martes, 11 de octubre de 2022

Zaz 966 (1967)

- Oh, Dios mío! - exclamó de pronto mi amigo Arnie Cunningham.
Tenía los ojos desorbitados tras sus gafas de montura de acero, se había llevado la mano a la boca, tapándosela parcialmente con la palma, y su cuello podría haber estado montado sobre rodamientos a bolas por la forma en que lo estiraba hacia atrás por encima del hombro.

- ¿Qué ocurre? - pregunté.

- ¡Para el coche, Dennis! ¡Vuelve!
- ¿Qué estás...?
- Vuelve, quiero verla otra vez.
De pronto, comprendí.
- Oh, vamos, olvídalo - dije. Si te refieres a esa cosa que acabamos de pasar...
- ¡Vuelve!
Estaba casi gritando.
Volví, pensando que quizá se tratara de uno de los tiples chistes de Arme. Pero no lo era. Estaba completamente ido. Arnie se había enamorado. El objeto de su amor era un mal chiste, y nunca sabré qué vio Arnie en él aquel día. El lado izquierdo de su parabrisas era una retorcida telaraña de resquebrajaduras. El techo estaba hundido en su parte derecha, y la descascarillada abolladura estaba cubierta de herrumbre.
El parachoques trasero se hallaba torcido, la puerta del maletero entreabierta y el tapizado de los asientos presentaba alargados desgarrones. Parecía como si alguien la hubiera emprendido a cuchilladas con la tapicería. Un neumático aparecía completamente liso. Los otros, tan desgastados que dejaban ver el cañamazo interior. Lo peor de todo: había un oscuro charco de aceite bajo el motor.

Arnie se había enamorado de un "Plymouth Fury" de 1958, uno de esos alargados y con grandes aletas. Había un viejo y descolorido letrero SE VENDE apoyado en el lado derecho del parabrisas, el lado que no estaba agrietado.
- ¡Mira qué líneas, Dennis! - susurró Arnie.

Estaba corriendo alrededor del coche como un poseso. Sus sudorosos cabellos se agitaban al viento. Accionó el picaporte de la portezuela trasera, que se abrió con un chirrido.
- Arnie, me estás tomando el pelo, ¿no? Es insolación, ¿verdad? Dime que es insolación. Te llevaré a casa y te pondré bajo el acondicionador de aire, y nos olvidamos de todo esto ¿conformes?

Pero lo dije sin muchas esperanzas. Él sabía gastar bromas, pero no tenía entonces cara de estar bromeando. Lucía más bien una especie de expresión alucinada que no me gustaba ni pizca. Ni siquiera se, molestó en responder. Una cálida bocanada de aire rancio que olía a vejez, a gasolina y a putrefacción avanzada salió por la abierta portezuela. Arnie tampoco pareció reparar en eso. Entró y se sentó en el rasgado y descolorido asiento trasero. En otro tiempo, veinte años atrás, había sido rojo. Ahora presentaba una desvaída tonalidad sonrosada. Alargué la mano y cogí unas hilachas del tapizado, las miré y las hice volar soplando.

- Parece como si el Ejército Rojo hubiera pasado sobre camino de Berlín - dije.

Finalmente, se dio cuenta de que yo continuaba allí.
- Sí... sí. Pero sería posible arreglarlo. Podría... podría quedar de maravilla. Una unidad móvil, Dennis. Una belleza. Una verdadera...
- Eh! Eh! ¿Qué hacéis ahí?
Era un viejo que parecía como si estuviese disfrutando - más o menos- sus setenta primaveras. Probablemente menos.
El tipo me pareció la clase de hombre que disfrutaba muy poco. Tenía el pelo, lo poco que le quedaba, largo y áspero. En la parte calva de su cráneo se apreciaba un buen caso de psoriasis. Llevaba pantalones verdes y zapatillas de deporte. Iba sin camisa; en su lugar, tenía en torno a la cintura algo que parecía un corsé de señora. Cuando se acercó más, vi que se trataba de una faja ortopédica. Por su aspecto, daba la impresión de que se la había cambiado por última vez aproximadamente en la época en que murió Lyndon Johnson.

- ¿Qué hacéis ahí? - Su voz era aguda y estridente.
- ¿Es suyo este coche, señor? - preguntó Arnie.

La pregunta no dejaba de ser un poco tonta. El "Plymouth" estaba aparcado en el jardín de la casita de la que había salido el viejo. El jardín era horrible, pero parecía algo con aquel "Plymouth" en primer plano para dar perspectiva.
- ¿Y qué si lo es? - preguntó el viejo.
- Yo... - Arnie tuvo que tragar saliva -, quiero comprarlo.

(Stephen King: "Christine" 1983)



martes, 4 de octubre de 2022

Porsche Panamera Turbo (2010)

¿Está mejorando, o sientes lo mismo?
¿Será más fácil para ti
ahora que tienes a alguien a quien culpar?
Dices: un amor, una vida,
cuando en la noche es una necesidad.
Un amor, podemos compartirlo,
cariño, te deja si no te preocupas de ello.

¿Te decepcioné?
¿o te dejé un mal sabor en tu boca?
Actúas como si nunca hubieras tenido amor,
y quisieras que yo me fuera sin él.
Bueno, esta noche es demasiado tarde
para sacar a la luz el pasado.
Somos uno, pero no somos iguales,
podemos llevarnos el uno al otro,
llevarnos el uno al otro... uno.
 
¿Has venido aquí por el perdón?
¿Has venido a levantar al muerto?
¿Has venido aquí a jugar a ser Jesús
con los que en tu cabeza son unos leprosos?
¿Te pedí demasiado?
Más que un montón.
Tú me diste nada, ahora es todo lo que tengo.
Somos uno, pero no somos iguales,
Bueno, nos hicimos daño, luego lo hacemos de nuevo.
 
Dices que el amor es un templo, el amor, la ley suprema,
el amor es un templo, el amor, la ley suprema.
Me pides que entre, pero entonces me haces arrastrarme.
y no puedo aferrarme a lo que tienes
cuando todo lo que tienes es dolor.
 
Un amor, una sangre, una vida,
tienes que hacer lo que deberías hacer,
una vida el uno con el otro,
hermanas, hermanos.
Una vida, pero no somos iguales,
podemos llevarnos el uno al otro,
llevarnos el uno al otro,
uno, uno.

 


(U2: “Uno” 1991)


Un clásico devorando litros....

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