Hay veces,
que a sabiendas de que un automóvil es estéticamente errado, la réplica igualmente
me gusta. Y no pasa porque es un recuerdo de un auto de la familia o es el
modelito donde nos dimos esos arrumacos con aquella señorita. Sin ni siquiera
haberlo conducido o tal vez, ni haberlo visto en directo, cuando veo la
miniatura me encanta. Tal vez las réplicas nos caen más simpáticas que el
modelo original o no transmiten todos los defectos como deberían, pero
cualquiera sea la razón, este Ford Anglia de 1963 me gusta.
En la
actualidad, hay modelos que uno detesta de solo de ver la publicidad en una
revista. Por ejemplo, el Chery QQ. Que me perdone si alguien lo tiene, pero
para mi gusto es feo. Ya desde el nombre, que me hace acordar a un reloj cucu,
no me gusta. Chiquito en extremo y algunos con colores llamativos, como si el
dueño quisiera que lo vean conduciendo eso. No dudo, que el consumo debe ser
ínfimo, que no le faltan comodidades, que no tiene problemas de
estacionamiento, es económico y más seguro que otros autos. Pero entiendan, que
para mi gusto es feo.
Y no es que
el tamaño influye, porque puedo poner de ejemplo otro modelo que no me gusta y
es muy grande. El Ssangyong Actyon, me parece de muy mal gusto. Esa trompa me
hace acordar a los tranvías que se ven en las fotos blanco y negro, de las
revistas de la década del 40. Y la parte trasera muy alta, con focos demasiado
pequeños para la dimensión del vehículo. En el interior no debe faltar nada,
debe venir hasta con azafata, y debe ser más seguro chocar en este auto, que
quedarse durmiendo en casa. Pero gustos son gustos, y a mí no me agrada para
nada.
Pero en el
mundo de las miniaturas, las cosas cambian. Un auto en tamaño real puede ser
feo, pero a escala se convierte en una joyita. De sapo pasa a ser príncipe, en
lo que tardamos de sacarlo de la caja y ponerlo en la vitrina. Por ejemplo, y
se que me gano varios enemigos entre ellos al Gaucho, el 2 CV no me pareció
nunca un auto agraciado, hablando estéticamente. Sin embargo, las miniaturas
son perfectas y uno no se cansa de seguir agregándolas a la colección. Es como
imposible tener uno solo. Adictivo el 2 CV a escala, aunque cuando lo veo en la
calle no me agrada para nada.
Con este
auto me pasa lo mismo. Que me perdone Harry Potter, pero el Ford Anglia, en
vivo y en directo, es un auto que mi cerebro rápidamente lo manda a la bandeja
de “Autos no deseados”. Mas allá de sus dimensiones, el muy original parante
trasero en “Zeta”, no le da una sensación de dinamismo que contagie emoción. Al
contrario, lo hace parecer el auto ideal para ir al mercado y no para andar
cientos de kilómetros. Sin embargo, admito que su originalidad, es un punto a
favor para el diseño.
Otro punto
que no me termina de cerrar es la trompa. Uno se acostumbra a la agresividad de
las mismas. Por ejemplo, en la actualidad, es común ver en la noche, varios
automóviles que con las luces encendidas, parecen vernos enojados,
intimidándonos a corrernos, por miedo a ser aplastados. El Anglia, más allá de
esa boca con reminiscencias acuáticas, parece estar triste o en el mejor de los
casos parece cansado. Como que no me invita a pasear en él.
Pero a
pesar de esas formas, la miniatura es una de la que más me gusta. Puede ser por
lo original del modelo, que se destaca cuando lo veo al lado de otras
miniaturas más comunes. Por lo general, cualquiera que ve la vitrina con las miniaturas,
se detiene en esta réplica. Sus formas llaman la atención, y no disgusta para
nada como me sucede con el modelo en tamaño real. Será una ilusión óptica o un
defecto de coleccionista, pero lo bueno es que muchos autos dejan de ser el
Patito Feo para convertirse en rareza.
EL original
de este auto corrió el rally de Montecarlo de 1963 en manos del francés Jean
Vinatier. En aquellos años las carreras eran muy distintas a la actualidad. Los
302 participantes partieron desde distintos rumbos como: Estocolmo, París,
Glasgow, Lisboa, Frankfurt, Varsovia, Atenas y Montecarlo. Y había distintas
penalidades de acuerdo al motor, para hacer más pareja la competencia. Vinatier
partió desde Estocolmo y tuvo la fortuna de finalizar la prueba, aunque en un
lejano puesto 47.
No muchos
tuvieron la suerte de llegar. Por ejemplo de los que partieron de Atenas, no
llegó ninguno, ya que una tormenta de nieve inutilizó los caminos y nadie llegó
a la meta. Lo mismo para los que lo hicieron desde Lisboa por las lluvias, y de
Frankfurt llegaron solo 3 participantes que se desviaron del camino. Había en
juego una “Copa de Damas” que fue ganada por las suecas Ewy Rosqvist y Ursula
Wirth con un Mercedes 220 (16° en la
General). Estas señoritas eran muy conocidas en la Argentina, ya que el año
anterior se habían adjudicado el Gran Premio de Turismo Standard con el mismo
Mercedes. Y en 1963 iban a salir terceras en la misma prueba argentina.
Les dejo
las fotos de la réplica, perteneciente a la colección Rallye Montecarlo,
editorial Altaya. Para que disfruten, tienen un video imperdible de la época y
aquí hay otro video muy corto con la carrera. Valen la pena.
Buena semana y disfruten de este auto para ir a la granja.