sábado, 26 de enero de 2013

Studebaker Champion (1950)

Todos conocemos el abanico de marcas que hoy tenemos para elegir nuestra miniatura. Y obviamente hay algunas que son más fidedignas que otras, diferencia muy notoria en los acabados, ruedas, plásticos, faros, tamaño, color y por supuesto en el valor económico. Es de suponer, que todos queremos el modelo que más se parece al real y que por consiguiente, el modelo que menos detalles tiene, no es tan apreciado como su hermano. Pero creo que el cariño a la réplica va más allá que la reproducción misma, como en el caso del Studebaker Champion de 1950 que aquí les traigo.

Hay modelos que nos gustan, no por lo fehaciente de la elaboración, si no porque tal vez fue una pieza difícil de obtener, o es el auto de carreras de nuestro ídolo de la infancia, también puede ser esa réplica que nos regaló aquella señorita o simplemente se trata del auto de la familia. Lo cierto, es que hay personas que si no es el modelo más verosímil, no están conformes, y yo creo que si uno aspira a la más perfecta de las realizaciones, tarde o temprano se va a frustrar.

Yo soy del grupo, que disfruta la pieza, sin importar si los limpiaparabrisas son fotograbados o no, si el color es el exacto al utilizado en esa década o si las insignias están mal colocadas. Disfruto cada miniatura por el solo hecho de lo que me motiva. Por supuesto, que una réplica exacta es el éxtasis de todo coleccionista y me incluyo, pero cuando veo las piezas en mi repisa, y cada una me trae un recuerdo las saboreo, como si fuesen lo mejor del coleccionismo mundial.

Cuando terminé el secundario como todo idealista, pensé en estudiar Diseño Industrial. No importaba que las industrias estuvieran cerrando y que cada vez se fabricara menos en nuestro país. Tenía la intención de diseñar. Muchos años después y si quieren saberlo, con muchísimo menos pelo, les digo que esa aventura duró solo un par de años. La carga horaria que demandaba el estudio y la necesidad de un trabajo full time, no eran compatibles, así que todo paso al olvido, excepto la historia de un diseñador.

Raymond Loewy, un parisino nacido en 1893, llegó a EE.UU. en 1919. Lo primero que notó en el nuevo continente, fue la distancia que había entre la excelente calidad de algunos productos y el aspecto vulgar que ofrecían. Como toda historia, el comienzo no fue fácil, ya que su economía al pisar suelo Norteamericano era de solo U$S 50. Sus primeros trabajos fueron como vidrierista en las tiendas Macy’s, trabajo que lo conectó con el mundo de la moda y terminó haciendo portadas para la revista Vogue entre otras.

No hubo campo en el que no haya incursionado. Su primer gran diseño fue la heladera Sears Roebuck Coldspot de 1937, que cuadriplicó las ventas gracias a que fue el primer electrodoméstico publicitado por su belleza y no por su utilidad. Diseñó locomotoras, las cuales fueron las primeras en tener en cuenta que el humo no ingrese a la cabina del conductor, algo en lo que nadie se había fijado. En la aviación proyectó el interior del Air Force One de Kennedy y gracias a eso fue contratado para hacer los interiores del Concorde.

El proyecto màs complejo en el que incurisonó, fue la colaboración en el diseño, del habitáculo para la nave espacial Skylab. Los astronautas le agradecieron una pequeña ventana que hizo colocar para que siempre puedan ver la Tierra. Un rubro muy explotado por Raymond fue el de objetos, envases, marquillas, ¿Quién no tuvo una botella de Coca Cola en sus manos? ¿Alguien no identifica el logo de Shell? ¿El paquete de cigarrillos de Lucky Strike les resulta conocido? ¿Las latas de sopa Campbell? Todas invenciones de Loewy.
 
Los automóviles no fueron su excepción. El primer indicio conocido es el Hupmobile de 1934. De ese modelo se destaca la innovación de la rueda de auxilio dentro del baúl y los faros delanteros integrados a la carrocería. El parabrisas era de tres secciones, ya que no existía el vidrio curvo. La Studebaker lo contrata en 1947 y el primer diseño fue el Starliner del mismo año. El éxito hizo que la relación durara hasta el último auto de la marca: el Avanti.

Lo que hizo Loewy, fue el automóvil tal cual los conocemos hoy. Tres volúmenes bien diferenciados: el motor, el habitáculo y el baúl. El techo se bajó considerablemente y la superficie vidriada era sumamente amplia con respecto a los autos habituales. De ese modelo, el sucesor de 1950 es este Champion que hoy les muestro.

Por todo lo que les conté, cuando Tunning me ofreció este modelo, no lo dude ni un instante en agregarlo a mi colección. Era como un volver a revivir esos años en los pasillos de la facultad, con maquetas y planos interminables.

La réplica es de Yat Ming, de la serie Road Signature. Si quieren ver más, los convido con el video de la semana.

