son pesados y muy inseguros para sus ocupantes. Y para todo aquel que se interponga en su camino. Lentos y pesados, como si fuese un elefante trotando. Hacer un viaje de mil kilómetros, era como correr el Dakar actual. Una verdadera aventura, con final incierto. Sin embargo, nosotros disfrutamos mucho más la miniatura de esa vieja máquina, que de un actual electrodoméstico.  
Tal vez, y si todavía estamos, a los autos actuales los vayamos a querer dentro de 30 años. Debe ser porque el ser humano se niega a los cambios. Todo aquello que amenace su área de confort es su enemigo. Si yo estoy bien con este auto, ¿Por qué lo voy a cambiar? Uno tiene temor a lo desconocido, aunque nos aseguren que es mejor. Por algo también nos grabaron el dicho: “Mejor malo conocido, que bueno por conocer”

Este viejo Opel Manta, disputó la apertura del calendario 1986 en Montecarlo, en manos del alemán Manfred Hero. Obviamente, poco pudo hacer ante las bestias del grupo B y terminó en un honroso puesto once. Tal vez, si esa categoría hubiese seguido varios años, este modelo y sus evoluciones hoy serían una parte importante en la historia del Rally Mundial.

La réplica que ven en las fotos, corresponde al fascículo número 23 de la colección Rally de Montecarlo, editorial Altaya. Por el mismo precio pueden ver el video.

Saludos para todos, y recuerden que este blog es un enlace.

Un clásico devorando litros....

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