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jueves, 3 de abril de 2014

Plymouth Superbird (1970)

Las carreras de automóviles hace años que han dejado de ser, eso que siempre amamos. Ya en la época de los inicios de la Fórmula Uno, había comportamientos que poco tenían que ver con el deporte motor. Por ejemplo, los fabricantes de automóviles, hacían presión sobre el ente rector, en pos de beneficiarse reglamentariamente, sin tener en cuenta si esto era beneficioso para el deporte o no. Los intereses siempre han regido a las carreras, por eso es que existió este Plymouth Superbird de 1970. Y por la misma razón dejó de existir.

La historia dice más o menos así. A fines de los sesenta, la lucha en la categoría NASCAR se centraba entre dos gigantes americanos. Ford, con toda su batería de modelos y Chrysler, que lo hacía con dos marcas que se mantenían independientes en las pistas: Dodge y Plymouth. Por su parte GM, que había dominado los primeros años de esa década, con sus marcas Chevrolet y Pontiac, no lograba culminar delante de sus competidores.

En 1968, el campeón reinante Richard Petty, no podía defender su título con Plymouth a manos del Ford de David Pearson y para el año siguiente no distaba muy distinto el panorama. El legendario piloto, intimó a los directivos de la Plymouth a que le den un auto con chance de victoria, amenazando con abandonarlos, para pasarse a la marca del óvalo azul. Lo que solicitaba era un automóvil aerodinámico como los Dodge Daytona, pero aunque las dos marcas pertenecían al mismo consorcio, en las pistas eran totalmente independientes y era imposible darle en el corto tiempo, la herramienta que el piloto pedía.

Petty, ofendido en su orgullo optó por una maniobra arriesgada y dejó la marca de sus amores y firmó con Ford para ese año 1969. Plymouth no se sintió traicionada y comprendió las necesidades de Richard, por lo que se puso a trabajar, con la intención de repatriarlo para el año siguiente, mientras que el errante piloto obtenía el subcampeonato.

Ante el poco tiempo para desarrollar un auto totalmente nuevo, se decidió utilizar todas las herramientas que tenían a disposición. Primero se eligió un modelo existente y la elección cayó sobre el Plymouth Road Runner. El primer paso recayó sobre la aerodinámica, que era muy necesaria para los veloces óvalos de la categoría. La trompa recibió una aditamento, denominado por la gente como nariz de tiburón, la cual escondía los focos, cual Lancia Stratos…

También se trabajó en los guardabarros delantero y capot para mejorar el flujo de aire, pero los resultados no fueron los esperados, por lo que se debió recurrir a los del Coronet. Para la parte trasera también había problemas, ya que la caída de la luneta del Road Runner no era la ideal y hubo que reformarla, mejorando los resultados pero sin sobresalir como lo hacía el Dodge Daytona.

Con estos cambios el mayor problema era la cola. A altas velocidades tendía a despegarse del suelo, perdiendo tracción y haciéndolo muy peligroso de conducir. La solución vino por el gigante alerón Hay dos versiones sobre su altura. Algunos afirman que fue el resultado del estudio en el túnel del viento, ya que este fue el primer modelo de Plymouth en utilizarlo. Los más escépticos afirman que el alto del mismo, es el necesario para poder abrir el baúl sin dificultades.

En 1970, para homologarlo se hicieron casi 2000 unidades, ya que el reglamente de la NASCAR decía que el automóvil debía estar disponible en todas las concesionarias. Había tres motorizaciones: un 440 con un carburador de 4 bocas, un 440 con tres carburadores de doble boca y el Hemi 426 destinado a las carreras, de los cuales solo se hicieron 135 modelos.

Toda esta jugada rindió sus frutos, y Richard Petty volvió a las huestes de Plymouth para la nueva década. Ese año el campeonato fue para Bobby Issac y su Dodge Daytona, pero en 1971, el Superbird obtuvo su campeonato con Petty, arrasando a sus competidores. Durante esos dos años, Plymouth ganó 43 carreras, amenazando con monopolizar todos los campeonatos. Es así, que para 1972, ante la presión de las automotrices participantes y con el riesgo latente de accidentes mortales, por la elevada velocidad que alcanzaban, se cambió el reglamento limitando los motores a 300 pulgadas cúbicas y extinguiendo definitivamente a estos gigantes.

