sábado, 8 de diciembre de 2012

Honda NSX (1990)


Como mal coleccionista que soy, me he dado cuenta que de autos asiáticos, o para quedar más en evidencia, de autos japoneses, tengo varios vestidos para el rally, pero muy pocos de civil. Digo pocos por no decir, tengo menos que poco. No se porque se han dado las cosas, supongo que por falta de oportunidad o tal vez es, que al ser una industria joven, en comparación con la europea o americana, no me atraen tanto los modelos que no tienen más de 40 años. Pero por suerte siempre hay una excepción, y en mi colección es el Honda NSX de 1990. Vean el porque.

No me había dado cuenta de mi abstinencia, hasta que me tope con varios autos de la Car Collection de Del Prado. En ella, tuvieron el gran acierto de incluir varios modelos, no como me sucede con Altaya que siempre nos trae modelos mayormente europeos, en todas las colecciones y siempre quedan afuera los modelos de oriente. Si sale la colección “Nuestros queridos coches de los 80”, ya sea colección española o francesa, los autos japoneses quedan afuera, salvo alguna mínima excepción.

¿Habrá una Altaya japonesa? ¿Se imaginan a “Nuestlos quelidos coches de los ochenta? Dejando de lado el chiste fácil, la verdad es que me gustaría tener una colección así. O de alguna marca, como las que salieron de Citroën, Opel, Simca, Ferrari, etc en Europa. No se ustedes, pero me gustaría ver la colección de Honda, Toyota, Mitsubishi o Subaru. Porque tampoco se mucho de esta industria. Por estas tierras, es difícil conseguir bibliografía en español de la fabricación japonesa, así que seguramente de existir algo así, descubriría un mundo desconocido.

Por suerte, del NSX hay material, y les cuento porque. Honda había empezado con los automóviles en la década del 60, con modelos pequeños, por lo que no era tenida en cuenta como una gran industria, al igual que otras compañías asiáticas. Pero la diferencia es que esta casa japonesa incursionó prontamente en la Fórmula Uno, obteniendo dos victorias, que aunque no lo posicionar como referente automovilístico, sirvieron para que el mundo sepa de la existencia de la marca.

Luego de esa experiencia, la casa nipona en la década del ochenta, vuelve como proveedora de motores y ahí el mundo cae rendido a sus pies. Hasta su retiro, obtienen 6 campeonatos de constructores y cinco de pilotos. Aprovechando estos palmares, deciden lanzar un deportivo, para terminar de conquistar los distintos mercados. El modelo comenzó a ser proyectado en 1984 y se lanzó en 1990, en pleno apogeo de Honda en la categoría máxima del automovilismo.

Se trataba de una coupé para dos personas con un motor V6 en posición central. Todos esperaban que herede el V10 de la F1, pero se optó por un motor más pequeño, para diferenciarse de una Ferrari. Entonces se tuvo que trabajar en el peso del vehículo. Por eso parte de la suspensión, del chasis y de la carrocería eran de aluminio, siendo solo más pesado que el Lotus Esprit de la época. La otra gran sorpresa estaba dada por la propia planta motriz

El V6 tenía la tecnología V-TEC, que muchas fabricas copiaron años después. Cada cilindro tenía cuatro válvulas, pero solo se abría una durante la admisión. Si el conductor necesitaba de mayor potencia, se abría la segunda válvula, mientras que cambiaba el ritmo del árbol de levas. La ventaja, es que a bajas vueltas, el auto era muy manejable, ya que tranquilamente se podían domar los 274 CV, sin que el auto salga disparado hacía cualquier lado, menos hacia donde quería el conductor…

A pesar de todo lo que ofrecía, el New Sportscar eXperimental, tuvo suerte diversa en los mercados. En aquellos años, en Europa, se lo tildaba de una copia de Maranello, algo tosca, insulsa y ostentosa. Pero en Estados Unidos, donde se comercializaba bajo el nombre de Acura, fue apreciado por sus prestaciones, por su delicado comportamiento y por su estética. Hoy, con casi 30 años a cuestas, se lo considera como el primer clásico japonés.


Por eso, es que me gusta este modelo, por todo lo que significa para la industria japonesa. Les dejo un video con el mejor piloto de F1 de los últimos tiempos y las fotos de la réplica correspondiente a la entrega número 20 de la colección Car Collection, de editorial Del Prado, edición española.

