Luego de la Segunda Guerra, los granjeros estadounidenses
necesitaban un vehículo, que permitiera el trabajo liviano durante la semana y
que sea cómodo para ir a la iglesia el domingo. La solución podría ser los roadsters
utilitarios estadounidenses de la década de 1920, vehículos de dos puertas
basado en un turismo, con una pequeña bandeja trasera integrada. Aquellos
“roadster pickup” sentaron las bases de una tipología híbrida, pensada para
combinar movilidad cotidiana con tareas ligeras de carga. Con el paso del
tiempo, la mejora de la economía y la búsqueda de mayor confort impulsaron una
evolución natural hacia carrocerías cerradas, más cómodas y socialmente
aceptables, especialmente en entornos suburbanos y rurales.

El verdadero punto de inflexión llegó en Australia. Entre
1932 y 1934, el diseñador de Ford Lew Bandt desarrolló el primer cupé
utilitario con techo fijo, respondiendo a una necesidad concreta del ámbito
rural. Aquella solución pragmática tuvo éxito inmediato y abrió un camino que
otras marcas no tardaron en seguir. GM Australia produjo un cupé utilitario
Chevrolet en 1935, mientras que Studebaker lanzó su Coupé Express entre 1937 y
1939. Holden también exploró este formato en 1951. Sin embargo, pese a estos
antecedentes, el concepto desaparecería durante años del mercado
estadounidense.

En Estados Unidos, la idea fue retomada recién en la
posguerra. En 1952, el influyente diseñador y ejecutivo de General Motors
Harley Earl propuso formalmente el concepto de una camioneta cupé basada en un
automóvil. Aunque la idea no prosperó de inmediato, algunos modelos actuaron
como precursores claros. La Chevrolet Cameo Carrier de 1955, con estilo de
automóvil de pasajeros, interior lujoso y motor V8 opcional, anticipó
claramente la filosofía que luego definiría al El Camino, aun cuando conservaba
una estructura de pickup convencional.

El nuevo segmento se consolidó finalmente en 1957 con la
aparición del Ford Ranchero. Adaptado de una camioneta familiar de dos puertas,
combinaba practicidad, confort y una conducción más cercana a la de un
automóvil. Su éxito fue inmediato: se vendieron 21.706 unidades en su primer
año, demostrando que existía un público dispuesto a aceptar esta curiosa mezcla
de auto y utilitario. El Ranchero no solo creó un nicho propio, sino que obligó
a General Motors a reaccionar rápidamente para no quedar al margen de una tendencia
emergente.

La respuesta de Chevrolet llegó el 16 de octubre de 1958,
con la presentación oficial del El Camino para el año modelo 1959. GM lo
definió como la perfecta combinación entre “auto de pasajeros” y “capacidad de
carga de una camioneta”. Su diseño fue descrito como “dramáticamente
estilizado”, y su imagen buscaba atraer a un público más amplio que el
estrictamente comercial. El El Camino era más elegante, más bajo y visualmente
más impactante que su rival, apuntando directamente al consumidor suburbano de
finales de los años cincuenta.

En ese contexto social, el cupé utilitario ofrecía una
ventaja simbólica importante. Resultaba más respetable estacionar un vehículo
de líneas automotrices frente a una casa suburbana que una pickup de aspecto
industrial. Chevrolet lo promocionó como ideal para profesionales activos,
agricultores modernos y pequeños empresarios: el vehículo capaz de trabajar
durante la semana y acompañar la vida social el fin de semana. El mercado
respondió positivamente: en 1959 se vendieron 22.246 El Caminos, superando al
Ranchero y confirmando el acierto inicial de la propuesta.

Desde el punto de vista técnico, el El Camino debutó con una
gama mecánica muy amplia. Ofrecía motores seis cilindros, así como V8 de 283
pulgadas cúbicas hasta 348 pulgadas. Incluso se podía optar por la sofisticada
inyección de combustible. Las transmisiones incluían cajas manuales de tres y
cuatro velocidades, además de la automática. Su chasis en X con vigas de
seguridad y suspensión helicoidal completa representaban soluciones avanzadas
para la época.
El modelo de 1960 mantuvo la esencia, pero ajustó su
enfoque. El V8 básico de 283 pulgadas cúbicas fue reducido a 170 hp para
priorizar economía, y la inyección de combustible desapareció. Con un precio
inicial de 2.366 dólares para las versiones de seis cilindros, el El Camino
seguía siendo competitivo, pero el contexto económico y la creciente demanda de
vehículos más pequeños comenzaron a jugar en su contra. Las ventas cayeron
drásticamente y Chevrolet decidió interrumpir la producción tras solo dos años.

El regreso del El Camino en 1964 marcó el inicio de su
segunda generación, ahora basado en el Chevrolet Chevelle de tamaño intermedio.
Con una distancia entre ejes más corta y un planteo más equilibrado, se lo
comercializó como utilitario ligero. Inicialmente, la gama de motores fue
conservadora, pero pronto se incorporaron V8 más potentes, incluido el 327.
Este período coincidió con el auge de los muscle cars, contexto que terminaría
por redefinir por completo la identidad del modelo.
La tercera generación, entre 1968 y 1972, representó el
punto culminante del El Camino. El debut del Super Sport y motores como el
SS-396 y el legendario LS6 454 colocaron al modelo entre los utilitarios más
rápidos jamás producidos. Capaz de recorrer el cuarto de milla en apenas 13
segundos, el El Camino combinaba potencia extrema con una practicidad única.
Sin embargo, la crisis energética y las nuevas regulaciones comenzaron a
limitar esta era dorada, reduciendo progresivamente compresión y rendimiento.

Las generaciones posteriores reflejaron claramente el cambio
de prioridades de la industria. Entre 1973 y 1977, el El Camino creció en
tamaño y peso, perdiendo parte de su carácter deportivo. El SS pasó a ser solo
un paquete estético, mientras que los grandes V8 fueron desapareciendo. A
partir de 1978, la quinta generación introdujo motores V6, ediciones especiales
y opciones diésel. Finalmente, la producción se trasladó a México y el modelo
fue descontinuado silenciosamente en 1987, cerrando una historia singular
dentro del automovilismo.
La miniatura en 1/43, corresponde a Ixo para la editorial La Nación, quien publicó “Autos Americanos 2”
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