Plymouth siguió participando y en 1973 obtuvo su última victoria en la historia de la NASCAR. Fue en Alabama con el piloto Dick Brooks, quien obtuvo su único triunfo a lo largo de sus 17 años de actividad en la especialidad.

La réplica que nos acompaña, es de Race Champions y corresponde al Superbird de Dick Brooks de 1970. En el video, pueden ver a estas bestias en acción.

Saludos y no caigas en tus tontas trampas.

viernes, 17 de junio de 2011

Plymouth GTX (1971)

¿Como negar que los autos con potencia tienen un plus de seducción? Un V8 sonando estrepitosamente tiene un sonido que automáticamente hace que uno se de vuelta buscando el origen de tal sinfonía. Estamos de acuerdo, que la polución es un problema de todos, que las grandes ciudades son solo para pequeños autos, que el petróleo está a unos pocos años de terminarse y que un auto moderno tiene las mismas prestaciones que un gran auto de hace unos años. Sin embargo, si me dan a elegir, yo quiero una bestia bajo mi zapato, que escupa ruido y devore litros de combustible. Quiero un muscle car. Y si me dan el Plymouth GTX 1971, sería fantástico. Se los presento.

Plymouth era una empresa del grupo Chrysler, creada en 1926 para ocupar una franja más económica, que las que peleaban Imperial, Chrysler y Dodge, con el fin de competir de igual a igual con Ford y GM, que ofrecían modelos más económicos. El logo de la nueva empresa, corresponde al buque Mayflower, en el cual viajaron los colonizadores desde Plymouth Rock en el Reino Unido, para fundar el estado de Massachusetts, lugar de granjeros. La idea era elegir algo que represente al nuevo segmento que apuntaba la Chrysler.

Este modelo en particular arranca en 1967, con la presentación del Plymouth Belvedere GTX. Un Hard Top que tomaba partes del Plymouth Satellite, con dos versiones de motor: el 426 de 7 litros o el 440 de 7.2 litros. Una máquina de tragar combustible, impensada para estos tiempos. En 1968 se presenta la segunda generación, ya con una identidad bien distanciada de su predecesor. Se agregaba una versión convertible y a los motores anteriores se le sumaba un modesto 383 (6.3 litros). Esta nueva estética daba el pie para la nueva creación, el Road Runner.

En 1969, ante el aumento de ventas del Road Runner, se le hace una pasada en limpio en el interior y se le da una presencia más deportiva con el agregado de franjas y la implementación del air grabber. Para 1970 el modelo convertible se discontinuó y se cambian las tomas del capot, nuevas rejillas delanteras y la tapa del baúl era sutilmente distinta. Las motorizaciones podían ser: el 440 de 375 CV, el 440+6 de 390 CV y el Hemi 426 de 425 CV. Una brutalidad por la cual hoy en día seríamos odiados por todos los ambientalistas...

El de 1971, fue el año de la tercera generación y presentaba cambios más profundos. Los guardabarros eran más redondeados, y todo el conjunto era más curvilíneo. El air grabber era opcional. La distancia entre ejes se acorta y crece el ancho del tren trasero para darle una mejor tenida. El capot más largo, lograba esconder los limpiaparabrisas. A pesar de todos estos cambios, no se pudo revertir la suerte del modelo y solo se produjeron 3000 unidades. El motor era el 440 y como opcional se ofrecía el Hemi 426, del que solo se hicieron 30 modelos. Para los dos años siguientes, el GTX era un opcional del modelo Road Runner.

Esta es la historia de un modelo digno de la época en las que las grandes fábricas americanas, se debatían en construir el auto más grande, más potente y más rápido. Una era que llegó a un final anunciado, cuando en 1973 se desata la crisis del petróleo y todos estos vehículos se vuelven obsoletos en cuestión de minutos. Unos automóviles que todos, por lo menos una vez en la vida, debemos deleitar.

Como siempre, les dejo algunas imágenes, un video y fotos de la réplica correspondiente a la firma Yat Ming.

Un abrazo para todos y que disfruten en este fin de semana, del día del padre. Saludos!!!!!

P.D.: Estoy seguro que el Sr. Pistón, también se excitaría de pisar este modelito....

Un clásico devorando litros....

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