Saludos para todos, antes y después.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Voisin C28 Ambassade (1936)


Entre las innumerables colecciones que nos ha brindado Altaya, “Los más Bellos Coches de Época”, es la que más he disfrutado, pero también la que más he sufrido. Lo bueno vino por la temática ya que era la primera y por ahora única colección que nos daba la posibilidad de ver los autos de los años dorados. Lo malo, fue que en la Argentina solo salieron 14 fascículos. Una verdadera pena, que con el paso del tiempo se hizo costumbre por parte de la editorial. Para mitigar esa pena, les presento el Voisin C28 Ambassade de 1936 que no salió por estas tierras.

Igualmente, más allá de lo pequeña de la colección, creo que lo peor es haberla completado. Porque mientras uno va juntando, siempre está la adrenalina por el futuro auto que va a aparecer. Y que se termine esa sensación, en favor de saber que no va aparecer ninguno más no es bueno. ¿Acaso lo mejor para el coleccionista es nunca terminar la colección? Como dice el Cabo Reyes: “Si preguntan por mi colección, debo decir incompleta, felizmente incompleta, si un día se completa no podría coleccionar más”.

Buscando más allá, encontré un artículo llamado “La mente del coleccionista” donde hay varios párrafos interesantes. Por ejemplo: “Esta parte de constante ampliación del coleccionismo es uno de sus estímulo básicos, aunque la dificultad aumente cada vez mas”. Y es cierto, porque a pesar del tiempo transcurrido, uno sigue sintiendo la misma emoción, cuando incorpora un nuevo modelo, en parte gracias a la dificultad para conseguir esa pieza esquiva.

Ya en niveles más profesionales, se declara: “La presencia del objeto final significaría la muerte del sujeto”. Al completar su colección, el coleccionista dejaría de ser el hombre “vivo y apasionado” que es,  gracias a algo que es mucho más que una simple afición. Esa noticia es excelente, quiere decir que vamos a coleccionar hasta nuestros últimos días. “Que una colección esté viva es la parte más atractiva”. ¿Que mejor entonces que seguir añadiendo modelos y compartirlos con ustedes?

Después de haber encontrado estas razones para hacerle entender a la familia que no sufrimos ninguna enfermedad, les cuento que Gabriel Voisin, fue un francés nacido en 1880 que se convirtió en un pionero de la aviación, que en 1905 estableció su propia fábrica de aviones. Avions Voisin, tuvo un papel importante en la Primera Guerra Mundial y esto le facilitó, al finalizar la contienda, la posibilidad de comenzar con la construcción de automóviles en 1919.

El primer modelo fue el C1, un 4 cilindros de casi 4 litros de cilindrada, con una potencia entre  18/23 CV, tenía una transmisión de 4 velocidades, y podía alcanzar una velocidad de 120 km/h. Este modelo fue optimizado en los años siguientes y se producido durante casi 10 años. Prontamente, los automóviles franceses empezaron a ganar prestigio, cuando las estrellas de cine del momento, como Rodolfo Valentino, se paseaban en estos cabriolets.

El primer seis cilindros, el C11, fue introducido en 1926. Tenía apenas 2.4 litros y tres velocidades. Este modelo fue mejorado en 1928 donde se alargó la distancia entre ejes y la transmisión sumó una marcha. La producción de este modelo probablemente estuvo influenciada por los distintos modelos especiales como el voisin laboratoire de 1923 que nos mostró el Gaucho.

EL C18 fue el primer V12, aunque fue más popular el C20. Cada uno de estos autos, era probado por el mismo Gabriel Voisin, junto al futuro cliente. Si el constructor quedaba conforme, se bajaba en medio del camino sacaba la insignia de una caja y la colocaba sobre el radiador. Si el comprador estaba de acuerdo, ahí mismo se firmaban los documentos. Luego regresaban los dos a la ciudad. Después me hablan de marketing…

EL C28 tenía un motor de 6 cilindros de 3.3 litros, que superaba los 100 CV y le permitía alcanzar los 140 km/h, con una caja de 4 velocidades y tracción trasera. Este fue el último de los modelos, cuyo responsable, fue personalmente el mismísimo Gabriel. Al final de la década del 30, la compañía entró en problemas económicos, que con la Segunda Guerra Mundial, dictaron el final de la empresa. Como legado, al final del armisticio, Gabriel Voisin diseñó un pequeño auto para movilizar a la Europa destruida: el Biscuter. La antítesis de lo que fue alguna vez Avions Voisin.

Les dejo un video y las fotos de la réplica perteneciente el número 26 de Voitures Classiques, editorial Altaya, edición Francia.

Nos vemos la próxima semana, saludos y me gusta….

Un clásico devorando litros....

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