Saludos para todos que somos no tan distintos

domingo, 20 de enero de 2013

Triciclo Motorwagen Mercedes Benz (1886)

Composición Tema: “La Colección Ideal”. Siempre que están los temas propuestos en Diecast Central, uno va imaginando cual es el modelo que va a postear según el tema que gane el sorteo. Este mes, fue fácil ir imaginando el post de acuerdo a las posibilidades que daba dicho sorteo, pero había uno que no lo tenía claro. Y obviamente ese fue el tema que dictó el azar… Así que después de pensarlo, me incliné por el Triciclo Mercedes Benz de 1896. Vean el porque.

Lo primero que uno imagina con el título “La Colección Ideal”, es una colección donde estén todos los modelos, absolutamente todos y fabricados por las mejores marcas. Viene a la mente un mar de autos, que ocuparían infinitas vitrinas de cientos de cuartos de nuestra casa. Y en ese momento ese pensamiento desaparece. Ante eso surge un nueva idea. “La Colección Ideal es la propia”

Y que bueno que pensemos así. Eso habla de que la envidia no tiene lugar en el coleccionista, por más que su colección sean solo 5 Bburagos. Es que esas 5 réplicas tienen algo que no tiene ninguna otra miniatura en el planeta, y es el sentimiento de que es propia. Uno sabe, cuanto costó juntar el dinero, los momentos de duda si era mejor el negro o el blanco o si este modelo es mejor que aquel. Esos sentimientos hacen única a nuestra pieza.

Entonces, establecido de que mi Colección Ideal es la mía, pensé si había alguna subcategoría para presentar como la elite. Y la verdad es que tampoco se puede definir, porque cada miniatura pertenece a un submundo que uno adora. Por ejemplo, la “Colección Porsche”, aunque carece de una muy buena calidad, para mí es un orgullo porque fue la primera que completé.

¿Y la Colección de Taxis, que me permite ver un auto por país? Esa sí que es “Ideal”. Claro que “100 años de Autos Sport” también es “Ideal”. Ahí hay autos de Fórmula Uno, Sport Prototipos y Rally. ¿Rally? ¡Que buena que está la colección “Rally Collection”!!!! No hay dudas que esa es la “Ideal”. Pero viendo que hace poco pude completar la de “Mercedes Benz La Leyenda”, tengo mis dudas si esta última no es la mejor. Por supuesto que todos saben que “Los más bellos autos de época” son mi punto débil

Pero viendo las vitrinas, veo la de “Car Collection” que tiene modelos que no se repiten en otras, que es una colección un tanto difícil de conseguir para nosotros y me hace sentir que es la “Ideal” por haber dado con ella. Pero lo mismo me sucede con los deportivos de “Dream Cars”. Sin embargo también están los 1/64 de los Súper Héroes y esa decena de 1/24 que quedan tan bien. Y cuando veo esa veintena de Bburagos que iniciaron este hobbie, otra vez se me complica la decisión.

Como me gustan los autos, no solo me nutro de miniaturas. Tal vez mi Colección Ideal sean esas más de mil revistas que tengo, desde la primera Corsa que compré en 1985, hasta la última Campeones con las novedades del Dakar. Puede ser la colección completa de “Autos de Época”, de “Ruedas Clásicas” o de “One”. Aunque las que más leo son las revistas de “Motor Clásico” que pesan tanto que ponen en riesgo la estructura del edificio…

¿Pero acaso puedo dejar afuera los libros? Para nada señores. Esas docenas de libros de distintas marcas y etapas del automovilismo son “Ideales” para mí. Por algo, los tengo de frente, para verlos cada vez que miro la biblioteca. ¿Y si la Colección Ideal son los posters con propagandas viejas? ¿O las estampillas de autos? ¿O las películas como Bullitt? No hay caso, tampoco puedo elegir un submundo para tildarlo de “Ideal”.

También nos podemos poner más filosóficos y decir que hay miniaturas que que son especiales por los recuerdos que evocan como también los sentimientos que nos provocan. Como ver una foto de nuestra niñez, de nuestro pasado ¿Serán esas, las réplicas que conforman la "Colección Ideal"? En definitiva, todo el conjunto forma la colección.

Pero si todos definimos a nuestra colección propia como “Ideal”, queda clara una cosa. No existe “La Colección Ideal”. Y eso es lo mejor que nos puede pasar a los coleccionistas, tener un argumento para seguir buceando en este mundo. Tal vez no sea solo de miniaturas el planeta. Cada uno le puede agregar el condimento que más le gusta. Yo trato de agregarle todo lo que pueda. Por eso existe este blog, para que ustedes formen parte de mi mundo en miniaturas. Tal vez, y ahí esté el secreto, la “Colección Ideal” sean ustedes, que me dan la posibilidad de compartir mi hobbie.

El Triciclo Mercedes Benz lo elegí ya que es el modelo más viejo que tengo y representa el inicio del automóvil, que parece no tener final. Pertenece al fascículo 26 de  la colección “Mercedes Benz La Leyenda” editorial Altaya. También lo pueden ver en el video.

De paso aprovecho para invitarlos a conocer el blog de Joanlla donde van a conocer otra Colección Ideal

Saludos, buena semana y hasta la próxima salida, en Ala Delta...

Un clásico devorando litros....

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