jueves, 21 de febrero de 2013

Shelby Cobra 427 (1964)


Para el tema Diecast Central de este mes, el tema venía fácil. “El Segundo Auto”. Ese auto que solo tendríamos si nos sobra la plata. No para usar todos los días ni para ir al supermercado. Es ese auto que siempre quisimos tener, el que lavaríamos todos los fines de semana para dar una vuelta. El problema fue elegir entre la colección que uno tiene y ahí se abrieron las posibilidades de soñar. Me costó trabajo, pero sepan que el Shelby Cobra 427 de 1964, sacó una leve ventaja con respecto a los demás.

Piensen que quieren de ese auto especial, para tenerlo en el garaje, muy cerca del dormitorio. Primero me vino a la mente un súper deportivo de última generación. Imaginen llegar al boliche del momento en un Lamborghini, Ferrari o Pagani. Lo único que tienen que hacer es ruido, para que los vean bajar de esa máquina y listo. Solo hay que elegir a la señorita más linda y llevársela. No hay que hacer nada, si uno no habla mejor. Como dice el dicho “billetera mata galán”….

Esa es una buena elección, sumado a la velocidad de esos autos, digamos que tenemos un combo casi perfecto. El único inconveniente es que tarde o temprano nos vamos a aburrir, que la señorita crea que es más importante que nuestro auto. Eso es algo que nunca van a entender. Y el otro inconveniente es que a esos ultra deportivos le falta, a mi gusto, un poco de mística y algo de personalidad, ya que muchas veces tenemos que leer de que marca es, porque a simple vista no logramos identificarlos.

Ustedes saben que uno de mis puntos débiles son los autos de pre guerra. Me parecen magníficos, con un halo de misterio y mucha historia, que los hacen mágicos. Con materiales nobles, los vemos con partes de madera, cobre o bronce, que los hacen salidos de un cuento de Julio Verne. Siempre me imagino, como habrá sido andar por las rutas de los años treinta, con esas máquinas al mejor estilo Delage, Bugatti o Duesenberg. Lo pesados que eran, con frenos no muy poderosos y a velocidades muy respetables. La verdad es que esa sería una buena opción.

Y si uno tiene la suerte de tener uno de esos clásicos, se puede dar el lujo de ir a distintos eventos y exposiciones, y sentirse orgulloso de su majestuoso automóvil. Lo que un poco me desmotiva, es el cuidado extremo que hay que tener en estos vehículos a la hora de la conducción. Uno no va a pasear por la ciudad en su Bugatti Atalante. Y en ese cuidado, por más que sea en una ruta desértica, debemos escatimar el acelerador o cualquier maniobra brusca, porque uno no está manejando solo un vehículo, uno está conduciendo una obra de arte.

Si quisiera manejar un vehículo, sin tener que ser tan preciso en la conducción, mi opción sería otra de mis debilidades: el Grupo B. Si, la verdad es que me gustaría tener una bestia de rally. ¿Se imaginan haciendo trompos en un Audi Quattro S1? ¿O doblando cruzado en la esquina a bordo de un Peugueot 205 T16? Ni hablar de salir acelerando cuando la luz de semáforo se pone en verde, manejando un Lancia Delta S4. Estoy pensando seriamente en cambiar de miniatura para esta entrada….

No habría camino que nos detenga, y no tendríamos que cuidarnos tanto por algún leve raspón. Después de todo, estos autos están acostumbrados a los maltratos. El que no está acostumbrado a ellos, es uno mismo. Son muy bruscos ante cualquier orden que uno le da. Imaginen más de 500 HP pegados en la espalda, llevándolos en todas las direcciones. Es como si Mohamed Ali, los usara de media res y entrenara al mejor estilo Rocky. Y no se olviden del sonido, que al principio nos fascina y media hora después nos dejó sordos.

Lo mejor entonces fue hacer un mix entre las virtudes de estos distintos autos que me gustarían tener. Imaginen un auto deportivo, con el cual se le puede decir a nuestra señorita que es el último modelo de una casa inglesa y que tenga una personalidad, imposible de confundir con cualquier otro vehículo. A eso súmenle que tenga unos años como para ser un clásico, pero sin tener la necesidad de tratarlo como si manejáramos a La Gioconda. Y todo conjugado con un motor lo suficientemente potente como para no seguir añorando al querido Grupo B. No caben dudas de Carroll Shelby sabía lo que hacía.

Esta réplica corresponde al fascículo 49 de la colección Car Collection de editorial DelPrado. También tienen el video para disfrutar.

Como siempre los invito a pasar por el blog Diecast Central, para que cada uno se sume a esta iniciativa.

