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lunes, 4 de marzo de 2013

Ford Anglia (1963)


Hay veces, que a sabiendas de que un automóvil es estéticamente errado, la réplica igualmente me gusta. Y no pasa porque es un recuerdo de un auto de la familia o es el modelito donde nos dimos esos arrumacos con aquella señorita. Sin ni siquiera haberlo conducido o tal vez, ni haberlo visto en directo, cuando veo la miniatura me encanta. Tal vez las réplicas nos caen más simpáticas que el modelo original o no transmiten todos los defectos como deberían, pero cualquiera sea la razón, este Ford Anglia de 1963 me gusta.

En la actualidad, hay modelos que uno detesta de solo de ver la publicidad en una revista. Por ejemplo, el Chery QQ. Que me perdone si alguien lo tiene, pero para mi gusto es feo. Ya desde el nombre, que me hace acordar a un reloj cucu, no me gusta. Chiquito en extremo y algunos con colores llamativos, como si el dueño quisiera que lo vean conduciendo eso. No dudo, que el consumo debe ser ínfimo, que no le faltan comodidades, que no tiene problemas de estacionamiento, es económico y más seguro que otros autos. Pero entiendan, que para mi gusto es feo.

Y no es que el tamaño influye, porque puedo poner de ejemplo otro modelo que no me gusta y es muy grande. El Ssangyong Actyon, me parece de muy mal gusto. Esa trompa me hace acordar a los tranvías que se ven en las fotos blanco y negro, de las revistas de la década del 40. Y la parte trasera muy alta, con focos demasiado pequeños para la dimensión del vehículo. En el interior no debe faltar nada, debe venir hasta con azafata, y debe ser más seguro chocar en este auto, que quedarse durmiendo en casa. Pero gustos son gustos, y a mí no me agrada para nada.

Pero en el mundo de las miniaturas, las cosas cambian. Un auto en tamaño real puede ser feo, pero a escala se convierte en una joyita. De sapo pasa a ser príncipe, en lo que tardamos de sacarlo de la caja y ponerlo en la vitrina. Por ejemplo, y se que me gano varios enemigos entre ellos al Gaucho, el 2 CV no me pareció nunca un auto agraciado, hablando estéticamente. Sin embargo, las miniaturas son perfectas y uno no se cansa de seguir agregándolas a la colección. Es como imposible tener uno solo. Adictivo el 2 CV a escala, aunque cuando lo veo en la calle no me agrada para nada.

Con este auto me pasa lo mismo. Que me perdone Harry Potter, pero el Ford Anglia, en vivo y en directo, es un auto que mi cerebro rápidamente lo manda a la bandeja de “Autos no deseados”. Mas allá de sus dimensiones, el muy original parante trasero en “Zeta”, no le da una sensación de dinamismo que contagie emoción. Al contrario, lo hace parecer el auto ideal para ir al mercado y no para andar cientos de kilómetros. Sin embargo, admito que su originalidad, es un punto a favor para el diseño.

Otro punto que no me termina de cerrar es la trompa. Uno se acostumbra a la agresividad de las mismas. Por ejemplo, en la actualidad, es común ver en la noche, varios automóviles que con las luces encendidas, parecen vernos enojados, intimidándonos a corrernos, por miedo a ser aplastados. El Anglia, más allá de esa boca con reminiscencias acuáticas, parece estar triste o en el mejor de los casos parece cansado. Como que no me invita a pasear en él.

Pero a pesar de esas formas, la miniatura es una de la que más me gusta. Puede ser por lo original del modelo, que se destaca cuando lo veo al lado de otras miniaturas más comunes. Por lo general, cualquiera que ve la vitrina con las miniaturas, se detiene en esta réplica. Sus formas llaman la atención, y no disgusta para nada como me sucede con el modelo en tamaño real. Será una ilusión óptica o un defecto de coleccionista, pero lo bueno es que muchos autos dejan de ser el Patito Feo para convertirse en rareza.

EL original de este auto corrió el rally de Montecarlo de 1963 en manos del francés Jean Vinatier. En aquellos años las carreras eran muy distintas a la actualidad. Los 302 participantes partieron desde distintos rumbos como: Estocolmo, París, Glasgow, Lisboa, Frankfurt, Varsovia, Atenas y Montecarlo. Y había distintas penalidades de acuerdo al motor, para hacer más pareja la competencia. Vinatier partió desde Estocolmo y tuvo la fortuna de finalizar la prueba, aunque en un lejano puesto 47.

No muchos tuvieron la suerte de llegar. Por ejemplo de los que partieron de Atenas, no llegó ninguno, ya que una tormenta de nieve inutilizó los caminos y nadie llegó a la meta. Lo mismo para los que lo hicieron desde Lisboa por las lluvias, y de Frankfurt llegaron solo 3 participantes que se desviaron del camino. Había en juego una “Copa de Damas” que fue ganada por las suecas Ewy Rosqvist y Ursula Wirth con un Mercedes 220 (16° en la General). Estas señoritas eran muy conocidas en la Argentina, ya que el año anterior se habían adjudicado el Gran Premio de Turismo Standard con el mismo Mercedes. Y en 1963 iban a salir terceras en la misma prueba argentina.

Les dejo las fotos de la réplica, perteneciente a la colección Rallye Montecarlo, editorial Altaya. Para que disfruten, tienen un video imperdible de la época y aquí hay otro video muy corto con la carrera. Valen la pena.

Buena semana y disfruten de este auto para ir a la granja.

Un clásico devorando litros....

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