Saludos y recuerden que Los Cobras son los mejores.

jueves, 14 de febrero de 2013

Renault Goélette (1975)


Hoy vamos a ver un taxi. Ese invento que ha movilizado ciudadanos en todo el mundo y que en nuestro país nos ocupamos de adecuarlo a la economía y lo transformamos en el colectivo. La duda que tengo no es sobre el taxi en sí, si no sobre su chofer. Ese noble trabajador que nos lleva a todas partes, siempre con una sonrisa ya sea por la ciudad, el campo, con un noble sedán último modelo o con un Renault Goélette de 1975. ¿O no es tan así?

El taxista es una raza muy especial de los que habitan las calles de la ciudad, por lo menos la de Buenos Aires. No vamos a generalizar, pero creo que cada uno puede agregar o sacarle alguna característica. El primer punto es lo que nosotros denominamos “chanta”. Es un sabelotodo de las calles. El conoce el negocio como ninguno, sabe quién es el bueno, el malo y el feo. Pero obviamente, él es solo una víctima de los demás, nunca una autocrítica.

Si hay un accidente, jamás veremos a un taxista admitir que fue suya la responsabilidad. No importa si iba a 10 km/h interrumpiendo el tránsito o que dobló bruscamente sin avisar, que no lleve las luces o que directamente paró a mitad de cuadra a comprar caramelos. Nunca pero nunca un taxista va a provocar un choque. Eso es responsabilidad de los particulares, colectivos, motos o peatones.

Por lo general, esta raza de automovilistas, se jacta del “levante” que tiene con las mujeres. “No sabés!!!, llevé a una modelo y como no tenía plata para pagarme, me invitó al departamento…” Estas anécdotas pueden sufrir malformaciones con el tiempo para llegar a ser verdaderas fiestas sexuales, donde el noble chofer se terminó acostando con toda la troupe de un teatro de la calle Corrientes, aunque el origen de la historia sea en los bosques de Palermo, con una señorita de voz muy gruesa…

También es un hábil comerciante. Siempre tienen la suerte de dar con un viaje de 300 km y llenarse de plata. “Yo en 4 horas, ganó la misma plata que ganas vos en 12…” Y la verdad es que es para felicitarlos, porque no sé como lo hacen, cuando uno los ve durmiendo bajo un árbol… Por suerte, eso no es una regla, y hay muchísimos taxistas que hacen la calle por varias horas, pero siempre aparece el que dice “Vos no sabes trabajar, yo hago el doble que vos”.
 
Y esos mismos que ganan fortunas, son de lo más ahorrativos. Están todo el día con un vaso de agua gratis, un cigarrillo pedido y cargan solo la mitad del tanque de gas. Eso es muy raro, porque si hacen tanto dinero y no lo derrochan, tendrían un excelente nivel de vida. Sin embargo, uno los ve con los coches sucios, desarreglados y ni le preguntemos si tienen la patente al día. Por suerte, cuando uno se encuentra con un taxista que le dice la verdad, nada de esta simulación sucede. Claramente, le admite que no hizo un peso, y que por eso, solo almorzó una porción de pizza en lo de Mingo. Ese es el verdadero taxista.

Más allá de estas características, la mayoría de los taxistas son de esas personas que en más de una ocasión nos han salvado. Ya sea llevándonos de una punta a la otra, o simplemente dándonos una mano si la necesitamos. Habría que ver qué sucede con ellos en otras partes del mundo, cuáles son sus características, con virtudes y defectos.

Con respecto a este Renault, se fabricó desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1947 hasta 1965. En su historia se lo conoció con distintos nombres como Goélette, Voltiguer o 1000 Kg, debido a su capacidad de carga. Tuvo motorizaciones que fueron desde los 2 litros hasta los 2.4 en las versiones nafteras y desde 1.8 hasta los 2.7 en los motores diesel. La tracción era trasera, aunque a pedido del ejército se desarrollo una versión con tracción en las cuatro ruedas. 

Como se pueden imaginar, este vehículo fue multipropósito. Su origen se debe al pedido del gobierno francés de desarrollar un vehículo mediano de carga, para ayudar con la reconstrucción del país. Por eso Citroën tenía su Type H y era su principal competidor. Estos utilitarios se los puede ver tanto para el trabajo civil como militar u oficial, ya que fue utilizado por el correo postal.

Cuando su sucesor el Super Goélette SG2 vio la luz, este modelo fue discontinuado y muchos de ellos fueron a África, a las colonias francesas. De ahí surge esta versión como taxi de la ciudad de Dakar, aunque su función era más como la de un colectivo o bus, ya que servía para ir de una ciudad a otra, con varios pasajeros en su interior. De ahí la leyenda en su lateral “Transport en commun” .

La réplica de las fotos, corresponde al número 12 de la colección “Taxis del Mundo”, editorial Altaya. El video es para que vean como son estos lindos modelos.

Será hasta la próxima entrada en una nueva edición de Diecast Central. Y recuerden, no es lo mismo un taxista que un taxiboy

Un clásico devorando litros....

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